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Outpost

el  Viernes, 08 October 2010 02:00 Por 
Lo único que necesita el mal para que triunfe es que los hombres buenos no hagan nada Edmun Burke (1729-1797)

En un sórdido bar fronterizo de algún lugar del Este de  Europa, en plena guerra de los Balcanes, un grupo de mercenarios es contratado para localizar un búnker y realizar una operación de rescate indeterminada. Al entrar en el búnker se encontrarán con la verdad de la misión: es un centro de experimentación del ejército nazi, cuyos resultados fueron exitosos, resucitando a toda una tropa de soldados inmortales.

Leyendo el argumento de Outpost (2008) podríamos pensar que vamos a visionar una cinta psicotrónica, del  ahora tan en boga, argumento de zombis nazis al estilo de Dead Snow (2008) -ver el artículo publicado esta web-, o un revival de fantaterror nazi en la onda del reciente fake Werewolf women of the SS de Rob Zombi. Nada más lejos de la realidad, la película tiene un importante y fascinante trasfondo histórico: cuando la suerte de la Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente decidida a favor de los Aliados, Hitler promete a su pueblo un rápido y fulminante giro en la contienda. Este cambio en el devenir de la guerra se produciría con la aparición de las Wunder Waffen (armas increíbles), una serie de ingenios armamentísticos como los aviones invisibles, u otros capaces de realizar prodigios como la alteración de la climatología, la traslocación de las tropas e incluso el cambio del polo magnético de la tierra. Todos estos ingenios debían subir la moral de las tropas y del pueblo alemán para lograr la victoria. Cierto o no, la mayor parte de los expedientes abiertos sobre estas investigaciones fueron confiscados por las tropas aliadas, quienes organizaron una fuga de cerebros del Tercer Reich hacia sus países correspondientes, aunque éstos científicos y militares fueran conocidos criminales de guerra.

Uno de los objetivos más buscados por el Reich era la búsqueda de la rápida recuperación de los soldados heridos en el frente. Para ello se desarrollaron experimentos para los cuales se disponía de material humano ilimitado en los campos de concentración. Este film juega con la posibilidad de que en algún remoto centro de experimentación, se pudiera haber logrado este objetivo.

Lejos de quedarse en un entretenimiento fantaterrorífico, el film de Steve Barker se erige como un homenaje a cintas clásicas, o mejor dicho, a puestas en escena clásicas. Empezando por la fotografía, tintada de tonos sepias en las escenas de interior, pasando por la música, una partitura clásica omnipresente en todo el relato, y terminando por las soluciones estéticas aplicadas a algunos de los puntos más interesantes del film como son el diseño del artefacto nazi. Todo ello, unido a la contemporaneidad de su premisa argumental, nos ofrece una vuelta de tuerca al clasicismo que nos dispara en la cara un film fresco y dinámico, con interesantes conexiones entre la aventura, la ciencia-ficción y el horror. La partitura, obra del consolidado James Seymor Brett, nos lleva desde los sonidos más oscuros hasta las vibrantes disonancias industriales, todos los tonos muy acertados para musicar esta claustrofóbica cinta.

Los actores interpretan a un elenco de mercenarios de distinto tipo y condición pero ambos con un denominador común: son tipos duros y profesionales cuya única finalidad para aceptar el trabajo es el dinero. Entre estos, el versátil actor Ryan Stevenson, desdibuja con vigor esa línea gris que convierte a un soldado de fortuna en un héroe, estado al que se ven abocados todos los protagonistas, superados por las circunstancias fantásticas que tienen que vivir. Richard Brake interpreta a Prior, el mercenario más duro de todos, que protagoniza algunas de las escenas más vibrantes de la película.

Todos los actores debieron someterse a un entrenamiento militar muy duro, a juzgar por la destreza con la que desarrollan sus operaciones de comando, destacando por su trepidante acción la última escena, donde se las verán con los soldados resucitados. La planificación de la escena, sobre todo dentro del búnker, el lenguaje empleado, y la actitud de los actores están escrupulosamente medidos, y llevados a cabo con precisión militar. Por mencionar otro de los grandes momentos de la cinta, podríamos quedarnos con aquella en la que los mercenarios ven un vídeo de los experimentos nazis y descubren la identidad del comandante al mando. Las consecuencias serán tan violentas como imprevisibles.

Uno de los principales problemas de verosimilitud que tienen los films fantásticos es el momento en el que se produce el encuentro del hecho fantástico con los personajes, y la forma en que lo asimilan. Outpost no tiene pega alguna en mostrar este encuentro con naturalidad, habida cuenta de la familiaridad del espectador "de género" con los fenómenos de alteración de las dimensiones, y dándole un enfoque científico que sumerge a los personajes de lleno en el suceso fantástico.

Se aprecia algo de desequilibrio narrativo en lado enemigo, en la efímera presencia de los soldados nazis, que aparecen y se esfuman con demasiada facilidad y es aquí donde el espectador deberá hacer un esfuerzo por interiorizar todos los conceptos científicos que se desgranarán durante el film. No hay crudas escenas de gore ni desmembramientos. No es ese el propósito de la película, aunque los soldados nazis usan la bayoneta con mortífera insistencia.

Otra de las bazas con las que juega el film consiste en la introducción del fantasma del nazismo dentro de otra guerra europea y contemporánea, como si éste fuera un tentáculo del Mal que, tras 70 años de su aparición en tierra europea, nunca va a desaparecer.

En estos momentos Steve Barker se encuentra en producción su secuela que llevará por título Outpost 2: Black Sun (2011). Según se puede leer en su web oficial, el film estará ubicado nuevamente en Europa del Este, con una tropa de soldados inmortales arrasando todo lo que pilla a su paso y un comando de soldados de la OTAN que intentará descubrir los secretos del búnker para acabar de raíz con la amenaza nazi. Si la secuela de Outpost consigue un igualar la calidad de su predecesora, a buen seguro que será una de las películas del año.

Y además...

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