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Guardianes de la Galaxia: El inicio de una saga

el  Jueves, 04 September 2014 12:13 Escrito por 

Marvel sale al espacio exterior para alumbrar una nuevas saga donde no aparecen ni superhéroes ni atributos mágicos, pero con material suficiente para nuevas entregas

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: Guardians of the Galaxy
  • Año: 2014
  • Director: James Gunn
  • Guión: James Gunn, Nicole Perlman
  • Reparto: Chris Pratt, Vin Diesel, Bradley Cooper, Zoe Saldana
  • Duración: 121 min.

¿MONTAMOS UNA PANDILLA?: HÉROES SIN MALLAS NI DISFRAZ

La historia del cine- y nuestra memoria cinéfila- está plagada de ejemplos de gangs o squads, equipos de intervención que provocan una inmediata simpatía por parte del espectador (Los 7 magníficos, Los violentos de Kelly, El Equipo A) y cuyo mayor atractivo radica en ver cómo empastan sus heterogéneas personalidades y , al interactuar,   desarrollan una nueva actitud frente al peligro.

Este recurso aparece en Guardianes de la Galaxia y supone el mayor acierto de este nuevo producto de los Estudios Marvel/Disney. Se trata de presentar a un puñado de desarraigados, nómadas por los confines de la galaxia, movidos por egoístas estímulos de venganza o beneficio rápido y que sólo al final adquieren un estatus superior, de "guardianes", epíteto por cierto  adjudicado por el propio villano de la función.
Si añades los valores familiares que se hallan en la genética de  Disney – la exhibición del altruismo, de la amistad y camaradería – consigues la adhesión inmediata de las audiencias. Desde el mapache genéticamente modificado o el bruto llamado Drax, lastrados por una ira con la que intentan aliviar resentimientos crónicos, hasta ese par de huérfanos con carencias que son Peter Quill y Gamora, nuestros personajes presentan un catálogo de singularidades  que finalmente encajarán como un guante.

Peter Quill, tras ese brevísimo prólogo dramático, se presenta como un personaje que se ríe de sí mismo al darse autobombo– Star Lord es su carta de presentación – con ganas de crear su propio mito que, por cierto, nadie en la galaxia conoce. Y con ese carácter desenfadado y burlón se gana la simpatía del público convirtiéndose en un líder anti heroico con algo del déficit familiar de un Spiderman e incluso la ironía gamberra de un Han Solo.

Y los atributos del héroe en absoluto son  escudos prodigiosos o poderes telequinéticos. No señor. Para beneficio del filme se encuentran en su ejemplar habilidad para no tomarse en serio las adversidades y en la posesión de una reliquia del pasado- la casete rotulada-  que además es el único nexo con ese mundo familiar y extinguido del prólogo y que lo acompaña como un talismán durante toda la  película.

Pero aún hay más (héroes). Como ocurre en las sagas galácticas precedentes, se van sucediendo  lugares fantásticos como el planeta Xandar o la prisión espacial Kyln  que sirven de espacios de presentación para nuestros personajes protagonistas , lugares donde inician forzosamente su aventura en común.

Joss Whedon, director de Los Vengadores, citaba en una entrevista el interés de James Gunn por el personaje del mapache que, gracias a la técnica del CGI y el "rotomation", consigue hacernos olvidar lo que es y protagonizar algunas de las más sabrosas escenas. No es exagerado decir que en el ranking del bestiario fantástico pronto figurará este Mapache, sorry, Rocket Raccoon, el desquiciado animal a dos patas (literal) que es inspiración y apoyo del grupo por su habilidad con la tecnología y con una propensión al gatillo fácil sólo comparable a su vitriólica verborrea. Ponga a su lado a un ser vegetal, versión galáctica de "ent" tolkieniano , bonachón y superprotector (véase la secuencia del derribo de la Dark Ace, la nave de Ronan, sobre Xandar) y tendrá una pareja cómica que funciona para los niños (Disney obliga) tanto como para los adolescentes la pareja de  Star Lord y Gamora (curioso comprobar cómo coquetean un saqueador y una asesina sin quemarse los dedos). Y si colocamos a Drax, pariente lejano de la Cosa, exhibiendo una corrección lingüística que contrasta con su embrutecido aspecto, ya tendremos al quinteto protagonista.

AVENTURA Y COMEDIA  EN EL ESPACIO: UN NUEVO FILÓN PARA MARVEL

Kevin Feige , el productor del universo cinematográfico de Marvel, afirmó que en este filme había una oportunidad de hacer una gran épica espacial. La idea sería dar un salto hacia adelante con respecto a lo hecho hasta el momento. Pero, ¿cómo hacerlo para que funcionase sin perder la esencia de la marca registrada?

Aunque no es fácil distanciarse de los parámetros estéticos y narrativos de la space-ópera de referencia – Star Wars, Star Trek, Galáctica – hay un puñado de películas que participan de ese subgénero de épica espacial y que han ganado el favor del público por sus originales aportaciones , consiguiendo que el fuego de artificio visual en forma de batallas, colisiones de aeronaves y persecuciones de videojuego , no eclipsase lo realmente importante: una trama y personajes originales y pegadizos, con elementos diegéticos con gancho como esa compañía sonora que caracteriza a Star Lord , un joven con el podríamos haber compartido barrio y discoteca en la década del funk y la disco.

La estrategia del crossover que ha culminado la división cinematográfica de Marvel con el estreno de Los Vengadores (y que pronto veremos en La Liga de la Justicia de DC Comics) da síntomas de agotamiento. La solución está en la exploración de nuevos universos que no sean deudores ni estética ni conceptualmente de los esquemas y personajes ya explorados.

Si además, como ya se venía haciendo con las ediciones “Ultimates” de los comics, se actualizan personajes, tramas y lenguajes, con guiños culturales a las nuevas audiencias, el éxito aún tendrá recorrido. Esta estrategia comercial que ya se había trasladado a la pantalla con personajes como Iron Man , en el caso de Guardianes… es un hecho estructural.

Abusar de los trasfondos dramáticos o del acartonamiento épico de esta  mitología popular supone estimular , por reiteración de esquemas, la desafección de una audiencia cada vez más conocedora y resabiada , demandante  de nuevos productos que sin perder el sentido de lo espectacular – y esto es lo importante- no descuiden los rasgos empáticos de los personajes que se mueven por esos mundos de diseño. Si resulta fácil identificarse con los Peter Parker o el Quill que nos ocupa es porque sus conductas, reacciones y deseos son asequibles para quienes pagan una entrada. En resumen, cualquier tipo de Olimpo, hoy en día, debe huir de la frigidez emocional y presentar alguna debilidad humana en su fibra para evitar que el patio de butacas bostece. Salvo los fundamentalistas de la cacharrería y pirotecnia digital, ni el más puro cine de entretenimiento aguanta sin una trama original y unos personajes que consigan pegarse a las retinas.

Desde Screamers (Christian Duguay, 1995), Space Truckers ( Stuart Gordon, 1996 ) o Pitch Black ( David Twohy, 2000)  , el fantástico situado más allá de los límites del espacio exterior ha utilizado elementos como la hibridación genérica (donde conviven terror, aventura e incluso western); ha reutilizado elementos visuales que identifican al género – esas naves orgánicas, casi siempre transportes ilegales o arcas de noé en medio de la nada-, o usado amenazas prestadas del subgénero de comandos, del bestiario alienígena , del gore domesticado o del cine catastrofista de los setenta.

Y esa desprejuiciada heterogeneidad de ingredientes e influencias vuelve a darse en Guardianes... donde hallamos recreaciones de cine carcelario, citas intertextuales de filmes de culto de los ochenta – Indiana Jones y E.T. en el prólogo y el inicio del primer acto- , elementos visuales y conceptuales retomados del universo expandido de Star Wars o de la “space opera” , esa ciencia-ficción de serie B del final del milenio hecha con más inventiva que presupuesto, e incluso guiños inconscientes o no al mundo visual de Josep M. Beá y su taberna galáctica o al grafismo de la historieta  europea de un Moebius o Enki Bilal (véase el look de Nebula).

Al dejar de lado a los Vengadores, en grupo o por separado, y sus intervenciones en el planeta Tierra o en Asgard, Guardianes… se convierte en un producto novedoso, recomendable  y divertido. Kevin  Feige ya había anunciado que el 95% de la película tendría lugar en el espacio. Y el objetivo se cumple al desmarcar este filme de la megatrama por entregas recorrida transversalmente por los mismos superhéroes y tramas cruzadas de marca registrada. Este es su mayor mérito.

Finalmente, lo que se obtiene es libertad para crear un universo referencial diferente que bebe más del serial de aventuras espaciales del Flash Gordon años 30 y del esquema de personajes anti heroicos que circunstancialmente forman un equipo ad hoc (como los grupos de pistoleros, samuráis o comandos bélicos a los que me refería al principio).

Pero no nos engañemos, el crossover será inevitable por la propia filosofía de Marvel que intentará rentabilizar su universo en fase de expansión. En las historias gráficas, de hecho, otros grupos de Guardianes ya habían sido aliados de Los Vengadores en el pasado y ambos universos comparten criaturas como el titán Thanos.

Por supuesto que existen elementos que nos suenan a "deja vu" en el universo cinematográfico Marvel. Por ejemplo ese orbe que como instrumento de poder es intercambiable con el aether del último Thor, o la presencia de otro villano de serie con aspecto de egipcio santurrón (iconográficamente impecable pero condenado a desaparecer del recuerdo del espectador por su insustancialidad de la que no es responsable Lee Pace), o la aparición de una becaria de la crueldad como Nebula (Karen Gillan) resentida hija de Thanos que nos traslada vagamente al conflicto cainita entre Loky y Thor, en su relación con su hermanastra Gamora.

Pero también hay conceptos visuales originales como Knowhere , el puesto criminal que se encuentra en la cabeza seccionada de un Celestial , o la flecha letal de Yondu (Michael Rooker) que responde al silbido de su amo. Claro que todo esto ya se encuentra en los comics de la saga.

A propósito de los villanos cinematográficos de Marvel, debo denunciar aquí su escasa entidad como némesis del héroe, dando la sensación de que son caracteres en permanente construcción, que se exhiben en las pantallas aún con los andamiajes colgados. No puede confiarse todo a una iconografía impactante y a una crueldad obsesivo-compulsiva que si no presenta matices y contradicciones, termina aburriendo. Y es sabido que un villano con una psicología y comportamiento complejos redimensiona las cualidades del héroe.

La primera aparición de Star Lord (Chris Pratt) ya prefigura el tono del resto del metraje: aventura y comedia: un saqueador se acerca a un templo en el deshabitado planeta Morag, y lo hace como quien da un paseo por el Retiro, escuchando música ochentera en su inseparable walkman. Como un Indiana Jones del espacio exterior se hace con el orbe, preciado tesoro que otros ambicionan como Korath el Perseguidor (el personaje más anecdótico de la trama), y que sale por piernas del planeta para no perder el tipo, preguntándose después por qué diablos la bolita plateada se le escurre continuamente de las manos.

El humor, junto con la aventura, es el recurso que moldea la estructura del filme y que nace de esa colisión de singularidades del equipo que rodea a Peter Quill. Si consultamos en Wikipedia la calificación genérica del filme -"ciencia-ficción, superhéroes, comedia"-  lo que más resalta es esta última. Una definición más ajustada a lo que se ve en pantalla sería  la de "comedia espacial de aventuras".

En Guardianes…, la presencia de esa aventura se advierte en esa continua alternancia de escenarios fantásticos  tanto como en  la morfología de las razas y seres que habitan esa galaxia e incluso en las hilarantes y desenfrenadas réplicas entre personajes, que modelan e impulsan el ritmo de la acción.

El ejemplo de que el filme elige el desparrame y no la liturgia superheroica lo vemos en que las relaciones filiales de Peter Quill con su madre terrestre o su padre adoptivo de piel azul son recursos funcionales que sólo sirven para definir el carácter extrovertido y de chico bueno del nuevo líder galáctico.

Además, por si quedaban dudas, hay un guiño humorístico de última hora hacia el patio de butacas cuando vemos que la planta Groot se marca un "dance" burlándose del escaso sentido del humor de Drax.

Y aún hay un ejemplo bis si pensamos en ese falso metraje deshechable dirigido a quienes soportan los créditos finales y que viene siendo la marca de agua de la casa. Esta vez aparece ahí otra creación Marvel (Howard the Duck) que por su definición - personaje antropomórfico y malhumorado que proviene del espacio  - podría emparentarse con nuestro Rocket Racoon. Este pato satírico nació en 1973 en los cómics y tuvo su propia película en 1986.

Si nos centramos en el aspecto visual hay que hablar del riesgo que corren este tipo de productos cuando el fuego de artificio digital interesa más que una trama bien escrita o unos personajes recordables. Ocurre cuando se pretende dar continuidad a una cult movie, inflándola hasta la saturación con barroquismos y parafernalias estériles (pecado original del blockbuster), o  cuando la pirotécnica visual aspira a dar gato por liebre o intenta ocultar el final de una idea (véase el olvidable remake  de Planet of the Apes perpetrado por  un irreconocible Tim Burton).

El acierto de esta nueva entrega de los Marvel Estudios está en su ejercicio de transformismo tonal, diferente al visto hasta ahora en las sucesivas traslaciones del comic, consiguiendo que los disfraces de comedia, autoparodia genérica , guiños a atractivos subgéneros como el carcelario, el timming propio del serial por entregas o las ganas de entretener como filosofía, terminen ganándose a la audiencia.

Por supuesto, esta aventura no sería posible sin genios que no aparecen en pantalla pero sí el resultado de su trabajo. Destacaría a Brian Muir, un escultor británico de largo recorrido en el séptimo arte que está tras el diseño del casco de Darth Vader o de los Stormtroopers , que esculpió el arca perdida y fue co-creador del Space Jockey, la criatura momificada de Alien. Aunque la lista de sus trabajos es más extensa : Willow, Sleepy Hollow, Excalibur, Dark Crystal, Clash of the Titans

BREVES NOTAS FINALES

Si el presupuesto no lo impide, aún hay horizonte hacia donde expandirse.

En los comics, esta saga galáctica dio un giro en el  año 2007 con los guiones del tándem Dan Abnett y Andy Lanning y  lápices como el de Paul Pelletier . Sus tramas son una cantera fantástica para ampliar el universo de Star Lord y no solamente en cuanto a ubicaciones estelares y tramas entrecruzadas.

En la serie gráfica “Aniquilación-Conquista” que reformula la saga , los guiones de Abnett y Lannig nos presentan a personajes que compiten en atractivo con Peter Quill. Ahí aparecen guerreras protectoras como Quasar, medio eterna y medio kree, o la atractiva Dragón Lunar, o Mantis, o Bicho. Pero también esos otros personajes de biología mejorada que ya hemos conocido por sus nombres de pila: Gamora y Drax.

Y por si fuera poco, hay incluso una serie dedicada a Racoon , dibujada por Skottie Young,  donde el lector se encuentra con todos los tics del desparramado personaje.

Queda también por revelar la identidad del auténtico padre de Peter Quill, o visitar el Alto Dosel, hogar de los maestros arbóreos  donde creció nuestro amigo Groot.

En fin, que la saga no ha hecho más que empezar.

¡Salud,  scifimaníacos!

Jose Manuel Paradela

Administrador del blog en construcción "El Cofre de Flint". Escritor novel de relatos y articulista anónimo. Conversador compulsivo. Finalista en la edición 2014 del Concurso Internacional de Relatos Negros de la Semana Negra de Gijón. Me apasiona el cómic y las bandas sonoras.

Incondicional del cine de Greenaway y de los David Cronenberg y Lynch-, Walter Hill, Scorsese, pero también Hawks, Minelli, Curtiz, George Pal, Lang, Kubrik, Hitchcock…, no cabrían en dos líneas.

Web o Blog: https://elcofredeflint.blogspot.com.es/

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