Scifiworld

The Last Winter: terror y ecologismo

el  Miércoles, 02 February 2011 01:00 Escrito por 
El filme de Larry Fessenden, multifacético cineasta americano, plantea desde el propio título esa dualidad de sentido posible. La pregunta:¿es el último invierno para los personajes que desfilan por el filme, o para todo el género humano?.
The Last Winter

Confiando en poder publicar más información sobre la trilogía del horror ( No Telling, Habit y Wéndigo ) del productor-cineasta Larry Fessenden, publico este artículo sobre su filme del año 2007 “The Last Winter”.

El paisaje ártico: algo más que el espacio de la aventura

En el filme, la protagonista visual es la tundra ártica. Un elemento polisémico que han utilizado distintos géneros, bien como  escenario para la gesta épica (Jeremiah Jonson, 1972), o la aventura de supervivencia (Vertical Limit, 2000, Cliffhanger, 1993).

Pero también es, en un sentido más metafórico, uno de los escenarios de la soledad y el aislamiento extremo. En efecto: tanto el desierto como el paisaje nevado tiene la misma textura emocional que las insondables negruras del espacio exterior.

Es esa imagen de espacio vaciado, exento de anclajes y fronteras lo que confiere a cualquier asentamiento humano en ese espacio , se hable de la nave Nostromo (Alien,1979) o de la cabaña-refugio de unos chicos en medio de la nevada (Dead Show, 2009), ese carácter de frágil matriz protectora. Esa misma inseguridad transmite la estación base que se ubica en ese remoto punto de Alaska. De entrada parece que tenemos a la vista un “Artic horror tale”, pero esto es sólo una apariencia.

Por otra parte, es espacio nevado es  también uno de los paradigmas icónicos más ecologistas , junto con la selva amazónica o el fondo de los mares. Del mismo modo que en los desiertos filmados por David Lean, tenemos  aquí  un  escenario primario, referencial, reserva de la pureza originaria del planeta, antítesis de las geometrías invasoras o degradantes urbanismos perpetrados  por el hombre en la mayor parte de la superficie terrestre.

Pero, ¿con qué opción se queda Fessender? ¿Funciona el elemento blanco como escenario del horror o como homenaje visual a los últimos reductos vírgenes? Tal vez haya una tercera opción.


El mensaje: el hombre es un lobo para el medio ambiente

El filme muestra una acción-reacción. La acción de los intereses empresariales en perforar capa de permafrost para desangrar una de las últimas zonas vírgenes del planeta. Y la reacción de la propia naturaleza ( y aquí aparece el elemento telúrico y mitológico).

Fessender recurre a la nieve como escenario para evocar antíguas creencias- la mitología de los nativos americanos- cuyo enunciado sustituirá en el tramo final del filme a la insaciable motivación de la especie animal más invasiva  que se obstina en justificar con cualquier argumentario la explotación extrema de los recursos naturales.

No es difícil sentirse tentado a comparar esta película con “The Thing” de Carpenter, guiados tal vez por su misma filiación genérica, la del género fantástico.
 Pero aunque el cineasta neoyorquino utiliza lugares comunes : espacio aislado donde conviven un grupo de personajes ( Alien, Dead Snow, Vienres 13, The Thing ), con distintos puntos de vista y que van desapareciendo uno a uno, en “The Last Winter” el tono y la intención se alejan de la senda trazada por sus parientes de género : el objetivo no es mostrar el itinerario del horror,  sea a causa de  psicópatas  o  alienígenas. No es casual que se evite el efectismo gore tan frecuente en otros filmes. Las muertes se presentan de un modo naturalista y resignado, y se mantiene hasta el último tercio del filme una ambígua y calculada atmósfera .

En ese último tercio aparece el elemento fantástico, materializado en una figura con  apariencia híbrida, casi traslúcido porque los espíritus suelen ser puro viento, como esas ráfagas inesperadas que sorprenden y alarman a los miembros de la estación base. Figura cercana en su aspecto gráfico a cómo se ha representado en la mitología de los primeros americanos del norte y la zona de Canadá.

Esa presencia sobrenatural aparece como la metáfora de la reacción definitiva frente a las agresiones extremas sobre el planeta, encarnadas aquí en el paradigma moderno de la degradación: la extracción de petróleo  en  zonas teóricamente intocables.

Fessenden pretende aportar, más allá de la información mediática o la divulgación científica, una forma diferente de agitar conciencias. Y utiliza como pretexto su relato de terror ártico para endosar un mensaje, más simbólico que discursivo, acerca de los inquietantes efectos del calentamiento global. Es el augurio que se oculta bajo las palabras del protegido de Pollack, la primera víctima de las alucinaciones: “..algo está ocurriendo ahí fuera … Qué es el petróleo sino un grupo de cadáveres fósiles … Estamos destapando un cementerio.” Y esta es la idea del eco-mensaje de Fessenden: la naturaleza dañada va a responder , liberando tal vez esos espíritus vengativos que aquí toman el aspecto del Wéndigo.

El “ espíritu del Wéndigo “ o la versión alternativa del fin del mundo

En el manual de la OMS, el trastorno de Wéndigo aparece como un síndrome cultural. Es un tipo de trastorno mental que se producía entre algunas tribus amerindias de Canadá y Alaska. La persona que la sufría dejaba de comer, padecía náuseas y episodios de insomnio o alucinaciones, como los miembros de la estación base. Las alucinaciones podían derivar en la conversión en un caníbal, en una bestia.

Wéndigo es también el nombre que se daba a una figura mitológica por estas mismas tribus, y que representaban como a una criatura gigante de apariencia animal y que se suponía era la personificación de la llamada atávica que los bosques profundos y la naturaleza más salvaje provoca en los hombres. Si se tiene en cuenta esta referencia mitológica, presente ya en su anterior película “ Escalofrío” ( Wéndigo, ) podemos obtener un sentido más verosímil a los acontecimientos de la trama.

Fessenden reformula el mito para acercarlo al propósito de su filme , convirtiendo al Wéndigo en una entidad etérea, más espiritual que física, y que se encarna al principio en ese viento violento e inesperado que altera las conductas de los personajes  para ser luego algo más letal. Es la alegórica presencia de los espíritus vengativos de Gaia, la madre Tierra, los heraldos que anuncian el  exterminio , una visión de resonancias bíblicas pero de referentes muy reales.

En resumen

Destacar la calculada ambigüedad con que Fessenden, en la mayor parte del metraje, consigue provocar en quien mira cierta incomodidad y espectación. El espectador se siente perdido no ya en medio del infinito espacio blanco sino en dentro del dilema que destila la propia trama: no sabe si atribuir lo que diezma a la base a los efectos del frío ártico ,a un fortuito escape de gas del subsuelo, o a algo más críptico y “lovecraftiano”.

Es en las secuencias finales donde se produce el giro de sentido que presenta de un modo alegórico la advertencia ecológica: su provocación busca antes repensar  la vital relación maternofilial entre el individuo y la Tierra que lo sustenta,  que  la sacudida adrenalítica a través de los resortes subconscientes del miedo como podría sugerir el género de afiliación del filme.

Tal vez la subtrama del triángulo amoroso entre Pollack ( Ron Perlman), Abby ( Connie Britton) y el medioambientalista Hoffman (James LeGros) rebaje un poco la intensidad de esa atmósfera inquietante y premonitoria que repta – más que fluye – con sospechosa lentitud hacia un inefable destino, lentitud que concluye abruptamente en esa climática secuencia final.

Final que es planteado en dos movimientos ágiles ; una elipsis que nos traslada desde la tundra ártica a un hospital donde Abby  parece despertar de un sueño  , seguida por un contrapicado de cámara en el exterior en el que Fessender combina con acierto el impacto visual del epílogo de “The Planet of the Apes” con la perturbadora sugerencia de lo que sucede fuera de campo.

Más en esta categoría: « La Última Ola Gattaca »
Jose Manuel Paradela

Administrador del blog en construcción "El Cofre de Flint". Escritor novel de relatos y articulista anónimo. Conversador compulsivo. Finalista en la edición 2014 del Concurso Internacional de Relatos Negros de la Semana Negra de Gijón. Me apasiona el cómic y las bandas sonoras.

Incondicional del cine de Greenaway y de los David Cronenberg y Lynch-, Walter Hill, Scorsese, pero también Hawks, Minelli, Curtiz, George Pal, Lang, Kubrik, Hitchcock…, no cabrían en dos líneas.

Web o Blog: https://elcofredeflint.blogspot.com.es/

Y además...

04.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..