Scifiworld

Scorsese y el Séptimo Arte

el  Sábado, 09 November 2019 16:42 Escrito por 

¿Puede el cine no ser Arte?. ¿Y el CINE lo es siempre ?.

El 4 de octubre, Martin Scorsese concedió una entrevista en Inglaterra al magazine Empire sobre su muy ansiada y esperada película The Irishman (2019), la adaptación cinematográfica de la novela I Heard You Paint Houses (2004) del escritor e investigador Charles Brandt, guionizada por el ganador del Oscar en 1993, Steven Zaillan.
 
De manera consciente el cineasta neoyorquino (Queens, 1942) alerta durante el acto promocional, de la deriva en la calidad global de las producciones que en los últimos lustros monopolizan casi exclusivamente las proyecciones para la gran pantalla. Y lo hizo de una manera tajante, amplificado por la eyaculaciones irreflexivas de la fauna que pulula en las RR. SS. como si de un enorme y extremo titular de portada extra, de edición especial de tabloide dickensiano se tratara.
 
Estas declaraciones, en boca de uno de uno de los mejores directores de la Historia del Cine y el mejor filmador estadounidense que aún se mantiene en activo de su generación -aquella que cambió el vetusto Hollywood como bien nos narrara Peter Biskind en su memorable Moteros Tranquilos, Toros Salvajes-, provocaron un tsunami mundial de reacciones no sólo es sus compañeros de profesión si no también en la ingente legión del fandom que el universo cinemático de Marvel (la principal compañía señalada, pero no la única responsable) posee gracias a una excepcional estrategia comercial iniciada por el visionario Kevin Feige hace ya más de tres lustros con la que iba ser su punta de lanza, la rupturista Hulk (2003) de Ang Lee y sobre todo el sleeper Iron Man (2008) de Favreau. 
 
El septuagenario Marty no negaba la mayor en cuanto a la producción de este tipo de filmes pero "para mí no es cine. Técnicamente están bien hechas y los actores se esfuerzan lo mejor que pueden bajo esas circunstancias, pero se acercan más a las experiencias vividas en los parques temáticos. No es el cine de seres humanos tratando de transmitir emociones psicológcas a otro congénere"; sentencia similar que ya el 23 de agosto de 2018 manifestara Ethan Hawke en la promoción de la demoledora y exigente First Reformed (2017) del cáustico Schrader a Rory O´Connor para Film Stage sobre lo exagerado en las loas que el Logan (2017) de Mangold tuvo, en parte por la crudeza inusual de su arco argumental para lo que el Fantástico está acostumbrado a ofrecer. "Nos dicen que es una gran película. Bueno, es una buena película de superhéroes, pero no es Bresson, no es Bergman pero hablan de ella como si lo fuera. Hay diferencia, pero las Majors quieren convencerte de ello porque quieren ganar mucho dinero con ella". Rescato ventajosamente las palabras del intérprete de la notable Gattaca (1997) de Niccol, porque me llevan a la misma conclusión que tuve tras el visionado de la sobrevalorada Joker (2019) de Phillips.
 
Pero volviendo a la polémica ¿gratuíta? creada por las palabras de Scorsese, conviene destacar el elegante discurso de Robert Downey Jr. durante la punitiva entrevista que ese genial outsider llamado Howard Stern realizó en su programa de radio el 7 de octubre. Tras muchos intentos fallidos por buscar la confrontación que el polifacético comunicador quiso lograr del intérprete principal del Chaplin (1992) de Attenborough, Downey Jr. mantuvo la amplitud de miras y el respeto a una opinión diferente a la suya como "aquellos que puedan decir que tu programa no es radio, si no un simple show". Más acerado se manifestó el feliz responsable de esa formidable space opera titulada Guardians of the Galaxy (2014), James Gunn: "de la misma manera que discrepé con las personas que criticaban The Last Temptation of Christ (1988) sin haberla visto, me ocurre lo mismo con las palabras de Scorsese".
 
Así que en un artículo de opinión publicado el 4 de noviembre por The New York Times, el propio Scorsese intenta explicar sin ánimo de ofensa sus pasadas declaraciones de principios de octubre. Incide nuevamente en la calidad técnica de los filmes, en el talento en los departamentos artísticos, en la profesionalidad de los actores "se puede apreciar en la pantalla", puntualiza. Pero no le gustan y lo achaca a una cuestión generacional y que desarrolló un sentido de lo que era y podría ser una película, muy distante de lo que propone Marvel. "Para mi el cine se trataba de una revelación estética, emocional y espiritual; de personajes con una complejidad y naturaleza contradictoria, a veces paradójica. La forma en que se pueden lastimar unos a otros y de amarse y encontrarse cara a cara con ellos mismos". Es llamativo que dos de sus trabajos más ambiciosos al respecto como la citada The Last Temptation of Christ (1988) y The Age of Inncence (1993) no sean de las más recordadas por sus seguidores.
 
Continúa en su artículo, a corazón abierto, que dichos proyectos "se intentaban hacer como una forma de Arte. Ésa fue la clave. Hubo cierto debate en su momento. Los que defendimos el Cine como un igual a la Música, la Pintura o la Danza comprendimos que ese arte cinematográfico se encontraba en diferentes lugares y en la misma forma. The Steel Helmet (1959) de Fuller, Persona (1966) de Bergman, It´s Always Fair Weather (1955) de Donen y Kelly, Scorpio Rising (1963) de Anger, Vivre Sa Vie (1962) de Godard o The Killers (1964) de Siegel". Cita una variedad exigente, no casual, pero que entendemos como base formativa que moldeó al ya conocedor de la épica fordiana y de la familiar herencia neorralista, en sus primeros y atormentados años de profesionalización, coqueteando desde la distancia por mor de su delicada salud de juventud, con ese imposible lumpen callejero.
 
Destaca el impacto que le produjo la obra de Hitchcock aceptando que el propio cineasta londinense acabó por crear un sello de autoría propio que bien podría considerarse como una de las primeras franquicias en la industria cinematográfica "algunos dicen que Hitchcock se plagiaba así mismo, incluso el propio director se lo llegó a autoplantear pero la similitud de secuencias de las sagas actuales son otra cosa". Y añade algo que consideramos muy esclarecedor dada su relevancia: "Muchos de los elementos que definen el cine como yo entiendo, están en Marvel. Lo que no hay es revelación o peligro emocional genuíno. Nada está en riesgo. Las escenas satisfacen una demanda específica y están diseñadas como variaciones en un número finito de temas. Son secuelas de nombre pero remakes de espíritu, listas para su consumo inmediato. El público se sorprendió y emocionó con Psycho (1960) y no la han olvidado, pero no creo que volvamos a esos títulos por sus secuencias si no por lo que nos conmocionó el presenciar la absoluta pérdida que sufre el personaje de Cary Grant en North by Northwest (1959)". 
 
En referencia a esto último es evidente que cuanto más elaborada se presente la psique del personaje y sus motivaciones, más probabilidad hay de despertar en nosotros una querencia imborrable pero Hitchcock es una vara de medir envenenada en su defensa. El británico, poseedor de una técnica excepcional, con un dominio de la composición comparable a cualquiera de sus colegas contemporáneos, no era reconocido precisamente por ser un notable narrador de historias (no hablemos de sus sonrojantes epílogos en muchas de sus obras) y que siempre encajó de mala manera en su desmedido ego. Se le acusaba de aquello mismo que hace ahora Scorsese con producciones supuestamente de artificio visual y poco más. Pero dentro del cine de acción -tan digno y respetable como cualquier otro género- también existen diferencias y aquí radica probablemente el enojo de los seguidores de los mundos capitaneados por Stan Lee y sus colaboradores. No valoramos de igual manera las venturas y suerte final de Tony Stark a las que tiene Optimus Prime en las mareantes películas que en la mayor parte dirigió el insoportable Michael Bay; como tampoco admite comparación la Trilogía Original del Star Wars de Lucas, con el atropello que está a perpetrar el huno Jar Jar Abrams con la familia Skywalker para disgusto de millones de sus seguidores.
 
"Marvel es todo lo que no son las películas de Paul Thomas Anderson, Spike Lee, Ari Aster, Kathryn Bigelow o Wes Anderson. Sé que voy a ver algo nuevo e inesperado. Mi sentido de lo que es posible contar en cine se potencia"; incide el director, quizás en exceso, identificando en Marvel una responsabilidad hegémónica como ejemplo más llamativo de la denuncia que está a punto de trasladar a los lectores y que sospechamos es la auténtica motivación real de toda esta historia. "Pero ese cine está en peligro de exhibición en las salas porque están dominadas por las franquicias. Cada vez hay menos cines independientes y no conozco ningún cineasta que no quiera proyectar su película ante el público en la gran pantalla. Y eso me incluye a mi también y lo digo como alguien que acaba de completar una película para Netflix. Nos permitió rodar The Irishman garantizando una ventana de protección para su exhibición en cines. Estaré siempre agradecido por ello. Y si me dicen que es una mera cuestión de oferta y demanda voy a estar en desacuerdo. El problema es el huevo y la gallina. Si sólo das un tipo de cosa, sólo querrán ese tipo de cosa". 
 
Scorsese avala la Teoría del Millón de Moscas como inapropiada y con ganas aplaudimos su acierto. El motivo porque The Irishman la produce Netflix es porque el proyecto tal y como tenía en mente el cineasta no tuvo el respaldo que primero buscó en el Gran Hollywood (si no tienes un Malpaso o un Perdido Productions por mucho que te apellides Eastwood o Allen, las aseguradoras no avalan posibles cancelaciones motivadas por la edad de estos creadores. Puede que vengan nuevos mecenas pero en el caso de Woody Allen la experiencia con el negrero Bezos ha sido mortificante para el cómico de Brooklyn). Y en relación a la idoneidad del tamaño de la pantalla en donde visionar los largos, medios y cortometrajes, nos vamos a poner numantinos en nuestra postura inamovible. El Séptimo Arte está concebido para disfrutar en pantalla grande desde que la mayor sábana blanca que pudieron encontrar los hermanos Lumiere se usó para su L´Arrivée d´un Train à la Ciotat (1895), soporte evolucionado con los años y disfrutado por diversas generaciones que ni parpadearon con la excepcional Metropolis (1927) de Lang, pasando por la hermosa Dersu Uzala (1975) de Kurosawa, la intimista The Florida Project (2017) de Baker o ese memorable espectáculo titulado Avengers: Endgame (2019) de los hermanos Russo. Todos los demás soportes audiovisuales se pueden parecer, incluso acercar. Pero no es lo mismo.
 
Y no excluye el cineasta de Queens la validez de formatos de ocio como Netflix, iTunes o Hulu, "pero no en pantalla grande, donde el filmador pretende ver su foto. En las últimas décadas ha cambiado la industria. Productos prefabricados, hechos por profesionales de valía pero que carecen de lo esencial en el cine: La visión unificadora de un artista individual, porque por supuesto, esto es el factor más arriesgado. Ciertamente no implica que las películas deban ser una forma de arte subsidiaria o que alguna vez lo fueron. Cuando el Sistema de Estudios de Hollywood aún estaba vivo y con buena salud, la tensión entre los artistas y los directivos que dirigían el negocio era constante e intensa pero produjo algunas de las mejores películas jamás hechas. En palabras de Bob Dylan, los mejores eran heroicos y visionarios. En la actualidad hay una indiferencia a la cuestión misma del Arte. Hay entretenimiento audiovisual con el soporte financiero que margina e incluso desprecia la existencia de la otra opción. Para cualquiera que sueñe con hacer cine o que está empezando, este momento es brutalmente inhóspito para el Arte y el acto de escribir esto me llena de terrible tristeza".
 
He aquí el quid de la cuestión. No es ya tanto que exista un predominio monotemático exagerado de propuestas cinematográficas. No olvidemos que todo esto ya tiene precedentes. El más reciente fue la pugna de las Majors ante el incipiente e imparable mercado televisivo doméstico de los 50 en EE. UU. y su reacción con nuevos formatos de scope, parejos a las superproduciones de la época como los Quo Vadis (1951), The Ten Commandments (1956), Ben-Hur (1959), The Longest Day (1962), Cleopatra (1963), etc... que inicialmente llenaron las butacas de las salas, pero la sobresaturación de dicha oferta casi hace desaparecer al Gran Hollywood. Sólo la irrupción de aquellos barbudos y melenudos cineastas contraculturales de los Setenta surgidos al amparo de los precursores Penn, Schaffner, Peckinpah, Fleischer... (a su vez deudores de los Ford, Welles, Huston...) y de la bocanada de aire freco que supuso la Nouvelle Vague en casi todos ellos, permitió un salto evolutivo en el cine americano que evitó la endogamia narrativa más propia de violentos orangutanes xenófobos.
 
Scorsese menta a Marvel como reclamo mayor, pero una vez conseguida la atención, su acusación va para estos tiempos de elogio a la ignorancia, de carcajada propia de hienas engominadas, de masas aborregadas en el "todo incluido". No lean, no piensen, no critiquen. No nada, en definitiva.
 
Más razón que un santo.
 
 
 
Más en esta categoría: « Doctor Sueño
El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

Y además...

04.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2019 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..