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¡Y a la quinta...! Pues no.

el  Domingo, 16 September 2007 02:00 Por 
Primera decepción en la ya pentalogía del mago más famoso, con permiso de Merlín (o sin él) de todas las épocas
Decepción porque, aún teniendo en cuenta que en su último capítulo ya se habían incurrido en algunos fallos de importancia, se trunca una racha, nada despreciable, de películas de gran calidad, a pesar de su cariz marcadamente comercial.

Los problemas de este quinto capítulo apuntan directamente al cambio en el equipo creativo, pues tanto su reparto como su staff técnico mantienen la continuidad de los capítulos anteriores. ¿Problemas? Muchos y muy graves. El primero y más importante, la falta de consistencia de la película, motivada por un más que deficiente guión que hacen pensar en que la sustitución del encargado de los cuatro libretos anteriores (el estupendo profesional Steve Kloves, autor así mismo de guiones tan estupendos como los que sirven de esqueleto a películas del nivel de “Wonder Boys” o “Flesh and Bone”) por el gris Michael Goldenberg (responsable del guión de la “estupenda” Contact) no ha sido precisamente adecuada. El camino que se ha adoptado para adaptar las más de novecientas páginas de la novela ha sido el más sencillo y vulgar, no adaptarla, limitarse a ofrecer retazos del argumento con decenas de personajes que aparecen y desaparecen como sombras, sin tomarse la molestia de realizar una base argumental sólida y bien definida. Esto causa el efecto de estar viendo un tráiler largo (y muy aburrido) de una película de muchas más horas de duración.

Por otro lado debemos de hablar del británico David Yates, realizador de televisión y novel en esto de la pantalla grande que tiene un estreno bastante discreto. Romo, sin personalidad, ni imaginación, se limita a copiar (mal) el estilo impuesto por Alfonso Cuarón en la extraordinaria “El prisionero de Azkaban” (quedará para la historia de la estupidez, el que este genio cinematográfico no haya tenido la oportunidad de repetir detrás de las cámaras en esta saga) y continuado luego de manera irregular pero interesante en la desigual aunque intensa “El Cáliz de Fuego” (esta bajo la dirección del siempre correcto, y a veces genial, Mike Newell), pero sin aportar nada nuevo y “potenciando” los defectos existentes en el último capítulo, una dirección de actores exagerada (que aquí alcanza ya cotas ridículas con demasiada frecuencia, resulta increíble ver a Imelda Staunton tan mal), una premura en el montaje que se convierte en precipitación, la película tiene tanta prisa por avanzar que no se preocupa por saltar las vallas, se estrella contra ellas y un uso incorrecto de los efectos digitales que están realizados de una manera efectista y poco creíble (ya pasaba con las sirenas de la segunda prueba en la cuarta película, pero aquí la cosa se agrava con la representación digital del hermano gigante de Hagrid). De su labor sólo destacar algún que otro encuadre interesante (el arranque de la película nos ofrece una imagen francamente sugerente del conocido vecindario en el que habita nuestro Harry) y retazos aislados de la set-piecé final que, si bien no alcanza un grado de emoción y potencia visual especialmente brillante, si consigue alguna imagen que se sale de la mediocridad de la película, especialmente en el combate entre Voldemort y Dumbledore.

Y poco más se puede decir, salvo confirmar, por enésima vez, que cuanto más alto sea el número que sigue al título de una saga, más baja será su calidad. Al menos esto es “lo que hay” en este verano de (mal) cine.

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