Scifiworld

Gene Roddenberry: Infernal Trek

el  Miércoles, 23 January 2013 01:00 Por 
Un análisis, sin pelos en la lengua, desde la óptica del Anticrítico sobre el genial creador de "Star Trek" .

Recientemente terminé de leer un libro que se podría calificar de "memorias" de William Shatner, titulado ST-Movie memories (HarperCollins, 1994). Viene a ser una colección de recuerdos que el actor tiene de las películas en que participó junto con el casting de la serie original.

Dejando aparte lo divertido que pueda ser el texto (que lo es, y mucho), mientras lo leía no dejaba de pensar que cualquier cosa que provenga de la pluma de Shatner tiene que ser cogida con pinzas. No es que le esté llamando mentiroso, ni muchísimo menos, pero la experiencia me ha enseñado que no hay que tomarse al pie de la letra lo que cuenta este singular personaje. Pero eso sí... si sólo la mitad de lo que relata en el libro fuera verdad y el resto pura exageración... ¡madre mía!

Una vez concluida la lectura, me puse a valorar lo que Shatner afirma recordar de las películas. Y en concreto, cuál de los numerosos personajes que aparecen en esta singular odisea salió peor parado del asunto. Llegué a la conclusión de que si hubo alguien tocado, machacado, hundido y ninguneado durante el proceso creativo de "Star Trek, las películas", fue el creador original, Gene Roddenberry, apodado por sus amigos (y por bastantes enemigos) "el gran pájaro de la galaxia".

Sigo diciendo que las cosas que dice Shatner hay que cogerlas con pinzas de cara a un análisis detallado, así que antes de ponerme a escribir esta reflexión busqué más datos en otros libros (como en "Yo soy Spock", de Leonard Nimoy) y en trabajos hagiográficos de trekkers veteranos. Y llegué a la conclusión de que, si bien la visión de Shatner es completamente subjetiva y está marcada por sus tradicionales excesos de personalidad, no debe distar mucho de la realidad.

Para comprender a un personaje tan difícil como Roddenberry hay que hacer un poco de historia. De pequeño, siempre que alguien me hablaba del creador de Star Trek yo pensaba que tenía que ser un tío muy guai, un soñador privilegiado del Mañana que había encontrado el paraíso en la tierra. Igual que George Lucas, solo que a una escala más pequeña y televisiva. Pero hoy en día, tras leer tantas historias y anécdotas sobre el gran pájaro de la galaxia, no me gustaría haber estado en su piel. Ni de broma. Toda su vida desde el momento de cancelación de la serie original hasta que falleció debió ser una pesadilla.

Roddenberry no fue un tío con suerte. Sí, rozó el cielo durante un par de años con su saga de marineros espaciales, pero lo que vino después fue como si el Destino, ese pérfido bromista, quisiera cobrarle con creces (y en vida) toda la fama inmortal que le traería su obra. Y vaya si sufrió. En vano intentó lanzar varias series de TV después de Star Trek, pero todas resultaron un fracaso. Desde "The Questor tapes" (un episodio piloto de 1973 que lo llevó a enemistarse con Leonard Nimoy, pues Gene le había prometido que sería el protagonista de la serie, para sustituirlo en el último minuto y sin decirle nada por Robert Foxworth) hasta "Genesis II" (otro piloto fracasado, donde un científico con el televisivo nombre de  Dylan Hunt despertaba en una Tierra post-apocalíptica, donde los USA habían sido reducidos a un conjunto de ciudades-estado).

Tras la cancelación de Star Trek hasta la llegada de la primera película, en 1979, vinieron tiempos oscuros para la Rebelión... digo para Roddenberry. En el fondo seguía siendo un idealista y un utopista convencido, defensor de que el futuro de la Humanidad pasaba por la eliminación de todos los males, tanto económicos como sociales, que hoy nos atenazan. Roddenberry creía en la utopía que él mismo había esbozado en su serie de TV.

Pero en la forma, el Gene Roddenberry físico, la persona humana, se convirtió paulatinamente en todo lo contrario. En un hombre (si hay que fiarse de las declaraciones de los profesionales que trabajaron con él) que sólo pensaba en una cosa: el dinero. Y que era capaz de traicionar a sus mejores amigos por meterse unos dólares en el bolsillo.

Roddenberry, a pesar de su escaso éxito profesional, sabía que tenía un cuerpo de fans que crecía de año en año y que, como cualquier "hábeas friki", era tremendamente fiel y fundamentalista. Para ganarse unos pocos chavos extra se metió en el circuito de las conferencias, donde vendía fotos, merchandising de la serie y charlas entusiastas a cambio de dinero. Como anécdota diré que hace poco, no recuerdo bien si fue en 2010 o 2011, el actor de la serie "Hércules", Kevin Sorbo, estuvo en España en un festival. Y se armó un revuelo de indignación porque el colega cobraba los autógrafos a 20 euros por barba. Esta es una práctica a la que en Europa no estamos acostumbrados, y que nos parece deleznable y chabacana. Pero en USA es hasta cierto punto normal. Esta gente vive de su imagen, al fin y al cabo, y les resulta práctico cobrar por cualquier uso de la misma, aunque sea sablándoles veinte eurazos a sus admiradores por hacerse una foto.

Aparte de los roces que tuvo con Leonard Nimoy por el asunto Questor, Shatner recuerda otra anécdota de la época, que deja claro hasta dónde llegaba el affaire monetario con Gene: Hallábase el actor en cuestión echándose unas vacaciones en la montaña, cuando se le acerca un tío y le dice "¡eh, tú eres Spock!". A lo que Shatner, con su habitual media sonrisa, le responde "no, soy Kirk, pero para el caso..." Entonces el tipo le dice que acaba de verlo proyectado sobre una sábana, en plan pantalla improvisada, en el bar del hotel. Y que está graciosísimo haciendo el payaso, que él no sabía que Star Trek fuera también un programa de humor.

Mosqueado, Shatner va al susodicho bar y se encuentra, en efecto, con que están proyectando para el público unas bobinas con las tomas falsas del rodaje, donde se ve a los actores cometiendo errores y haciendo payasadas. Estas bobinas eran una especie de broma navideña de los productores de la serie, que las recopilaban y las mostraban en una fiesta para que el personal técnico y artístico se echara unas risas. Pero se suponía que después de la fiesta esas bobinas se destruían, y la integridad de los implicados quedaba a salvo.

Pues bien, tras investigar un poco, Shatner se dio cuenta de que Roddenberry había rescatado aquellas películas, quién sabe de qué contenedor de basura de la Paramount, y las estaba exhibiendo por todo el país a cambio de una entrada. Podríamos pensar que el pobre no estaba sino adelantándose en el tiempo a la fiebre de vídeos caseros que invadió las televisiones de todo el mundo, pero es que al parecer lo hizo sin permiso de los implicados. Es decir, Roddenberry paseaba las cintas por programas de medianoche, convenciones y allá donde cualquiera consintiera en pagarle un royalty, sin haberles dicho nada ni pedirles permiso a los que salían en la película. Y, por supuesto, sin compartir los beneficio con ellos.

Cuando Leonard Nimoy se enteró montó en cólera, y le envió a Gene una carta donde le explicaba que aquello no podía ser, que era ilegal, que con esa práctica se estaba cargando el ambiente de distensión que debía reinar en los rodajes porque los actores cogerían miedo a equivocarse, etc. La respuesta de Roddenberry fue: "Vale, te mando tu propia copia, no seas pesado". ¡Creyó que Nimoy le estaba echando la bronca porque quería llevarse un trozo del pastel, y le mandó una bobina para que él también la explotara comercialmente! La indignación de Nimoy ante aquello no tenía límites.

Por suerte, dos hombres estaban a punto de cambiar el destino de Star Trek para siempre, llevándola a una nueva época de esplendor. Sus nombres: George Lucas y Steven Spielberg.

En efecto, fue el éxito masivo de las películas de estos creadores ("Star Wars" y "Encuentros en la tercera fase"), junto con el detalle de la NASA de haber bautizado Enterprise a su primer transbordador (que jamás voló por el espacio, por cierto), lo que convenció a los jefazos de Paramount de que la CF podía ser rentable, y que ya que tenían aquel big concept galáctico enterrado en sus archivos, bien podían aprovecharlo para hacer caja.

De esta manera llegó el año 1978 y la constatación de que los sueños podían hacerse realidad: el teléfono de Roddenberry sonó de nuevo, y era "esa" llamada, la que esperan todos los profesionales de este negocio como el mayor acontecimiento de sus vidas. Lo que Gene no sabía era que la puerta al Paraíso escondía no una, sino muchas serpientes.

Gene fue contratado para llevar las riendas de "Star Trek, the movie". Y pensó que por fin iba a tener libertad para hacer con su criatura las cosas que siempre quiso. Pero el destino pronto le demostraría lo equivocado que estaba. Hay que decir, en este punto, que la lucha por resucitar la franquicia Trek por parte de Roddenberry tenía ya muchos años y muchas pastillas para el corazón de antigüedad. Gene había escrito varios guiones que llevaban una década cogiendo polvo en su cajón, sin que ningún directivo de la Paramount se dignara a mirarlos. Hay dos que merecen la pena ser destacados: en uno, titulado "The God thing", una entidad de poder masivo se dirige hacia la Tierra reclamando ayuda. El Enterprise la intercepta y descubre que el "dios cosa" ya ha visitado anteriormente nuestro planeta, adoptando formas distintas que incluyen a Mahoma y Jesucristo. Entonces hay una lucha, Sulu pierde las piernas en una onda de energía y el Enterprise torpedea el ingenio extraterrestre, destruyéndolo.

El otro guión de Roddenberry, al que le tenía muchísimo cariño y que, como veremos, intentó vender cansinamente a la productora año tras año, tenía que ver con un viaje en el tiempo a los años 60, un poco al estilo del célebre episodio "La ciudad al filo de la Eternidad". Una vez en esa década, Spock terminaba siendo el que disparaba a JFK en Dallas para matarlo y asegurar así el continuo espacio-temporal. Vamos, una estupidez como la copa de un pino, que refleja el enorme ombliguismo de los americanos al pensar que las cosas que les suceden a ellos tendrán repercusión cósmica.

Roddenberry se enfadó cuando el guión que aceptaron para la primera película se pareció mucho a su "God thing", pero corregido por otras personas, con otro enfoque y otras perspectivas. Entonces, descubrió un arma terrible que podía lanzar cuando quisiera contra sus enemigos, y que le iba a resultar tremendamente útil en futuras contiendas: el memorando.

Los memorandos son papeles firmados por alguien cuya opinión se supone que cuenta, donde ese alguien expresa su malestar sobre tal o cual tema, seguido por unas sugerencias para reconducir el asunto. En este caso, por supuesto, la opinión de Roddenberry contaba, y sus memorandos iban de despacho en despacho cargados con balas envenenadas contra las personas que estaban desarrollando las películas.

Aprovecho este momento para comentar una cosa sobre "Star Trek, the movie" (Bob Wise, 1979). Entre los fans esta peli ha tenido siempre una mala prensa inmerecida, motivada sobre todo por las opiniones del reparto (Shatner y compañía) que nunca se sintieron contentos con ella. Cada vez que se le pregunta a alguien del reparto, dicen que "era pretenciosa", que "resultó fallida", que "era un poema tonal sin relación con el espíritu Trek", etc. A mí, personalmente, me parece que esta película fue una de esas joyas que trascienden por pura casualidad el marco en el que fueron concebidas, para convertirse en paradigma de otra cosa más elevada e importante. Es, para poneros un ejemplo, como el "Hulk" de Ang Lee, un film denostado por los frikis porque no es una película de súper héroes (y es cierto, no lo es), sino una obra trascendente y compleja que se desbordó completamente de cualquier esquema preconcebido. Yo adoro esa película, igual que adoro el primer Star Trek, porque (voluntariamente o no) trascendieron su condición para hablar de otras cosas, a otros niveles, y por ello fueron denostadas por un público que no quiso o no pudo entenderlas.

En fin, volvamos a Roddenberry y su arsenal de memorandos: Gene estaba muy quemado por tener que revisar hasta treinta y cuarenta veces el tercer acto de esta película, sin que ninguna de sus revisiones funcionase. De hecho, le molestaba que otros guionistas (como su odiado Harold Livingston, con quien llegó a intercambiar gritos) corrigieran su trabajo, y aún más que lo hicieran los actores sobre la marcha. El problema era que Roddenberry escribía de una manera muy televisiva. Sus guiones eran panfletos llenos de bustos parlantes, con gente que hablaba y hablaba hasta la extenuación para consumir la mayor cantidad de minutos posible sin FX y sin secuencias de acción que encarecieran la película. Cuando el productor se lo dijo a la cara, fue como si le estuvieran apuñalando donde más le dolía.

Al final, "Star Trek the movie" llegó y pasó, hizo mucha taquilla y dejó muy descontentos a sus creadores, que decidieron que si iban a hacer una segunda parte sería mucho más liviana y divertida, más en consonancia con el espíritu de la serie. Entonces fue cuando entró un tipo curtido en la televisión llamado Harve Bennett para echar a Gene de su sillón de mando, relegándolo al sótano tras una lápida que ponía "consultor ejecutivo" (traducción: te pagamos bien para que cierres la boquita y te estés quietecito, chaval, que de esto nos encargamos nosotros. Lo mismo que la Disney ha hecho ahora con George Lucas).

Para mí, el haber alistado a Bennett en el equipo fue uno de los mayores errores de la historia de Star Trek. Este señor venía de la televisión, y su trabajo era gastar el menor dinero posible en todo: desde los guiones a los FX, pasando por la calidad general del producto y sus expectativas. De hecho, su forma de trabajar era la siguiente: él mismo escribía sus guiones, le daba cuatro semanas de tiempo a un realizador (fíjense que no he utilizado la palabra director) para que filmase de la manera más eficiente y barata las páginas, y le pasara luego el material para él poder montarlo en su despacho. Es decir, era un productor de la tele, no del cine. Y su influencia se nota much&i cute;simo en la serie clásica de películas Trek, porque todas tienen ese aire de cutredad y de serie B de la que carecen otros productos que sí parecen superproducciones, como Star Wars.

Para demostrarlo, pongo el siguiente ejemplo: "El Imperio contraataca" (Lucas, 1980) y "Star trek II" (Meyer, 1982) tuvieron un budget similar. La gente tiende a creer que "El Imperio" fue una megaproducción, pero no, apenas costó dieciocho millones de dólares de la época. El primer "Star Trek" había costado 45, el segundo 12, y hasta "Krull" (Peter Yates, 1983) fue más cara que "El Imperio". Y sin embargo, la peli de Lucas tiene un aspecto global de superproducción del que las otras carecen completamente.

Cuando el guión de "Star Trek II" estuvo escrito (por Bennett, así se ahorraba contratar a otra persona), Roddenberry montó en cólera. ¡Se iban a cargar al señor Spock como eje central de la trama! Esto, aunque él no lo sabía, tenía mucho que ver con la estrategia de hacer volver a Leonard Nimoy: lo que le prometieron para que regresara fue filmar la honorable muerte de su personaje. Si no hubiese sido por eso, Nimoy jamás habría vuelto a pisar un plató Trek. Bennett lo entendió y le prometió que si firmaba el contrato, mataría a su personaje, librándole para siempre de la franquicia. Y el pardillo de Nimoy se lo creyó.

La reacción de Roddenberry fue disparar memorandos, muchos memorandos empapados de mal rollo, donde ponía a parir la dirección hacia la que estaban llevando la serie. Pero como los de Paramount lo habían relegado a consultor ejecutivo (recordemos: la boca calladita, nene, que de esto sabemos más que tú), no hicieron el menor caso de sus papelotes. Gene se sacó entonces de la manga el último as del que disponía: los fans.

Los productores saltaron literalmente de sus asientos cuando empezaron a llegar cartas de fans muyahidines, enfadados por el destino que le tenían reservado a su personaje favorito. ¿Que quién estaba detrás de la filtración de tan crucial giro del argumento? Bennett pone la mano en el fuego a que fue Roddenberry, aunque nunca tuvo pruebas para demostrarlo. Gene intentaba torpedear una vez más la franquicia porque le habían dejado fuera. Había intentado venderle a los productores un guión para "Star Trek II" (el del viaje en el tiempo a los años 60 con Spock matando a Kennedy) pero se lo habían rechazado de pleno, y encima ahora el listillo de Bennett quería cargarse al personaje central. ¡Anda ya!

La historia de "Star Trek 3" (Leonard Nimoy, 1983) también comienza con un memorando agresivo de Roddenberry (¿cómo, que ahora se quieren cargar el Enterprise? ¡Sacrilegio! ¡Trekkers, a las armas!) y con un intento de venta de un guión (¿sabéis?, ¡tengo una historia genial en la que Spock acaba matando a Kennedy!) que no llegó a buen puerto. Así mismo, "Star Trek 4" (Leonard Nimoy, 1984) también tuvo su correspondiente memorando (esta vez más amistoso, porque a Gene le parecía que el viaje en el tiempo encajaba muy bien con la temática Trek) seguido por el consiguiente intento de venta ("por cierto, ya que hablamos de viajes en el tiempo, tengo una historia por aquí donde Spock está en los años 60 e intenta matar a Kennedy que...").

A "Star Trek 5" (William Shatner, 1989) también le llovieron palos por parte de Roddenberry. Shatner piensa que fue porque Gene había tratado de vender una década atrás el guión "The God thing" a la Paramount, que iba de lo mismo (la tripulación del Enterprise en un enfrentamiento directo con Dios) y no le habían hecho ni puñetero caso. Y ahora llegaba Shatner, escribía una cosa parecida, y le daban luz verde.

La última vez que Gene pudo quejarse fue justo antes del estreno de la última película de la saga clásica, "Star Trek 6, aquel país desconocido" (Nick Meyer, 1991).Y digo que fue la última porque falleció dos días después de ver el copión de trabajo del film, tras dos apoplejías y el encadenamiento a una silla de ruedas. Sus quejas, en esta ocasión, tuvieron que ver con el tema que va a cerrar el presente artículo, y era el exceso de escenas de acción del film.

Según Roddenberry, aquel no era "su" Star Trek. El universo que él había creado era una utopía, en la que apenas había violencia y cuando ésta se desataba era siempre como último y desesperado recurso. Es cierto que en la serie original el Enterprise no es una nave de guerra, a pesar de ir armada. Y cuando su tripulación recurre a los phasers, es porque no les queda más remedio.

Esto debió ser lo que más le dolió a Gene Roddenberry antes de morir: ver a su criatura convertida en una cosa que sí, que atraía al público a las salas, pero que no tenía nada que ver a nivel ideológico con las semillas que él plantó. El Star Trek original, el de los años 60, era una utopía centrada en la búsqueda de lo maravilloso que todos llevamos dentro, y en los fabulosos tesoros que podrían estar ocultos entre las estrellas. Con el tiempo, como todo el mundo sabe, los gustos del público hicieron que ese sueño muriera, siendo sustituido por secuencias de acción y destrucción masiva. No hay más que ver cuáles son las películas más taquilleras y mejor valoradas por los fans ("Khan", "Primer contacto"...) para darse cuenta de que son las que más se basan en conflictos bélicos. Y ya las nuevas pelis, las de J.J. Abrams, se cimentan tanto en el puro espectáculo que parecen secuelas camufladas de "Star Wars". Son películas de acción pura y dura basadas en el pasapantallas y en los disparos, más que en la reflexión interior.

Star Trek ha ido adaptándose al signo de los tiempos para poder sobrevivir, igual que James Bond. Eso fue lo que nunca llegó a comprender Roddenberry. Puede que el gran pájaro de la galaxia esté por ahí fuera, en algún lugar, redactando memorandos sobre lo que las nuevas generaciones están haciendo con su obra... o puede que por fin haya conciliado las dos partes de su personalidad, la idealista y la que era capaz de pisotear a cualquiera por dinero... hasta encontrar ese equilibrio divino entre el Bien y el Mal que sus personajes siempre buscaron en algún lugar lejano, entre las estrellas.

Por: El Anticrítico

Y además...

38.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..