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Los pájaros. Anatomía de la tensión.

el  Miércoles, 12 December 2007 01:00 Por 
Los pájaros es, sin lugar a dudas, una de las películas más asfixiantes de Hitchcock. En ella encontramos los ingredientes para mantenernos pegados al sillón durante el metraje de la película. Analicemos los resortes que mueven esta gran obra.

Encuentro que Los pájaros, del maestro Hitchcock, es una de las películas más inquietantes de la historia del cine de terror. En ella, el manejo de los recursos para producir miedo es envidiable, teniendo en cuenta la simpleza de la premisa de partida que todos conocemos. Nos encontramos con una especial subversión de la realidad, más que de una supresión; una subversión de lo natural, de lo habitual. No hay elementos sobrenaturales, el generador de la angustia oscila entre el comportamiento anómalo, errático e impredecible de los animales y la ignorancia del origen de esa anomalía, una duda que continuamente corroe el espíritu del espectador. El director británico deja caer una sutil relación entre la protagonista y el cambio de comportamiento, aunque nunca llega a ser algo definido.

En el terror jamás se debe explicar nada, sólo sucede.

Incertidumbre.

Los pájaros tiene como pilares unos pocos mecanismos de acción. El más intenso de ellos es la incertidumbre. Es paradójico ver que apenas se recurre a la empatía, motor fundamental de casi todas las historias de terror. Quizá en la escena del ataque a los niños en el colegio, de forma indirecta, donde se hace uso de ese factor. Incluso se subraya esa ausencia de empatía, buscando un efecto contradictorio al suscitar una creciente repulsión hacia la protagonista, soberbiamente interpretada por Tippy Hedren, Se nos muestra a una mujer fría, deshumanizada, carente de emociones, por la que apenas sentimos una mínima inclinación. No, no cargamos la emoción sobre el dolor o el daño causado sobre la protagonista Así pues, se debe cargar sobre la sensibilidad del espectador de otra manera, y eso se logra mediante un magistral manejo de la tensión dentro del ritmo narrativo.

Los pájaros es un tour de force de tensión, cada escena eleva un poco el nivel. Éste jamás decae. Como algunos venenos, se inocula y almacena en nuestro cerebro, hasta alcanzar la cantidad adecuada, una medida energía de activación; conforme los fotogramas avanzan el efecto se condensa, siendo inconscientes al principio, gritando sorprendidos al final, cuando nos damos cuenta de esa sensación de ahogo nos atenaza el cuello y nos mantiene en vilo, pegados a la butaca. Comprueben como cada escena es un escalón más que en nada hace decaer ese avance imparable. Incluso las situaciones de humor, con las que el autor salpimenta el inicio de la película, no son más que un mecanismo preparado para que el siguiente contraste de emociones sea más acentuado. Llega un instante en que las bromas y los guiños se terminan, en el que el espectador navega solo, sin ayuda, clavado en su asiento por una angustia y una incomodidad nacidas de la conjunción de la incertidumbre y la tensión.

No hay explicación, el desenlace brutal no nos tranquiliza, no nos coge de la mano y nos lleva a una zona de relajación, conocimiento. No. El espectacular final, con la escena del cuarto, la salida en brazos, con la catarsis, apenas nos sirve para tranquilizarnos; la amenaza pervive, está ahí latente, esperando la ocasión de renacer.

Por eso los pájaros es una de las mejores historias visuales de terror mejor narradas de todos los tiempos: imaginativa, innovadora, fuera de los mecanismos habituales del género.

Firmado: Jose María Tamparillas.

Y además...

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