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Mothman

el  Martes, 25 March 2008 01:00 Por 
¿Cómo surge el miedo? ¿Qué mecanismos utiliza? Son preguntas difíciles de contestar. Estamos habituados a encontrarnos unas propuestas básicas y repetitivas que parecen funcionar: la más usada, sin duda es la del miedo a la muerte, a la muerte violenta, a la tortura, en cualquier variación y forma; desde la sobrenatural, hasta la más humana, degradante y violenta. Quizá por eso, cuando nos encontramos con obras que se salen, en cierta forma, de la norma, éstas se quedan fijadas en nuestra cabeza e incluso les perdonamos algunos de los defectos que pueden llegar a mostrar.

Hoy hablaré de Mothman, de la película protagonizada por Richard Gere y Laura Linney.

Lo primero que se nos ocurre al verla es la difícil clasificación. ¿Estamos viendo un thriller, una película de Ciencia Ficción, de terror...? Yo apuesto por la tercera de las opciones: una buena película de terror.

Esta película se basa en el libro de John  Keel, donde este autor e investigador de lo oculto -sobre todo del fenómeno ovni- realiza un repaso de los acontecimientos ocurridos supuestamente en el pueblo de Point Pleasant, en Virginia Occidental en el invierno del año 1966. No entraré en esta obra a fondo, baste saber que se trata de un opúsculo bastante inconexo que habla en general del fenómeno ovni y de la particular interpretación que el autor tiene de él. Una más de tantas obras que aparecieron tras la fiebre de avistamientos de los años setenta y ochenta.

Mothman nos habla del terror que surge de la incertidumbre, de la manipulación, de la obsesión. Esa es la esencia, la obsesión. La película, por fortuna, abandona el sesgo ufológico que el libro introduce, y se centra en la narración de unos simples sucesos inexplicables desde la perspectiva de un reportero político de éxito, perspectiva contaminada por vivencias personales de carácter trágico -la muerte de su esposa-, Hay un elemento de intriga que flota constantemente, tiñendo la personalidad del protagonista y sus compañeros con unas implacable soledad y obcecación que derivan hacia la tragedia. Elección afortunada por parte del director y los guionistas, pues sólo de esta forma se obtiene la necesaria tensión emocional, tensión que de haberse limitado a culpar a unos retorcidos alienígenas del espacio exterior no se hubiera obtenido ni por asomo

¿Qué ocurre cuando de una manera increíble conocemos el futuro en su vertiente más trágica y la propia inverosimilitud de nuestras fuentes nos vuele impotentes... Cuando nadie nos cree?

La localidad de Point Pleasant y buena parte de sus habitantes, ven su vida sacudida por una serie de extraños hechos. Se trata de apariciones aterradoras de un ser de aspecto elusivo, de grandes ojos rojos. Otros sucesos, tales como llamadas telefónicas extrañas, seres elusivos capaces de predecir el futuro y de penetrar nuestra mente... convulsionan la tranquila existencia de los personajes, sobre todo cuando unas inquietantes profecías se conforman como el centro de toda la trama.

Es la manera de abordar la narración de esos hechos extraordinarios lo que, a mi modo de ver, hace que tratemos con una muy buena película de género. En ningún momento se da importancia capital a auténtico origen de los hechos, no se reclama la acción de una racionalidad analítica. El espectador y los personajes son meros testigos y sufridores, y la relación de empatía que se establece es en casi todo momento bastante fluida. La angustia surge de la situación especial en la que cada personaje queda enmarcado por los hechos. En todo momento el espectador es alejado de la esencia original de la causa del terror. Breves y certeras pinceladas nos lo muestran apenas, son las consecuencias, los efectos de su presencia, de sus acciones, los elementos que conjugan y crean el hechizo que nos ata a la silla. Una vez más se cumple esa ley tácita de la narrativa de terror de que es más efectivo no mostrar, sino sugerir.

Mothman es una de esas películas que, en un primer visionado pueden llegar a asustar, a crear la tensión que todo aficionado busca. Y lo que es mejor, en subsiguientes acercamientos suele ofrecer sorpresas agradables

Richard Gere no borda el personaje, pero se dibuja como un intérprete más que correcto en el papel. Mención aparte merecen Laura Linney y Will Patton, sobre todo este último con una aparición magnífica y llena de desasosiego.

La fórmula narrativa es acertada, los efectos visuales y sonoros no toman el protagonismo, pero remarcan y subrayan con corrección cada una de las escenas.

Lo peor, algún intento un tanto deslavazado por intentar dotar de una explicación a los sucesos.

En resumen, una buena película.

Firmado: Jose María Tamparillas.
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