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Ted Bundy

el  Lunes, 08 August 2011 02:00 Por 
(Matthew Bright, 2002)
Narrar en una película la historia de un asesino en serie tan peculiar y salvaje como Ted Bundy puede degenerar en una película tipo "La matanza de Texas" o, peor aún, en una "Holocausto Caníbal" en la que las escenas grotescas de mutilaciones y casquería se sucedan con demasiada frecuencia y sin razón. Es muy de agradecer que esta película ofrezca todo lo contrario, presentándonos el retrato de este célebre serial killer centrándose en su perturbada personalidad y mostrando apenas de refilón y como complemento a la historia, pero de manera no demasiado explícita, sus atroces crímenes.
 
Destaca aquí una buena labor de montaje, que nos presenta a veces su recorrido sangriento acompañado de música de la época y en secuencias en las que se mezcla el viaje de Bundy por el país con su Escarabajo amarillo y sus escarceos homicidas. En cuanto al guión, la historia de Ted consiguió atraparme desde el principio. Michael Reilly Burke logra bordar una interpretación nada sencilla, llena de altibajos, porque así es como era Bundy en realidad: inteligente pero del montón, atractivo, con don de gentes y éxito entre las mujeres pero incapaz de relacionarse con ellas de forma normal. Destacamos aquí el personaje de la eterna novia de Ted, sumisa, tradicional y enamorada hasta las trancas, que sufre en sus carnes las particulares perversiones sexuales de Ted pero aún así es incapaz de quitarse la venda que cubre sus ojos hasta que, ya en prisión, en una escena realmente magnífica, algo en su cerebro hace "click" y ve a su novio como realmente es, saliendo de la sala de visitas completamente despavorida y desolada.
 
Después de haber leído un poco sobre Bundy, fascinado por el personaje que nos describe la película, me ha sorprendido que los acontecimientos que en ella se narran parecen ser extremadamente fieles a la realidad, lo cual la convierte en más escalofriante aún. Sí que cometió tantos asesinatos, sí que realizó todas las barbaridades que vemos, sí que se fugó dos veces de la cárcel dejando al sistema penitenciario norteamericano como completos incompetentes, y sí que recibía más de 200 cartas al día de mujeres que decían amarlo. Su magnetismo, por alguna incomprensible razón, era tan poderoso como él mismo cuando empuñaba la palanca con la que golpeaba a sus víctimas. Curioso, que pese a todo ese aura de atracción que emanaba, sus relaciones con las chicas tuvieran que reducirse a violarlas después de muertas.
 
La última parte de la película, con un Bundy ya visto para sentencia, da un giro en el que se pretende que el terrible asesino se convierta en víctima ante nuestros ojos. No tengo muy claro si se trata de un ejercicio del guión para manifestar la dicotomía de la pena capital, mediante la cual nosotros nos convertimos también en criminales, o si tan solo sirve para demostrarnos que, pese a la naturaleza de los actos que hemos visto a Bundy cometer durante toda la película, todavía nos dará algo de lástima ver sus lamentables instantes finales antes de que se hiciera "justicia". Siempre que no seamos como él, claro.
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