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Drive-thru

el  Lunes, 08 August 2011 02:00 Por 
(Brendan Cowles, Shane Khun, 2007)
Sufridos coulrofóbicos, estáis de enhorabuena. Si pertenecéis a esa pequeña minoría que es incapaz de ir a un circo o de comer en un McDonalds por vuestro desmesurado e infundado terror a los payasos, gracias a esta película conseguiréis libraros de todos vuestros miedos, porque esta cinta solo provoca vergüenza. Le perderéis todo el respeto a los payasos, y desearéis matar a todos aquellos con los que os crucéis, Ronald incluido.
 
Partimos de una historia de terror que hubiera podido estar hasta bien, dentro de lo que son los patrones del terror adolescente actual con asesino de turno: pandilla de jóvenes que van siendo asesinados sin motivo aparente por un serial killer disfrazado del payaso mascota de la hamburguesería local. Pero una vez más se demuestra que una historia no lo es todo, y que un buen director, protagonistas y montaje hacen muchísimo en el resultado final. En este esperpento se descuidan todos ellos, con personajes planísimos ridículamente interpretados y que caen en todos y cada uno de los tópicos del género, desde la virginidad hasta el supuesto secreto horrible del pasado. El asesino, patético por donde se mire, solo provoca risa en cada una de sus apariciones a ritmo de música machacona y siempre a cámara rápida, esto último probablemente para disimular el hecho de que la única persona que aceptó meterse dentro de tal disfraz era retrasado mental y se movía muy despacio. Me parece también muy curioso que la cinta la firmen dos personas en la dirección. Si ya es difícil entender cómo un director puede rodar semejante excrecencia y permitir su distribución, si eran dos las personas responsables del proyecto, la cosa aún se hace más incomprensible. También es muy gracioso que uno de los puntos clave de la cinta sea que la protagonista va a cumplir 18 años, cuando debe tener ya los 15 en cada pata. Pero bueno, supongo que eso es una constante del género. Especialmente sorprendente me pareció la breve pero valiosísima -por lo bochornosa- intervención de Morgan Spurlock. Por el nombre no os sonará, pero es el realizador del estupendo documental “Super Size Me”, precisamente sobre los efectos nocivos de la comida rápida. Damos por hecho que pese a su notable reconocimiento como documentalista, jamás será un Michael Moore, así que aceptaría este cameo supuestamente gracioso (por eso de que hace de dependiente de una hamburguesería, ja, ja, ja, qué ocurrencia) para pagar sus letras. Bueno, voy terminando, que esta película no se merece más líneas. No se merece ni siquiera estar dentro de un pequeño Olimpo del cine cutre, porque es tan mala y tópica que no provoca diversión alguna. Hagamos como que no existe y, por favor, que no tenga jamás la secuela con la que nos amenaza su absurdo final.
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