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El Hobbit: La desolación de Smaug. Aventuras al más puro estilo de Peter Jackson

el  Sábado, 14 December 2013 18:03 Por 

Crítica de la segunda entrega de la saga. Vuelve la diversión a la Tierra Media.

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: The Hobbit: The Desolation of Smaug
  • Año: 2013
  • Director: Peter Jackson
  • Guión: Philippa Boyens, Peter Jackson, Fran Walsh, Guillermo del Toro
  • Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Orlando Bloom, Evangeline Lilly, Luke Evans
  • Duración: 160 min.

Una vez asumido que un libro de apenas 300 páginas iba convertirse, por obra y gracia de Peter Jackson y su equipo, en una nueva trilogía de películas, tan sólo restaba esperar a que se estrenaran para determinar si por lo menos el invento había valido la pena.

Al respecto, mucho opinarán que sí, que pese a las licencias cometidas en El Hobbit, un viaje inesperado, Jackson ha devuelto a Tolkien a la gran pantalla con el mismo acierto que tuvo con la saga de El Señor de los Anillos (ESDLA). Para otros, en cambio, el regreso a la Tierra Media no podría haber sido más decepcionante y lejano del esplendor de aquella primera y maravillosa trilogía.

Como ya dije en su momento, ESDLA y El Hobbit no son lo mismo, pese a que ambas obras sitúen sus acontecimientos en la Tierra Media e incluso compartan personajes. Mientras que una es un épico relato fantástico de la eterna lucha del bien contra el mal, la otra es un relato de fantasía a mucha menor escala. Resulta inevitable, pues, que la majestuosidad de una empequeñezca la modestia de la otra. De cara a su traslación al celuloide, el resultado es equiparable en magnitud, de modo que le sea imposible a Jackson siquiera acercarse a la gran epopeya representada en ESDLA.

No obstante, la intención del director parece haber sido la de encontrar el equilibrio entre mantenerse fiel al espíritu más bien infantil del cuento original de Tolkien, y desplegar la grandeza visual y emocional de la trilogía precedente. Y si bien el resultado queda lejos de la perfección, también lo está del fracaso.

Pese a los distintos defectos que se le puedan achacar a estas dos primeras entregas, lo cierto es que volver a la Tierra Media es y será siempre un placer del que sólo Jackson sabe hacernos disfrutar.

Muchos consideran que el director se ha limitado a ofrecernos un “más de lo mismo”, pero de peor calidad. Ese “más de lo mismo” es, precisamente, lo que uno debería esperar y desear encontrarse. De hecho, de haber optado por algo diametralmente opuesto o bien muy diferente a lo visto con anterioridad, los palos a Jackson le hubieran llovido igual o con mayor saña. Si uno acude a las películas de El Hobbit buscando algo distinto, debo indicarle que su predisposición es la incorrecta.

En cuanto a la calidad, obviamente eso ya es muy subjetivo, y ahí es donde realmente uno es libre de considerar a esta nueva trilogía como una pérdida de tiempo o como un regalo. En mi opinión, algunos de los errores cometidos en El Hobbit, un viaje inesperado se solventan en El Hobbit: La desolación de Smaug, al mismo tiempo que se cometen de nuevos. Ahora bien, considero que en ambas entregas las virtudes le ganan a la partida a los defectos, especialmente en el film que nos ocupa, el cual logra ser mucho más disfrutable y entretenido que su predecesor.

Nos encontramos nuevamente con toda la trupe al completo (Bilbo, Gandalf y los 13 enanos) justo en el lugar y en el momento en el que nos dejó la anterior cinta, es decir, con nuestros amigos logrando librarse por los pelos del enésimo ataque de los orcos, y más cerca ahora de su ansiado destino: la Montaña Solitaria.

Aunque lo que reste de viaje no sean más que un puñado de kilómetros, los peligros que acechan a nuestros protagonistas no son pocos. Los orcos les siguen pisando los talones, y para llegar hasta la Montaña Solitaria todavía tendrán que atravesar angostos caminos plagados de dificultades y enemigos a los que combatir (atención a su desagradable tropiezo con unas antipáticas y hambrientas arañas gigantes, parientes cercanas de Ela la araña).

Por ello, el viaje resulta esta vez mucho menos monotemático. La diversidad de escenarios y la aparición de nuevos personajes, algunos de ellos inéditos hasta el momento (Tauriel, Bardo), permite insuflar aires semirenovados a la saga. En ese sentido, el despliegue de medios vuelve a ser impresionante, tanto en la recreación de los mencionados escenarios (fantástica la Ciudad del Lago), que logran dar color y forma a los lugares y ambientes descritos por Tolkien, como por el poderío visual que Jackson impregna a las imágenes (siempre apoyándose, en parte, en la colosal partitura de Howard Shore). Claro que la joya de la corona en esta entrega es Smaug, el grandioso y magnífico dragón que custodia el copioso tesoro robado a los enanos, y al que Benedict Cumberbatch presta su grave y solemne voz.

Por contra, la construcción de la trama a base a de virtuosas (y algo aparatosas) set-pieces acrecenta, en ocasiones, la sensación de estar presenciando un mero videojuego; uno en el que los personajes van pasando de un nivel de dificultad a otro hasta alcanzar el enfrentamiento con el final-boss de turno (en este caso, el dragón Smaug). De ahí que la épica se traduzca más en una consecución de desbocadas secuencias de acción insertadas con el único afán de prolongar nuestro asombro a lo largo de las casi tres horas de metraje. Todo muy lícito, por supuesto, y es innegable que gracias a ello Jackson consigue que el ritmo no decaiga nunca y se mantenga la intensidad y el vigor de la aventura siempre en lo más alto. Pero en el camino se sacrifica la parte más emocional de la historia, visible ésta tan sólo en breves instantes de la narración.

Otro escollo insalvable, dado el concepto de “división” en el que se fomenta la adaptación, es el hecho de que no presenciemos una historia completa con su inicio, su nudo y su desenlace. De algún modo, la imposibilidad de concluir la trama implica “simular” esas partes para que la sensación al término de la protección no sea de satisfacción incompleta. Esto es algo que se consigue a medias, pues justo en el desenlace es cuando se alcanza el mayor clímax de la cinta y cuando, de repente, todo termina en un enorme coitus interruptus.

Del mismo modo ocurría en ESDLA y en otras tantas franquicias que deciden segmentar sus entregas en más de un capítulo. El Hobbit: La desolación de Smaug es una parte del viaje que se inició con El Hobbit, un viaje inesperado y ha de terminar con El Hobbit: Partida y regreso, por lo que esa sensación es común a todas las entregas. De todos modos, se trata de un escollo ya asumido antes de entrar en la sala, y por tanto de menor importancia.

De cara a la tercera y última entrega, poco quedará que desgranar del cuento adaptado, por lo que será más bien la película que sirva de puente definitivo entre esta trilogía y ESDLA, cuyos acontecimientos son cronológicamente posteriores. Ya en ésta hace acto de presencia un viejo conocido que a más de uno pondrá los pelos de punta, y no me refiero al hierático de Légolas.

Mientras tanto, nos queda disfrutar de esta imperfecta pero muy entretenida y divertida montaña de rusa que es El Hobbit: La desolación de Smaug. Aventuras al más puro estilo de Peter Jackson, tanto para lo bueno como para lo malo.

Y además...

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