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Signos de simetría: La brújula dorada o la crisis en la épica fantástica.

el  Jueves, 06 December 2007 01:00 Por 
Análisis crítico de la brújula dorada y reflexión sobre los precupantes síntomas que da el género de caer en un agotamiento conceptual y narrativo.

Esfuerzo. “La brújula dorada” es una de esas obras que transpiran esfuerzo por cada uno de sus poros: se esfuerza Chris Weitz por narrar con eficacia una nueva historia de fantasía basada en la trilogía escrita por..., su equipo artístico y técnico— con un reparto ciertamente impresionante (Daniel Craig, Ian Mackellen, Sam Elliot, Eva Green, Nicole Kidman o, en un pequeñísimo papel, el gran Christopher Lee) y un equipo de magos que logran lo imposible en el campo de lo digital (aunque sigue habiendo una pequeñísima, mas rotunda, desconfianza hacia las criaturas creadas por el ordenador y que simulan estar vivas, cima que aún no se ha podido alcanzar satisfactoriamente)— se esfuerzan por obtener un producto de acabado impecable, que luzca bruñido (y frío) frente a los ojos del público, y New Line Cinema, por la cuenta que le tiene, se esfuerza en promocionar esta “nueva maravilla nunca vista que cautivará su imaginación hasta límites desconocidos” por todo el planeta, no reparando en medios a la hora de que el público sea consciente de que “La brújula dorada” es la película de estas navidades.

PERO...

Pues sí, pero, pero la cosa no acaba de salir bien. No ayuda, desde luego, la desafortunada elección de Dakota Blue Richards en el papel protagonista, una nueva infante de oro, amordazada para las sucesivas secuelas que, salvo que suceda el desastre, conocerán estreno durante los próximos años. Su interpretación resulta excesivamente acartonada, falta de expresividad, falsa, de laboratorio. Es una pena porque si esta niña tuviera el “ángel” de, pongamos por caso, Ivana Baquero (ese milagro cinematográfico hollado por Guillermo del Toro en la no menos milagrosa “El laberinto del Fauno”) estaríamos, probable e injustamente, hablando de la película en otros términos, porque de existir ese vínculo mágico, ese monolito emocional al que aferrarnos para sentir las vicisitudes como propias (un Elliot de E.T., o un Cole de “El sexto sentido”) ya tenemos mucho ganado a la hora de creernos el camino que debemos recorrer. Así que la primera condición importante, no se cumple.

Ampliemos los horizontes de nuestra reflexión de por qué no funciona “La brújula dorada”, porque, aunque sea realmente importante lo comentado en el párrafo anterior, no es el único de los problemas, tal vez no sea, siquiera el fundamental. Hagamos un pequeño viaje en el tiempo y situémonos en el año 2001, fecha en la cual no tuvimos un Hal 9000 para hacernos la puñeta, ni viajamos a Júpiter en busca de un monolito oscuro, ni evolucionamos a un ente superior llamado niño estrella; pero, y siempre desde la perspectiva parcial que estamos analizando, uséase lo cinematográfico, el 2001 fue una fecha realmente importante porque supuso el estreno de dos sagas que dinamizarían, más bien dinamitarían, los cimientos del fantástico. Hablamos por supuesto del señor Potter y su piedra filosofal y del primer peldaño de tres en la trilogía ligado a un anillo, único, colgado al cuello de un pequeño hobbit que sostenía en sus manos el destino de todos. Pues bien, si bien ambas supusieron una inyección económica tan notable que llevo a los estudios a percatarse de que aquello de los magos y duendes era la panacea con símbolo de dólar, también supuso (por parte de la trilogía del anillo) el establecimiento de un canon estético que fijaba las normas a seguir para rodar un producto de épica fantástica. Pero claro, la técnica puede ser conocida por el artesano, pero hace falta que el artesano sea artista. Jackson lo era; los Verbinski, Adamson o, ahora, Weitz no lo son.

“La brújula dorada” supone un toque de atención, una alarma que no ha de ser desoída para todos aquellos cineastas que aborden la tarea de adaptar un clásico de la literatura fantástica (infantil o no) a la gran pantalla. No basta con rodar planos panorámicos de bellos escenarios, no basta con ser capaces de seguir el movimiento de una bella bruja voladora mientras asciende a los cielos, hala una flecha en su arco y dispara a decenas de metros sobre un fusilero sin que el plano se corte; no basta con ser capaces técnicamente de mostrar miles de criaturas enfrentadas en una planicie helada, estallando en una lluvia de chispas doradas cada vez que el humano al que su espíritu se teje, cae muerto; no, no basta con superpoblar la trama de personajes, con proponer una y otra vez nuevos nombres exóticos y parajes nunca vistos, ese no es el camino. ¿Y cuál es?

¡¡La narración chicos!! ¡¡¡La narración!!! Hollywood está tan preocupado por la fecha de entrega de sus productos y por llenar las arcas de sus guaridas bancarias (allí en las exóticas tierras de los paraísos fiscales, junglas de miles de dígitos que compran cualquier felicidad y alegría o sus sucedáneos con un chasquido de los dedos), dragones tan cegados por el brillo del oro que se olvidan de lo necesaria que es la narración, el contar la historia en su tempo adecuado, el anteponer como primer objetivo ese tempo. La técnica siempre ha de venir después, no puede ser que el señor Weitz, porque es el ejemplo que tenemos manifiesto en esta película, sepa ya como articular la historia independientemente de la historia. Y no, no es un trabalenguas; pensemos en "E.T", pensemos en “Regreso al futuro”, pensemos en “Indiana Jones”, pensemos, en definitiva, en aquellas historias que sí saben contarse con independencia de cuáles se hayan contado antes o cuáles se cuenten después.

Les propongo un pasatiempo que dibujará nítida la cuestión, si no lo está ya, en sus pensamientos. Cojan cualquiera de los fotogramas de batallas, panorámicos o de presentación de personajes, cojan los diálogos y las interpretaciones, fíjense en el uso de los movimientos de la cámara y encontrarán que en el cine fantástico de hoy en día (en lo que a superproducciones se refiere) poco más cambia que los nombres. Y eso es el mínimo de los mínimos.

 

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