Scifiworld

Star Wars: Episode IX-The Rise of Skywalker

el  Domingo, 22 December 2019 08:05 Escrito por 

Abrams desbocado.

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: Star Wars:Episode IX-The Rise of Skywalker
  • Año: 2019
  • Director: J J Abrams
  • Guión: J J Abrams, Chris Terrio.
  • Reparto: Daisy Ridley, Adam Driver, Carrie Fisher, Mark Hamill,
  • Duración: 261 min.
Cuando en 2012 George Lucas vendió a Disney por 4.050 millones de dólares (con la sana intención de legar esa fortuna a causas sociales) la gran creación de su vida profesional -aquella que cambió y de qué manera la perspectiva vital de millones de niños, adolescentes y adultos a finales de los Setenta y principios de los Ochenta-, no se imaginaba que la esperanza de haber testado en la poderosa compañía del ratón la salvaguarda de su descomunal talento iba a ir por derroteros tan dispares a los propuestos por el propio cineasta californiano.
 
En el acuerdo del 30 de octubre de aquel año, no se reconocía de manera explícita el derecho de Lucas a poder aportar y/o aprobar un nuevo arco argumental en la futura tercera trilogía (la intención primigenia era desarrollar las aventuras de la familia Skywalker en doce episodios) pero como reconoce en su autobiografía The Ride of a Lifetime el actual CEO de Disney, Bob Iger "George dio por supuesto que era inherente de forma tácita", como un acuerdo entre caballeros, de los que con un apretón de manos llega para iniciar una colaboración provechosa y enriquecedora.
 
Colosal error de cálculo del director de American Graffiti (1973) y más teniendo en cuenta la experiencia vivida a raiz de la tortuosa relación que tuvo con la Twentieth Century Fox en su trilogía original (1977-1983) y que acabó por producirle un hartazgo de todo lo relacionado con Star Wars retardando durante décadas la culminación de lo que se suponía la revitalización del sub-género de la space-opera, aderezado con la eterna dualidad entre el Bien y el Mal, su amor por la épica en las aventuras de la Ciencia Ficción más naif gozadas en los canales televisivos de su infancia (desde la reposición del primer Flash Gordon (1936) catódico hasta el Forbbiden Planet (1956) de Wilcox), pasando por la impronta que le dejó títulos como el Metropolis (1927) de Lang o las correrías de Mifune en la Kakushi-toride no san-akunin (1958) de Kurosawa y cerrando este túrmix creativo en la reinventiva triunfal de los diseños de naves y vestuario de los Aliados y del Triple Eje de la II Guerra Mundial, adaptándolos a un "Universo gastado del uso".
 
Según sus propias confesiones, que recoje de manera muy acertada Brian Jay Jones en su sobresaliente biografia George Lucas: A Life, el cineasta retomó el proyecto de su muy lejana galaxia a finales del S. XX, ante las significativas mejoras que su ILM estaba consiguiendo en el campo audiovisual (sonido THX, CGI digitales, nuevas y enormes cámaras de filmación precursoras de las que en la actualidad son comunes en la mayoría de realizadores... ). Con humildad reconoce que no cree haber aportado nada significativo a la Historia del Cine a no ser el salto tecnológico en todo lo referente a lo digital siendo la otrora vilipendiada The Phantom Menace (1999) la precursora de todo ello. Y reflexionamos sobre esto porque con la perspectiva que da el paso de los años, el aún no muy apreciado Episode I y sus dos secuelas, se confirman como logros técnicos incuestionables y en la comparativa con las últimas películas del "ciclo Disney" hasta se antojan como bien inintencionadas en su argumento principal, al menos descubrimos un propósito honesto (aunque fallido) por contar una historia académica con presentación-nudo-desenlace en cada una de ellas y en el estudio analítico global.
 
Eso no ocurre, ni por asomo, en la tropelía narrativa sufrida en las tres disparatadas y acéfalas producciones lideradas por nuestra villana favorita Kate Kennedy y su mercachifle Jar Jar Abrams que flaco favor han hecho a la franquicia cortando cabezas "por diferencias creativas" en este Episode IX y en la incompleta trilogía de las nuevas aventuras de Han Solo.
 
Vaya por delante nuestro máximo respeto a todos aquellos que han disfrutado de las propuestas que Disney ha prostituido con su marca registrada de amilbaramiento, concordia y corrección política de vacuo contenido tan alejadas de esa irreverente rebelión que lucha contra el poder de un Imperio que aspira a traer "orden, paz y progreso" como argumenta El Cliente interpretado por Werner Herzog en el capítulo siete de la notable The Mandalorian, ejemplo óptimo de la diferencia entre delegar en artistas con criterio y respeto para y por el fandom total con Favreau y Filoni a la cabeza o ceder a vendedores de crecepelo como el creador de Lost y sus secuaces.
 
La ausencia de una planificación conjunta que desembocara en una visión única previa a la producción de los tres largometrajes que cierra la Saga, ha acarreado unas improvisaciones cuando menos sonrojantes en su línea capital y no solo en cada episodio, también en la suma final de esta definitiva tríada. Es por desgracia una seña de identidad de los tiempos que toca vivir. Una ausencia absoluta a la hora de tomar riesgos -calculados o no- en los guiones de las principales producciones del Gran Hollywood, más pendiente del impacto mediático inmediato que de las elaboradas tramas de no hace tanto tiempo. Vivimos momentos deudores del presente más rabioso en donde lo políticamente correcto y la simpleza en las propuestas van de la mano.
 
No es una excepción The Rise of Skywalker, de largo la peor película jamás filmada dentro del universo Star Wars. Y lo es por su poca pericia a la hora de trazar la sinopsis principal, la escasa profundidad en la descripción de los caracteres (tanto de los héroes como de sus antítesis) que roza la parodia slapstick hasta el bochorno más risible (esa incrédula afección insana entre Kylo y Rey), el ninguneo a una base sólida en los personajes de mayor rango con tal de lanzar una nueva marca de mercadotecnia para los nuevos consumidores.
 
El no saber hacia dónde dirigir el proyecto derivó en un autoplagio endogámico tomando como base principal secuencias y escenas icónicas de la franquicia catalizando su impronta con la ventajista -desde el punto de vista emocional- eliminación progresiva de los Han, Luke y Leia a cada cual llevados con peor fortuna. Maquiavélica "suelta de lastre" perpetrada por la propia Kennedy más pendiente de atrapar una nueva e imberbe cuota de mercado que en sumar todas las opciones del fandom. Y es que premonitorias fueron las palabras de Abrams de hace una semana escasa: "Star Wars es para niños". Sí, también; pero no solo para ellos. ¿Por qué rechazar al fandom ya existente?. ¿Y toma Abrams por trivial la inteligencia de estos menores?. A la mente nos vienen las declaraciones de un malhumorado Harrison Ford nada más acabar el rodaje de The Return of the Jedi (1983) "reconozcámoslo, hemos hecho una película para niños" mientras se quitaba la pelusilla de ewok de su chaleco. Fue el aviso de una banalización de lo que estaba por llegar y que con Abrams ha llegado a su máximo apogeo.
 
E incluso si para muchos toda esta insustancial ficción no es motivo de censura lo que no admite discrepancia es la imposible edición y la concatenación de secuencias y sus cierres. Como una carrera de cuádrigas sin control, se colapsan los distintos pasajes eyaculando torrencialmente con atropello desmedido, sin hilvanar ni lo más mínimo su desarrollo; pisoteándose tempos, espacios y personajes (abriendo nuevos caminos que no llevan a ninguna parte y en otros desaprovechándolos en la autoparodia -penoso el ninguneo a R2-D2, Landonis Calrissian o Wedge Antilles). Pero no se conforma Abrams con esto si no que consciente de sus limitaciones como fabulador, atenta con un puzzle retrospectivo, hueco de falso homenaje, de burda nostalgia, así resucitemos de entre las aguas el viejo X-Wing de Luke (por el otrora padawan de Yoda), recuperemos los talentos de voz de los James Earl Jones, Samuel L. Jackson, Liam Neeson, etc... o la más incongruente y dolorosa de todas; la apostasía de hollar la memorable puesta de soles de Tatooine con tal de lograr un puñado de lágrimas fáciles.
 
No hemos podido participar en la aventura de los Rey, Poe, Finn y compañía porque en ningún momento hemos sido creyentes en lo visto y eso que finalmente, claudicamos ante la propuesta de Disney. Una nueva trilogía que poco tiene que ver con las anteriores nos guste o no. Y no se trata de buscar la excelencia en los discursos pero no tiene por que ser incompatible con el género. Se puede disfrutar de las aventuras más ligeras como la lograda Solo: A Star Wars Story (2018) o ponerse más serios como con la formidable Rogue One (2016). No demos por sentado que el espectador no tendrá el suficiente criterio como para discernir entre el polvo y la paja. No los idioticemos, tengan la edad que tengan. Se puede llegar a todas las audiencias en la misma película y conseguir diferentes traducciones de una misma secuencia; aquellas tortugas que comparten corriente y parlamento con Dory y Marlin en Finding Nemo (2003) sigue siendo un ejemplo brillante.
 
No pretendemos defender numantinamente nuestra perspectiva, enarbolando la bandera del auténtico fanático pero tiene que haber un mínimo en los alegatos como al menos Lucas planteó en su segunda trilogía, no del gusto del que suscribe pero con un discurso definido. No habrá mucha esperanza para la futura nueva trilogía si Kennedy e Iger (que finalizan ambos contrato en 2021) siguen campando por sus anchas sin nadie que les sostenga los laureles sobre sus testas mientras les susurran a sus oídos aquello de la mortalidad del hombre, cruzaran o no el Rubicón o los ríos de lava de Mustafar.
 
Nueve películas después la familia Skywalker se despide para algunos con acierto y para otros con disgusto. A título personalísimo, no considero relevante las producciones bajo la tutela de Disney, ni siquiera desde la óptica de una valoración exclusiva en la épica de los acontecimientos (que no encuentro ni mirando bajo la carlinga del Halcón Milenario) y lo que es igual de lamentable en ese cardiograma plano que ofrecen de los villanos llámense Kylo Ren, Snoke o un embalsamado Palpatine.
 
Sí reconocemos un notable esfuerzo en el diseño de producción por parte de Rick Carter y Kevin Jenkins, así como la siempre excelsa labor de Michael Kaplan en hilos y costuras. Nada que objetar a la profesionalidad de la ingente plantilla de Lucasfilm, acostumbrada a abordar proyectos de una envergadura colosal que es el sustento final, la base sólida que evita que este inmenso castillo de naipes se desmorone al menor soplido. Al menos The Rise of Skywalker tiene eso y evita que nos arrojemos al primer TIE que pase delante de nosotros.
 
Y sí que hay algunas cuestiones con las que nos deleitamos. La relevancia que se da a C3-PO y al actor Anthony Daniels (el único que aparece en los nueve episodios) y que sonreímos con gusto sus ocurrencias siempre fuera de contexto como desde A New Hope (1977) no disfrutáramos, la breve aparición de John Williams (gracias eternas, maestro) y la recuperación del diseño del Templo Sith de Exegol que Ralph McQuarrie había elaborado para la recreación del Palacio Imperial en The Return of the Jedi (1983), decorado en el que se debería haber rodado el epílogo del largometraje, propuesta del propio Lucas y que la TCF no aprobó en el presupuesto del film.
 
Finalizamos esta crítica limitándonos a observar el canon derivado únicamente en las películas y pasamos de puntillas, sigilosos ante las novelas, cómics, videojuegos y series audiovisuales del Universo Expandido con la excepción que nos concedemos en la nueva presencia de The Ghost, la nave principal de Star Wars: Rebels (2014-18) que ya apareciera en Rogue One (2016) y un spoiler postrero como despedida. En el número 25 de la serie Darth Vader, se muestra como Palpatine usando sus poderes de Lord Sith manipula a los midiclorianos para embarazar a Shimi, la madre de Anakin. Por tanto, los Skywalker tienen sangre compartida con el Emperador, de ahí la facilidad con la que algunos de sus miembros tienen para caer en el Lado Oscuro de La Fuerza. De manera muy rupestre algo parecido intenta explicar como conejo sacado de chistera, Jar Jar Abrams.
 
Cuarenta y dos años después la Saga de las Sagas, finaliza dejando películas para todos los gustos y opiniones; pero lo que es de acuerdo unánime entre todos los amantes al Séptimo Arte es que la creación surgida de la excepccional inventiva de ese pandillero inadaptado nacido en Modesto hace ya 75 años es una referencia eterna que revitalizó el género de la Ciencia Ficción con unas propuestas técnicas, visuales y estéticas nunca antes vistas (perdonen la herejía, estimados Kubrick y Trumbull) y salvó a la TCF y como efecto dominó, al resto de las Majors, de una bancarrota gracias a los "blockbusters" surgidos del germen de A New Hope (1977), sus secuelas y la mercadotecnia que llevaron aparejadas. 
 
Y ahora sí que esta historia se ha terminado.
 
 
 
 
 
 
 
El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

Y además...

45.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..