Scifiworld

Misery, buena película, mediocre adaptación

el  Miércoles, 12 March 2008 01:00 Por 
Cara a cara de la adaptación cinematográfica con la novela original, en el que la primera sale como clara derrotada.

Cuesta desprenderse, desde luego, de la experiencia compartida con el autor de la obra literaria en cuestión durante su lectura. Si el autor es el señor King, cuesta un poco más. El problema de adaptar es siempre el mismo, y siempre lo será: el agravio comparativo. Odioso o no, es un hecho. Uno no puede olvidar las extraordinarias páginas de King —o de Matheson, si recordamos la mediocre película protagonizada por Will Smith (“Soy leyenda”) que adaptó, más bien mutiló, una de las mejores novelas del siglo pasado— cuando asiste a su puesta de largo en la gran pantalla. Y eso que Rob Reiner y su extraordinario reparto ponen toda la carne en el asador. Pero la alacena de las especias de Reiner no es suficiente condimento.

Todos los problemas que uno puede tener con “Misery” derivan de su comparación con el original, de esa espada de Damocles que pende sobre la temida frase, a veces ya crónica de un desastre anunciado, “basada en...”; pero incluso sustrayéndonos a la grandeza del original lo que nos queda no es que esto: un buen film.

Me parece importante resaltarlo porque se asume como una verdad absoluta que “Misery” es una de las mejores películas de género de los 90 y que, además, ostenta el honor de codearse con las más fieles y brillantes adaptaciones al cine de la obra del señor King. Pues no es así. “Misery” es, reitero, una buena película, pero de ningún modo está a la altura de obras maestras como “Cadena Perpetua”, “La milla Verde” o la reciente “La niebla” (por citar las tres adaptaciones de su principal traductor al universo del celuloide, el genial Frank Darabont), ni tampoco de grandes películas como “La Zona Muerta” de David Cronenberg o “Christine” de John Carpenter; por no mentar ya a la intocable: “El resplandor”. Misery está muy lejos de cualquiera de ellas.

Pero es una buena película, sí. Antes de continuar con el análisis debería resumir, brevemente, qué es “Misery”, qué nos cuenta. Pues nos cuenta una historia bien singular. Paul Seldon, escritor (cómo no) de gran éxito gracias a su saga de novelas decimonónicas que sigan las desventuras del personaje ficticio que da el título a la novela y a la película, sufre un accidente de automóvil por causa de una tormenta de nieve que lo deja paralítico. Después de varias vueltas de campana que han girado el paisaje nevado en una lavadora de metal y neumáticos, Seldon cierra los ojos para siempre...

¿Para siempre? Al volver a abrirlos lo primero que Seldon advierte es un bote de suero y una sonda de plástico que desciende en volutas hacia su brazo exánime; un gusano alisado atravesando sus venas con su boca sin dientes. Al volver la mirada de arriba al frente, Seldon se encontrará con un cobertor, una sábana, y una masa informe y de ángulos torcidos insinuándose bajo él. Esa masa retorcida son sus piernas. Una mano invisible encoge el esfínter y el escroto de Seldon en un abrazo aterrador ¿Dónde está y qué le espera?

Una pesadilla, eso es lo que tiene por delante Paul Seldon, una pesadilla encarnada por su fan número uno, Anne Wilkes, ex-enfermera de un hospital en Denver y psicópata profesional de lunes a viernes, con brotes maníaco depresivos como tareas de fin de semana. Seldon perderá la noción del tiempo, y su vida se convertirá, en esencia, en una desagradable lucha por la supervivencia en una relación sadomasoquista con su salvadora y captora. Las cartas están sobre la mesa, y Seldon debe jugar muy bien sus bazas.

Partiendo de la misma encrucijada,.uno puede caminar al este o al oeste, al amanecer o al crepúsculo. Lo que separa a King de Reiner es lo que separa al genio del artesano: chispa, talento; magia.

“Misery”, versión King, es un horrible pandemónium de sensaciones. La prosa obsesiva y detallista de King, siempre a la caza de la evocación de una atmósfera opresiva que aplaste la mente del lector y lo obligue a mirar a través de las córneas de su personaje, no encuentra su reflejo cinematográfico. ¿Las razones? Falta de garra y valentía.

La Anne Wilkes encarnada por Kathy Bates que tantas loas le ha granjeado a lo largo de los años —merecidas, sin duda, porque es una gran interpretación, los problemas no vienen por culpa del reparto— no es más que un pálido reflejo del monstruo creado por King. Como ocurre casi siempre, salvo cuando Kubrick o Darabont toman cartas en el asunto, el horror descrito por King es suavizado por Hollywood, moldeado como a través de un cristal empañado que difumina las formas, que redondea las aristas vivas.

Un ejemplo, y todo aquel que no haya visto la película o leído la novela debería saltarse este párrafo: cuando Anne Wilkes decide que Paul ha de quemar el único borrador de su nueva novela, su obra personal y alejada de la odiada figura de Misery que tantos éxitos cosechó en su nombre, en la novela la acción se describe como una desgarradora lucha entre el Paul rabioso por asesinar a ese espantajo que le quiere obligar a quemar el mejor trabajo de su vida y el Paul drogadicto, dependiente de las píldoras Novril para calmar a la bestia que duerme en sus destrozadas extremidades. La decisión final de acabar con su trabajo viene precedida por una tensión dilatada párrafo tras párrafo. En la película, sin ser un hecho banal, la secuencia se rueda con una levedad inaudita. Paul apenas se resiste a la locura de Anne y quema su libro sin una protesta realmente salvaje.

Este ejemplo ilustra a la perfección el puente insalvable entre el film y su homónimo en blanco y negro. No importa que James Caan y Kathy Bates ejecuten ejemplarmente sus papeles, no importa porque la dirección y el tono de la película no es el adecuado. Reiner va en primera y cuando mete segunda y tercera el Porche ya le ha pasado como un misil.

Por ello este artículo pretende ser un intento de reubicar y clarificar los méritos de “Misery” versión cinematográfica, porque con los films de culto caemos en la categoría de lo intocable y, entonces, la hemos fastidiado, ya que si algo es intocable su calidad verdadera, su impresión sobre cada espectador, viene predeterminada y cualquier discrepancia es tomada con indulgencia, en el mejor de los casos, o con acalorado desprecio en el peor.

Con esto no basta, señor Reiner. Aunque, eso sí, siempre podrá decir que su película era “una buena película”. Pues sí, de notable bajo.

 

Más en esta categoría: « Transformers La Última Ola »

Y además...

53.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..