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Glass

el  Lunes, 21 January 2019 12:39 Escrito por 

Colorín, colorado...

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: Glass
  • Año: 2019
  • Director: M. Night Shyamalan
  • Guión: M. Night Shyamalan
  • Reparto: James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson,
  • Duración: 129 min.

Hace diecinueve años, el cineasta M. Night Shyamalan sentía como medio planeta observaba con intensidad la noche de premiere de Unbreakable (2000), su por aquel entonces cuarta película. Tenía los lógicos nervios del estreno, pero en esta ocasión el nivel de estrés era especilmente alarmante. Se sabía en boca de todos con el comentario general si igualaría (no digamos superar) el excepcional nivel mostrado un año antes en su anterior trabajo, la apoteósica The Sixth Sense (1999).

Para su fortuna y la de todos los que seguimos su carrera, Unbreakable (2000) supuso la confirmación de un formidable contador de historias que sabe mezclar a partes iguales, intriga, entretenimiento y propuestas artísticas de calidad al alcance solo de los auténticos genios dotados de una singular visión; irrepetibles talentos que salen muy de vez en cuando, llámense Kubrick, Spielberg, Burton (Tim, no Richard) o los que quieran ustedes añadir a la lista.

Unbreakable (2000) plantea la posibilidad que el legado de la humanidad, sus temores, sus oraciones, sus anhelos y deseos hayan sido recogidos no sólo en la tradición oral durante miles de años, si no que además de plasmarlos con la invención de la Escritura (papiros, piedras...) pudieran ser grabados en los comics y en especial, aquellos por los que los estadounidenses tienen mayor estima: los de superhéroes de capa al viento y ropa interior visible. Aunque pueda sonar a chirigota, lo cierto es que tanto argumental como cinematográficamente el film es una suerte total a la hora de disfrutar de la apuesta que Shyamalan nos propone e incluso se reta a si mismo y consigue un epílogo con giro (más o menos sospechado) que no desentona y hasta para muchos, sorprende.

El cineasta de raíces hindúes continuó su carrera profesional hasta el 2008 con producciones tremendamente entretenidas en el peor de los casos y muy interesantes y relativamente originales en la mayoría de las ocasiones. Tanto ese cuento de terror invisible que era su Signs (2002), como la turbadora agonía que sufren los habitantes del poblado en medio de ese lúgubre bosque que era The Village (2004), la pequeña hermosa historia vista en Lady in the Water (2006) que pasaría por obra del mexicano Guillermo del Toro, pero que es fruto de su inventiva para adormecer a sus hijos o la "hitchcockiana" The Happening (2008), brillante pesadilla imposible recientemente plagiada por la pésima Bird Box (2018); todos eses largometrajes escritos por el propio cineasta y en tan breve espacio temporal lo encumbraban al Olimpo cinematográfico de directores con una mirada única.

Pero la luz que iluminaba ese torrente de ideas, proyectos y retos, empezó primero a parpadear para posteriormente apagarse tras el fiasco de The Last Airbender (2010) y la plúmbea After Earth (2013). Decía Billy Wilder que en Hollywood vales lo que tu última película, sentencia de una crudeza irónica pero tan cierta como que en España, la Justicia es una señora sin vendas en los ojos y con una balanza prestada por el dueño del ultramarinos de la 13, Rue del Percebe.

Así que el bueno de Shyamalan se mira un buen día al espejo y se pregunta "¿y ahora qué hago?". Una vocecita en su interior le dice "repite fórmula de éxitos pasados, que al público le va a dar igual". "Pero ¿cómo?, si Bruce Willis ya sabe que es un fantasma"- responde. "No, hombre con ésa no que no la mejoras, inténtalo con la del superhéroe, que puede dar aún juego". "Uhmm... vale, pero la vamos a alargar en una trilogía ahora que están tan de moda y si alguien me pregunta les diré que ya lo tenía desde hace dos décadas planeado". "Bueno, me parece bien, pero deja de hablarle al espejo que tu pareja empieza a mirarte con temor" -concluyó la vocecita (luego su mujer supo que era el representante, que le hablaba por un pinganillo inhalámbrico. Se quedó más tranquila, la verdad).

En fin, que en 2016 dirige Split, largometraje con el que recupera cierta tensión narrativa, de marcado espíritu indie, como para restañar las heridas de sus anteriores descalabros de enormes presupuestos. Película que mereció mejor fortuna comercial y más reconocimiento de la otrora rendida crítica especializada y que nos regalaba un guiño final con vistas a un desenlace entre héroe y Bestia. Guiños que por recurrentes, han dejado de sorprendernos y que vemos innecesarios en muchas de sus obras. Es como si el cineasta se sintiera "obligado" a dejarnos expectantes ante la resolución de sus películas y que en Glass (2019) alarga de manera insufrible como el cierre interminable de The Return of the King (2003)

Y así llegamos hasta el día de ayer, con una recuperada ilusión por el bueno de Shyamalan por ver qué solución nos ofrece a todas las cuestiones planteadas a lo largo de todos estos años sobre las venturas de David Dunn, las maquiavélicas maquinaciones de Elijah Price y un tercer convidado, Kevin Wendell Crumb (y sus múltiples personalidades) que damos por bueno si la ocasión lo merece.

¿Y lo merece?.

No voy a entrar en el terreno de los spoilers, ni tan siquiera contar aquello que se pueda ("y hasta aquí puedo leer"- Mayra Gómez Kemp, dixit). Voy a intentar ser lo más honesto posible en mi epílogo y sí, id a ver la película y extraed vuestras propias conclusiones, pero personalmente, Glass (2019) me aburrió a niveles cósmicos, con una penosa argumentación, con sus personajes planos, carente de ritmo y una mejorable producción técnica (lo del uso de los colores, es tan artificial que parece salido del fin de proyecto de primer semestre de una escuela de cine). Un telefilme de sobremesa de martes lluvioso en donde tienes que esperar al fontanero que ya lleva un par de horas de retraso y no encuentras mecheros ni cerillas para poder encenderte el cigarro que llevas oliendo, si no lamiendo).

Shyamalan debería replantearse el dejar de escribir sus propias películas, por que oficio tiene, pero corre el riesgo de entrar en el club de los Alex Proyas, Kevin Smith, Álex de la Iglesia y tantos otros. Autores de refererencia en el pasado pero que ahora se autoparodian como único sustento, propio del tránsfuga parlamentario de turno que no tiene nada más que ofrecer salvo su devaluada marca registrada.

Una pena. Pero no perdamos la esperanza de que nos vuelva a sorprender si consigue un mejor asesoramiento y con colaboradores más adecuados por que insisto; sus primeras películas siguen ahí en nuestra memoria y las seguimos disfrutando.

Y ahora, ya podéis empezar la lapidación.

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