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Las Ruinas: Buena cosecha

el  Sábado, 19 April 2008 02:00 Por 
Crítica de una nueva película de horror que llega a nuestras salas en este mes de abril y que consigue lo que otras no llegan ni a rozar.

Hora de debutar. Hora de la esperanza y la sorpresa. En muchas ocasiones, hora de la decepción. No esta vez. Cuando uno se sienta en la butaca para ver “Las Ruinas” y las luces se apagan, no puede evitarse el desconfiar, ante el estéril panorama que se nos presenta, estas últimas semanas, en las carteleras de todo el país. Calma chicha de abril podríamos decir. Pues bien, incluso en la aridez del desierto brotan algunas flores. Con “El Territorio de la Bestia” y “Las Ruinas”, ya tenemos dos.

Especialmente meritorio es el caso que nos ocupa. Su director, Carter Smith, con el exiguo bagaje de un corto a sus espaldas (aunque con la ventaja, al menos en lo estético, de ser uno de los fotógrafos comerciales más reputados del mundo), debuta con este título. Y lo hace francamente bien, de notable alto bordeando el sobresaliente. Lo hace bien porque ha comprendido la mecánica del terror y porque se aleja de los convencionalismos y porque sabe dirigir a su reparto, que no es un dechado de virtudes, con mucha soltura. Sin ser perfecta, que no lo es, “Las Ruinas” es uno de los mejores ejemplos de cine terrorífico de estas últimas temporadas. Adentrémonos en lo profundo de la selva mexicana para descubrir qué hace de “Las Ruinas” una película tan interesante.

Alejarse de los convencionalismos, decíamos, huir del tópico. No en la definición de los personajes, desde luego. Como protagonistas tenemos al típico grupito de jóvenes universitarios (y yanquis) que descubrirán cuánto se pueden torcer unas, en apariencia, idílicas vacaciones. Ni en los diálogos, ni en la personalidad de cada rol, ni, desde luego, en las interpretaciones encontramos nada que se salga de lo previsible. Sí en las situaciones, en lo que Carter decide mostrar y en lo que no.

Por ejemplo, en el arranque del film se dedica mucho tiempo a mostrarnos —con una puesta en escena opuesta al estilo videoclip machacón; ni siquiera hay música— cómo pasa su tiempo este grupito de turistas, con sus borracheras a pie de playa y sus conversaciones banales mientras buscan el bronceado ideal para presumir a la vuelta de su viaje. Pero Carter decide que veamos escenas que el cine mainstream suele omitir. Por ejemplo, a una de las protagonistas con la cara sumergida en la taza del váter, vomitando los excesos de la noche anterior. Si el plano estuviera filmado de una manera grotesca y banal, perdería toda su fuerza por el innecesario subrayado, pero la pausa y el estatismo que le imprime Carter a la factura formal del film, otorgan a este momento una densidad que va más allá de lo aparente, una visión muy voyeur de las sombras que se ocultan ante la aparente perfección y belleza de la juventud.

Elaboración y pausa son los primeros elementos con los que Carter Smith “secuestra” al público. En el primer tercio de “Las Ruinas” no sucede nada sobrenatural. Simplemente, la historia avanza, los personajes se presentan al espectador y, a medida que abandonamos la seguridad de los hoteles y nos adentramos en la jungla, una expectante inquietud se apodera de nosotros. Y entonces, frente a una pirámide inca oculta bajo una espesa y enmarañada capa de enredaderas, el horror estalla. Y estalla bruscamente, con el impacto fugaz de un balazo en el cerebro. Y es aquí cuando Carter Smith nos demuestra que no le tiembla el pulso.

La forma en que la violencia se plasma en “Las Ruinas” no ofrece concesiones. Es una película brutal, salvaje, que consigue impactar al espectador porque, al igual que sucede en las películas de Alexandre Aja, el enfoque es naturalista. La planificación no convierte al despliegue de vísceras y sangre en algo banal, previsible, sino en un verdadero horror físico que sacude los cimientos del espectador, que lo estremece como si el fuera el sufriente. Y es así, claro está, como se llega al terror.

Para asustar existen, básicamente, dos caminos, golpear al espectador en lo físico o en lo psicológico, y se juega con reglas distintas según qué senda se abra. A pesar de la popularidad que siempre ha tenido el terror psicológico, como si el despliegue masivo de violencia rebajara la capacidad de sugestión del género, por el camino de lo físico se pueden conseguir resultados igualmente excepcionales a la hora de lograr el escalofrío. Claro que hay que hilar más fino, porque si uno se excede el espectador pasa de la agonía a la indiferencia. Carter camina al borde del abismo... Y no cae una sola vez.

Es momento de hablar del otro lado de la cama responsable de que el embrión de esta historia haya florecido como la estupenda película que es. Scott Smith, guionista del film y, además, autor de la novela en la que éste se inspira. Y dicha novela parte de un concepto genial. “Las Ruinas” elimina por completo el concepto del monstruo más o menos antropoide. Elimina los rugidos y las persecuciones con la criatura de turno pisándole los talones a la jovencita que apenas cubre sus partes íntimas con deshilachados jirones de tela. No, el mal en “Las Ruinas” se manifiesta de un modo mucho más maligno e imprevisto. La flora, esos entes vegetales que muchas veces tomamos por insensibles, son los elegidos para propagar el horror.

La clave se encuentra en que los dos Smith, uno desde el guión y otro desde la dirección, elaboran el concepto “enredaderas asesinas” con un desarrollo prolijo en ideas. No se quedan en el simple estrangulamiento o el latigazo de estas serpientes sin ojos ni dientes. Encuentran maneras de que estas plantas propaguen el horror entre los supervivientes que provocan que el estómago se encoja con la náusea y que no detallaremos aquí para no estropear las sorpresas. Eso sí, conviene avisar que “Las Ruinas” no es una película para estómagos delicados. Los que vayan buscando una “Scream” en Méjico, que se abstengan de pasar por la sala.

En definitiva, un magnífico debut éste, que nos hace abrigar esperanzas de futuros y aún mayores éxitos en la carrera de su realizador. Tiempo al tiempo y, de momento, a disfrutar con “Las Ruinas”.

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theruins.flv
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