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Ficción postmoderna

el  Jueves, 18 September 2008 02:00 Por 
Coincidiendo con la 41 edición del Festival de Sitges, que estará dedicada al 40 aniversario de "2001, una odisea en el espacio" de Stanley Kubrick, he decidido hacer un artículo sobre uno de los aspectos de los que menos información se suele encontrar: la relación entre el postmodernismo arquitectónico y los espacios habitables de esta y otras obras coetáneas.
Para ponernos en situación, la película estrenada en 1968 está históricamente localizada en la llamada Nueva Ola (1976-1979) de la ciencia ficción. Esta etapa de la historia de la ciencia ficción prácticamente coincide en el tiempo con el periodo postmodernista de la arquitectura (1960-1980). Este periodo se caracteriza por dar respuesta a las contradicciones de la arquitectura moderna, y en especial los postulados del Estilo Internacional. No niega los conocimientos científicos, sino que los despojada de los ideales de verdad y progreso. Pero al mismo tiempo, junto a la ciencia hay lugar para el mito, la religión o la fantasía.

Para que todos puedan entenderlo, el postmodernismo se caracteriza, entre otras cosas, por toman prestadas formas y tipologías de todos los períodos de la historia, y por recuperar el ornamento (columnas, pilastras, molduras…), que se había eliminado durante el Estilo Internacional. Los postmodernistas pensaban que las formas creadas sin una tradición que las apoye conducen a la pérdida de valor de la arquitectura.

La película 2001 se impregnó de todo aquello que era típico de este periodo incluido el tema: la consciencia, los mundos interiores, etc. El libro de Arthur C. Clarke en el que se basó la película es también de ese año.

La estética de sus escenarios habitables no podía ser menos. En 1968, lo moderno, lo que parecía que iba a ser el futuro, era lo que hoy en día llamamos postmodernismo. Tenemos en la película claros ejemplos que lo corroboran, aunque no únicamente en la arquitectura de sus espacios.

En 2001 se combina la moda de los años 70, tanto en mobiliario como en las indumentarias de varios de sus personajes, con el minimalismo aséptico típico del Estilo Internacional, molduras o columnas clásicas. Concretamente la habitación del hotel al que es transportado Bowman contiene todos esos elementos: un pavimento luminoso que bien podría estar extraído de una discoteca de Fiebre del sábado noche; un monolito, prisma perfecto y monocromo que parece haber sido dibujado por algún estudiante de la Bauhaus; y finalmente el mobiliario y los revestimientos de las paredes, sacados directamente de algún palacio de Luis XIV.

 

Lo mismo ocurre con otras películas de la época. Por poner algunos ejemplos, la fantaerótica Barbarella, Flash Gordon, o la exitosa trilogía de la Guerra de las Galaxias.

 

En Barbarella, basada en el cómic homónimo de Jean-Claude Forest, todo el vestuario de la heroína diseñado por Paco Rabanne, los muebles de plástico translúcido tan típicos de los años 70, las alfombras de pelo, los estampados, etc. están combinados con los más modernos aparatos electrónicos creados por la imaginación. Aunque no es tan evidente como en el ejemplo de 2001, ya que la película se centra más en la heroína que en cualquier otra cosa, también se puede deducir de esta estética que se vio influenciada por el postmodernismo.

El icono más conocido de la ciencia ficción visual hasta la aparición de la Guera de las Galaxias, la adaptación al cine de Flash Gordon de Mike Hodges, también es una amalgama estética, sobre todo arquitectónica. En los edificios aparecidos en esta película podemos encontrar características de los estilos más representativos desde la época clásica hasta el Estilo Internacional, pasando por el modernismo o el constructivismo ruso.

La trilogía de La Guerra de las Galaxias, es otro buen ejemplo de postmodernismo en el cine de ciencia ficción, y por la extensión de su metraje es más fácil encontrar un gran número de ejemplos. Aunque no sea arquitectura, el vestuario de los personajes: chalecos; chaquetas de cuero; los calcetines de los Stormtroopers; el traje que lleva la princesa Leia durante el ataque imperial a su nave, que  parece sacado directamente de Fiebre del sábado noche, etc. Todo tiene una influencia más que obvia de la moda de los años setenta. Contrastada con toda la indumentaria del imperio, que está inspirada en los uniformes nazis de la WWII. Toda esta estética en el vestuario está combinada con naves espaciales, pistolas láser y sables de luz, y es precisamente esa magia a la hora de combinar estilos lo que no supieron repetir con la misma gracia en la trilogía más moderna, pese a tener que irse a filmar escenas a la Plaza de España en Sevilla  que los avances en infografía les habrían permitido hacer “real” cualquier cosa imaginable. Y si nos ceñimos únicamente a las ciudades, es chocante cómo pueden existir en un mismo universo “moderno”, la Ciudad de las Nubes, el poblado de enterrado Tatooine y el puerto espacial Mos Eisley.

 

Y además...

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