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El Increíble Finde Menguante

el  Miércoles, 08 May 2019 13:29 Escrito por 

"Alba, ¿estás durmiendo?."

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: El Increíble Finde Menguante
  • Año: 2019
  • Director: Jon Mikel Caballero
  • Guión: Jon Mikel Caballero
  • Reparto: Iria del Río, Adam Quintero, Adrián Expósito, Luis Tosar.
  • Duración: 90 min.
Todavía reponiéndonos de los increíbles ecos de la resonancia emocional de ese formidable espectáculo que es el Avengers: Endgame (2019) de los hermanos Russo, nos llega a la parrilla de estrenos de esta semana la ópera prima del navarro Jon Mikel Caballero, El Increíble Finde Menguante. Rodada en su integridad en el agreste, hermoso y cinematográfico Valle de Azkoa durante el verano de 2017, Caballero nos presenta a tres parejas de millennials que van a pasar un fin de semana a una casa rural para desconectar de la realidad que aletarga sus vidas. Vidas que por una razón u otra, ven pasar a una velocidad que les obliga replantearse sus objetivos vitales y profesionales inmediatos con la asunción o no de las responsabilidades inherentes a los mismos.
 
Calificada por el propio director como una película generacional, toca de lleno y con acierto, la precariedad laboral y su reflejo retributivo para con una hornada de adultos que se supone la mejor preparada de siempre, pero que tiene que recuperarse del impacto que les supuso descubrir el engaño que esta sociedad de libre mercado les ha estado ocultando desde su más temprana formación. En la huída laboral de la pareja formada por Claudia y Mark vemos el perfecto ejemplo de lo que supone para un Estado, la sangría de preparar a excelentes profesionales para que tengan que emigrar a otras latitudes. Esa inversión en educación formativa y conocimientos teóricos es desperdiciada por los Gobiernos de turno, más interesados en aborregar a la masa social con somas catódicos que en despertar las conciencias colectivas como paso previo a la creación de una sociedad culta y vigilante en su ética ante los desmanes de la clase dirigente.
 
No es nada nuevo ese desamparo que sienten los protagonistas aunque Caballero (Pamplona, 1985) lo asume como propio por cuestiones lógicas. Desde que la Humanidad salió de la cueva en busca de mejores condiciones, las semillas nuevas siempre han buscado germinar en mejores terrenos que los que ya conocían, campos de labranza en muchos casos inadecuados para las nuevas técnicas de cultivo. Esa necesidad de marcar tu propio destino es lo que confiere a los humanos su mejora como especie y su excepcional singularidad. En el Cine hemos visto cumplidos ejemplos de todo ello a través de los años. Partiendo de la Revolución Industrial como origen de ese agravamiento intergeneracional, cada década tiene su fiel reflejo como deudora de la época en la que los jóvenes tuvieron que replantearse su lugar en el mundo. Sin querer ir hasta el Metropolis (1927) de Lang o el Modern Times (1936) de Chaplin, las angustias existenciales de esa pieza que no encaja en el rompecabezas planteado por Nicholas Ray en su Rebel Without a Cause (1955), pasando por la exploración sin rumbo fijo de la contracultural Easy Ryder (1969) de Dennis Hopper sirven como ejemplos de lo citado. Ya, en la optimista (hasta el infantilismo más naif) década de los Ochenta, bajo la falsa égida reaganiana llegaron títulos como la infravalorada Diner (1982) de Barry Levinson, la más icónica The Breakfast Club (1985) de John Hughes o la avejentada St. Elmo´s Fire (1985) de J. Schumacher.
 
Saltando a los Noventa, la demoledora La Haine (1995) de Kassovitz y la brillante Trainspotting (1996) de Boyle, alarmaban desde la Vieja Europa que los cuentos más clementes disfrutados en la sobresaliente Beautiful Girls (1996) de Ted Demme, la genial irreverencia del SubUrbia (1996) de Linklater o en esa loa de autor indie que Kevin Smith firma para su atípica Chasing Amy (1997), no eran del todo clarividentes ante lo que estaba a punto de ocurrir. El colapso del bloque antagonista al sistema capitalista, dejó a las ovejas (borregos, si me apuran) al cuidado de los lobos. Las excepcionales Barrio (1998) y Los Lunes al Sol (2002) de León de Aranoa señalaban directamente a los responsables de los males inmediatos que en la actualidad estamos sufriendo, en algunos casos llevados hasta la angustia más desasosegante como la excepcional The Florida Project (2017) de Sean Baker, la traumática Capernaum (2018) de Labaki o la aplastante An Elephant Still Sitting (2018) del malogrado Hu Bo.
 
Historias universales comunes a las diferentes culturas de los paises del Primer, Segundo o Tercer Mundo que Caballero como gran logro argumental, traslada a un contínuo y menguante bucle temporal que solo Alba, treinteañera irresponsable y papanatas es capaz de gestionar. Esta cuenta atrás conciencia a nuestra protagonista del inexorable paso del tiempo. Su vida pasa a toda velocidad y está en el momento único de cambiar aquellas cosas que no le gustan. Es su oportunidad. Solo ella es responsable de su futuro. De ella depende seguir viendo pasar la vida con hastío y dejadez o golpear la mesa con puño firme y tomar las riendas de su futuro. 
 
Y es interesante que el director y guionista revista toda esta propuesta desde un punto de vista narrativo que hace equilibrios entre el Fantástico más doméstico y el género romántico menos edulcorado. Cierto que el recuerdo de la mítica Groundhog Day (1993) de Harold Ramis está más que presente, pero solo como base arquitectónica para construir una robusta fábula que emerge con solidez a pesar de la sencillez de su epílogo. Quizás es dicha resolución el mejor final posible para esta producción en donde destacamos las acertadas localizaciones que nos llevan a esos frondosos parajes disfrutados en El Bosque Animado (1987) de Cuerda o en El Laberinto del Fauno (2006) de Guillermo del Toro y en los muy coordinados y acertados diálogos entre sus protagonistas, fruto de una evidente sincronía en las previas lecturas de guión y sus ensayos.
 
Como ópera prima es una esperanzadora llegada del cineasta navarro al largometraje y su propuesta estética con respecto al formato usado en su aspect ratio (inicialmente el panorámico 16:9) hasta su menguante encuadre es de una muy agradecida originalidad que revela a Caballero como un autor a tener en cuenta en el futuro de la cinematografía española, hambrienta de nuevos talentos y que como en otras industrias, se encuentra aquejada de los mismos males que la película denuncia con sutil elegancia.
 
El Increíble Finde Menguante es un film de fácil digestión que como casi todas las primeras obras de envergadura peca de ciertos defectos que no obstante, no restan méritos a una nota final satisfactoria en su conjunto y que como mínimo, la calificaríamos como curiosa. Y eso, en el cine del Estado, ya es excusa más que suficiente para su visionado.
 
El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

Y además...

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