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¿El canto del Cisne del Gran Hollywood?

el  Lunes, 10 February 2020 13:35 Escrito por 

"Un hombre, un voto... y a cada mono su plátano". (Gomaespuma)

Desde el año 2010, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS) de los EE. UU. amplió el abanico de nominadas a la Mejor Película pasando de las tradicionales cinco a un repertorio máximo de diez como excusa para potenciar la taquilla global de su Industria.
 
Dicha modificación llevó aparejada la inclusión del llamado "voto preferencial" en el tramo final del proceso selectivo (con las candidatas finales en disputa directa del galardón) y únicamente para esta categoría, con el ánimo -en teoría- de abarcar el mayor consenso posible. Esta salomónica decisión era la apuesta por revitalizar tanto la propia ceremonia de entrega de premios (la AMPAS observa con preocupación cómo cae la audiencia televisiva año tras año) como rivalizar con la globalidad e inmediatez de algunas RR. SS.
 
De tal manera, hubo fallidas tentativas como crear un premio a la Película Más Popular, (globo-sonda de efímero tránsito entre los diversos despachos de las Majors) como disparate más destacado aunque no único, ya que el preferential ballot se mantuvo y vemos que, por desgracia, se consolida.
 
Aún con el vergonzante recuerdo de la encerrona sufrida a Chazelle y su excepcional La La Land (2016) por parte de sus haters y que otorgaron el máximo laurel a la bienintencionada, (pero enormemente deficiente en técnica y narrativa) Moonlight (2016) de Jenkins, la AMPAS vuelve a posibilitar el triunfo de un film que no es ni la segunda o tercera mejor opción de todas las películas nominadas, aunque sí que es una solvente producción con una narrativa creciente en su interés, seña propia de autoría de un cineasta por el que confesamos una simpatía en la mayoría de su original filmografía, tal y como ya comentábamos en la quiniela del pasado sábado 8 de febrero.
 
No debería ser noticia que una película menor gane a rivales con calidades superiores (ejemplos sobran, como el Titanic (1997) de Cameron); pero desde hace una decena de años se ha modificado la normativa de sufragio a la hora de otorgar el Premio a la Mejor Película. Los requisitos están explicados de una manera concisa y clara en el breve artículo de Adam Chitwood titulado Here´s How the Complicated Best Picture Voting System Works publicado el 5 de febrero en el magazine Collider. La versión resumida y no tan clarividente como la escrita por Chitwood sería más o menos así, peor que mejor explicada:
 
Todos los electores anotan las nominadas por orden de querencia (de más valorada, a menos). Se cuentan los votos de la primera opción de cada votante. Si alguna suma al menos 50.1% de los votos, es la ganadora. Si no, se elimina de la disputa, la película que haya recibido menos votos como primera opción. Los sufragios de cada film eliminado se redistribuyen a la segunda opción de cada votante. Si después de eso una película ya suma 50.1% de los votos o más, vence. Si no, se vuelve a excluir la siguiente película con menos papeletas, y se repite la redistribución de votos. Si la segunda opción de cada votante ya fue "exterminada", su voto pasa a su tercera opción. Y así sucesivamente hasta que una resulte ganadora. Un entuerto marxista entre las primeras partes contratantes y las segundas partes contratantes mientras nos empachamos con más huevos duros, vaya.
 
Así que la idea original de AMPAS por ensalzar el gusto medio del votante ("no era mi favorita pero tampoco me desagrada") y alejarse de las polémicas de antaño de si esta o aquella película merecía el Oscar se ha tornado como diabólica y no ajustada a criterio. El supuesto remedio que evitaba las perniciosas "influencias" que en los últimos lustros ejercía el sátrapa Harvey Weinstein entre los miembros de la Academia ha provocado un alud de tendencias partidistas que ya no votan por el film que creen puede ser merecedor de tal honor. Ahora se calcula la estrategia de cómo eliminar a mi principal rival y que mi proyecto acabe triunfando en segunda o tercera ronda entre los académicos que aceptarán el resultado como incluso "mal menor". Y todo, por intentar pillar una porción más grande de esa tarta mundial con forma de "like".
 
Es el signo actual de los tiempos; el ofrecer una mediocridad que no rebase la delgada línea de la irreverencia contracultural, el castrar cualquier tentativa original de subversión ante las masas no vaya a ser que se rebelen o, cuando menos, empiecen a pensar por sí mismas. Separadas del rebaño, las excentricidades cinematográficas quedan confinadas en territorios-reserva en donde poder empequeñecer las obras de esos nuevos cineastas y aquellos que consiguen una breve notoriedad (gracias a la tenaz lucha de los -cada vez menos- hombres de Númenor que velan por revelarnos a los que amamos este Arte, la existencia de dichos profesionales) se diluyen por la falta de canales de distribución adecuados. Si a Scorsese lo ningunean de esta manera con el silencio cómplice, ¿qué suerte futura pueden esperar los Sean Baker, Károly Ujj Mészáros, Dan Kwan, Chloé Zhao, Nadine Labaki o los autores que están por llegar?.
 
Muchos dirán -quizás con acierto- que no es el foro adecuado para ese tipo de cine, que los Oscar son premios con espíritu de resonancia global y sí, pero también son premios "locales" creados por su propia industria cinematográfica para impulsar sus proyectos. ¿Qué sentido tiene nominar a Parasite como Mejor Película y Mejor Película Extranjera?.
 
Si el deseo de la AMPAS es evitar la lenta muerte mediática de su Gala (que ellos asocian indisolublemente a la fortuna y proyección internacional de su industria), mejor sería que buscaran fórmulas más coherentes como (y este es un brindis al Sol) crear unos premios internacionales en donde compitan en igualdad de condiciones todas las academias nacionales en todas las categorías y reservar los Oscar como lo que siempre han sido, un evento que ensalza lo mejor y peor del Gran Hollywood, capaz de premiar a John Ford con seis Oscar como Mejor Director -dos por documentales- pero ninguno por los "Western" que dirigió.
 
Veremos cómo acaba toda esta historia.
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El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

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