Sitges 2019

 

 

Scifiworld

La realidad de lo irreal: Cloverfield, toda una experiencia

el  Sábado, 02 February 2008 01:00 Por 
Análisis sobre la interesante propuesta de Matt Reeves y J.J. Abrams.
Es una pena que André Bazin no siga entre nosotros para poder comentarnos qué opinión le merecería “Cloverfield”. Es una pena porque, conociendo su brillante teoría cinematográfica a tenor de la importancia del plano secuencia y de la obligación del realizador a no falsear la realidad fílmica de lo contado —ojo, fílmica, porque para Bazin lo que importaba era que lo extraordinario e imprevisto de la narración fuera percibido en un solo plano, sin importar el cómo se había conseguido—, sería fascinante conocer sus reflexiones sobre esta nueva etapa del cine digital, etapa que nos permite fijar como límites el infinito horizonte de la imaginación.

Dicho esto me gustaría comenzar el artículo diciendo que “Cloverfield” —titulada “Monstruoso” en nuestro país, en otro alarde hortera de cómo son manipulados los títulos originales dentro de nuestras fronteras— no es una película ni perfecta, ni original. Pero sí es toda una experiencia.

Lo genial de “Cloverfield”, lo que verdaderamente hace que esta película se sienta como algo nunca visto —a pesar de que ya es un tema, no tópico, pero ya tratado con fruición por películas como “Diary of Dead”, “Rec” o la pionera “El proyecto de la bruja de Blair— es una cuestión de escala, de tamaño. “Cloverfield” impresiona porque introduce un punto de vista completamente inesperado para una obra perteneciente al subgénero monstruoso. Si lo que siempre ha importado en el mismo ha sido el cómo el ataque de la criatura en cuestión se reflejaba sobre el paisaje desde su punto de vista privilegiado; un titán en un mundo de hormigas inexpresivas y de hormigueros de hormigón y cristal, en “Cloverfield” interesa justo lo contrario: ver por nuestros ojos. Sí, ver como veríamos cualquier ciudadano de a pie una catástrofe de esa magnitud.

Cloverfield, además, es hija de su tiempo. Sus imágenes son parejas al que se ha convertido en el miedo de Occidente, en la paranoia urbanita: el terrorismo, el ataque allí donde nunca esperamos ser atacados. La idea de J.J. Abrams, productor, y Matt Reeves, guionista y realizador, se antoja simple, banal en cuanto se escucha su formulación; como sucede con muchas de las ideas brillantes. La pregunta que se han planteado es la siguiente ¿Es posible utilizar esa paranoia, que se ha afincado en las mentes de todo ciudadano occidental a través de la televisión, como motor narrativo para narrar una historia terrorífica?

La respuesta es un rotundo sí. “Cloverfield” impresiona más que sus homólogas en la ténica (“Rec” o “El proyecto de la bruja de Blair”) por la ya mentada cuestión dimensional. El enfrentarnos a un espacio apocalíptico de la ciudad más emblemática del globo (en la que ya hemos “sufrido” todos la contemplación de una debacle) es una experiencia escalofriante, por el desamparo total al que nos vemos sometidos por sus imágenes. Nos sentimos insignificantes, fútiles, completamente intrascendentes ante la fuerza imprevisible e incontrolable del monstruo que asola Manhattan.

Pero “Cloverfield”, como ya comentamos, no es una película perfecta, aunque podía haberlo sido y es, precisamente, la causa de estas imperfecciones lo que ha provocado que el film, tras un arranque brillante en la taquilla estadounidense, naufrague totalmente en su segunda semana de exhibición.

El problema de “Cloverfield” es que sus artífices han olvidado que la identificación del público con los personajes que pueblan el argumento es el verdadero motor de toda historia. Si no existe esa implicación, más aún en un film de estas características, el público acaba pidiendo la hora, aburrido después del inicial y sorprendente impacto del experimento. Reeves y Abrams se han olvidado de trenzar un buen trasfondo para que las víctimas del film simpaticen con el espectador, han jugado con ratas de laboratorio antes que con personas y han optado por algunas decisiones narrativas de vital importancia para la historia, que no desvelaremos, con una base de credibilidad muy reducida. Los personajes de “Cloverfield” son ajenos, estúpidos y además su perfección física y su éxito económico y social aún enquista más la opinión del espectador sobre sus actitudes.

Todo esto provoca que “Cloverfield” sea una película brillante pero fría, víctima del egocentrismo de sus realizadores, que han jugado a divertirse en lugar de divertir. El resultado es que si uno resulta ser un apasionado de la puesta en escena o, simplemente, un fan de las situaciones límite, “Cloverfield” se convierte en una película fantástica, en cine de altos vuelos. Pero por el mismo motivo que a unos encandilará a otros irritará o, peor aún, dejará indiferente.

Eso sí, como quien escribe esta crítica pertenece al primero de los grupos, no puedo dejar de recomendar “Cloverfield” a cualquiera, incluso a aquellos a los que sé que la película no va a gustarles; porque la experiencia merece la pena, como merece la pena contemplar un espectáculo de fuegos artificiales con la mirada de un niño, ya que es en la inocencia de esa mirada donde uno encuentra la capacidad de fascinarse y sonreír embelesado.

Medios

monstruoso_chopper.flv

Y además...

24.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2019 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..