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La semilla del Diablo, el terror de Polanski

el  Miércoles, 23 February 2011 01:00 Por 
La profundidad de la monstruosidad de la cual más tarde el director Roman Polanski adaptaría su obra maestra requiere un análisis sobre los niveles de horror que no nos ofrece a simple vista. El monstruo: La semilla del Diablo

Los Woodhouse son una feliz pareja que se muda a un edificio situado frente a Central Park. Una vez instalados, conocen a sus extraños vecinos que los colman de atenciones. Ante las buenas expectativas, los Woodhouse se plantean tener un hijo, y Rosemary se queda embarazada, sin embargo la obsesión con mantener a salvo al niño comienza cuando Rosemary presiente que todos conspiran contra ella.

"La sociedad ha sido injusta conmigo. Mataremos a cualquier cerdo que esté en la casa. Entren y atrápenlos." - Palabras de Charles Mason a los miembros de la secta “La Familia”.

No podemos dejar de hablar de la gran obra de Roman Polanski sin mencionar al maníaco, Charles Manson, que mato a sangre fría a su mujer Sharon Tate, embarazada de ocho meses, y a los invitados de la misma un año después del rodaje de “La semilla del Diablo” (Rosemary’s Baby, 1968) mientras Polanski rodaba en Londres “El Día del Delfín”. Fue entonces cuando Charles Manson escenificó lo que parecía una trágica coincidencia alternativa a un final hipotético de lo que podría haber llegado a ser el desenlace del film del director. Resulta increíblemente terrorífico ver como ambos finales tanto el real como el imaginario se enlazan en una historia sobre satanismo, ocultismo y horror.

En cuanto al trabajo real del director, a lo largo del largometraje, Polanski, lucha frenéticamente estirando y contrayendo la paranoia del espectador, haciendo que nos preguntemos si las respuestas a las preguntas sobre la conspiración que se cierne sobre la protagonista y que se van presentando poco a poco como la muerte de la antigua inquilina a manos de una secta, las alucinaciones durante la consumación del Demonio con Rosemary o su posterior delgadez son reales u obra de nuestra imaginación.

Cabe destacar a los característicos personajes que se nos presentan como eje de la historia, los vecinos, burgueses ricos, que mantienen a escondidas de todo el mundo una doble vida, el terror a la duplicación, a no entender del todo una vida que parecía cotidiana y que pasan a esconder un horrible secreto. Por otro lado, el carácter onírico que adoptan las imágenes que evocan la escena del acto sexual con el Diablo, en la que se conectan los mencionados “sueños” con sus vivencias reales. No cabe ninguna duda de que la Capilla Sixtina y la presencia del Papa son evidentes guiños a la religión católica y el misticismo dentro de la misma que probablemente el director quiso criticar dada su ideología agnóstica. Mientras que el tifón, los muertos de los que se habla, el fuego y las posibles convulsiones que puede sufrir (quizás dando la idea de una posible toma del cuerpo de Rosemary, como si de una posesión se tratara o probablemente como una metáfora de la unión vital del futuro feto, ella y el fuego eterno) nos transmite la sensación de que la existencia del infierno coexiste con Dios.

Finalmente la película nos ofrece un gustoso e inquietante final en el que la madre descubre a su retoño, sentenciado por lo vecinos como el hijo de Satanás. Polanski hace revolverse en su butaca al espectador sin mostrar al bebe, para así, jugar de nuevo con el miedo a lo desconocido que todo ser humano teme y utilizando en su contra el poder más fuerte para atemorizarnos, nuestra propia imaginación.

De todos modos lo realmente surrealista es el manejo del autor de la psicología y a su vez del termino miedo, normalmente como perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Sin embargo al final del film no aparece daños o angustias algunos, tan sólo el sentimiento bello de una mujer dubitativa que termina por aceptar a su hijo, una criatura monstruosa. A su vez, los créditos finales continúan ahogándonos con esa idea inconclusa rondando nuestras cabezas mientras suena una nana asfixiante que nos hace sentir la garganta en un puño.

Polanski nos desvela el horror más inimaginable posible, el amor incondicional de una madre hacia su hijo.
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