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Los niños del Brasil

el  Jueves, 04 August 2011 02:00 Por 
(Franklin J. Schaffner, 1978)
La novela homónima de Ira Levin sirvió como intrigante argumento para esta película. Un argumento visionario a su época, que hablaba de una técnica llamada cloning antes de que realmente se hubiera empezado a aplicar con éxito. Y además, polémico, porque dicho cloning se aplicaba nada menos que para realizar duplicados de Adolf Hitler.
 
Encontramos a Gregory Peck interpretando nada menos que al Dr. Josef Mengele, el terrible médico nazi conocido como el ángel de la muerte de Auschwitz, y tristemente célebre por sus horribles experimentos con humanos en busca de una raza aria perfecta. Huelga decir las barbaridades que realizaba este energúmeno, para eso tenemos la Wikipedia. Lo que llama la atención, al menos a mí me la ha llamado mucho, es que en esta cinta el Dr. Mengele acaba asesinado, y casualmente el auténtico Mengele moriría al año siguiente de forma misteriosa, ahogado en el mar, cuando supuestamente ni siquiera se bañaba porque no sabía nadar. En este sentido, resulta curioso que la película situara como protagonista a este prófugo nazi de paradero desconocido, y que en menos de un año se supiera de su muerte. Marketing gratis, desde luego.
 
En cuanto a la trama, a primera vista parece mucho más interesante de lo que luego realmente es. Mengele, supuestamente, realizó 94 clones de Hitler y los asignó a otras tantas familias debidamente seleccionadas en edad y clase social, para que los 94 niños se criaran de un modo similar a su amado führer. Llegado el momento en que los padres de los niños cumplían 65 años, el plan de Mengele exigía asesinarlos, desencadenando así un momento crucial en la vida del joven dictador. Su intención era recrear también de forma idéntica el entorno de Hitler, para que alguno de los niños acabara convertido, irremediablemente, en un nuevo líder nazi para una nueva época.
 
La interesantísima premisa se diluye un poco con el ritmo lento e insulso de la acción, avanzando sin llegar a ninguna parte. El anciano investigador protagonista (Laurence Olivier) va descubriendo los por qués de la cuestión mientras Mengele y su pequeño ejército nazi va asesinando a los elegidos. Peck no firma su mejor interpretación, o quizá fue el doblaje lo que me hizo verlo un poco sobreactuado. Y el personaje del coronel nazi que está aliado con Mengele es irrisorio, porque tiene un aspecto afeminado y con más pluma que un pavo real. Vamos, de los que hubieran durado 4 días en la Alemania nazi, y aquí lo ponen de todo un coronel. Y qué decir del final, demasiado disparatado, con ese pequeño clon de Hitler, ya peinado como él y todo, y comportándose de forma violenta y sádica sin compasión, algo premeditadamente peliculero, porque por lo que se dice, el auténtico Hitler fue un muchacho introvertido.
 
En definitiva, resulta interesante verla por el tema que toca, absolutamente original, y por lo pionero de su trama respecto a su época, pero tras el buen material del que se dispone, encontraremos una película normalita que no llega a lo que me había esperado de ella y que en su última media hora se hace extremadamente increíble.
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