Scifiworld

The Mandalorian

el  Sábado, 04 April 2020 10:07 Escrito por 

Los ocho capítulos de la primera temporada con algún que otro spoiler.

  • Póster: Póster
  • Titulo Original: The Mandalorian
  • Año: 2019
  • Director: VV. AA.
  • Guión: Jon Favreau.
  • Reparto: Pedro Pascal, Carl Weathers, Rio Hackford, Gina Carano.
  • Duración: 200 min.
Los primeros capítulos de la primera temporada de The Mandalorian, ya están disponibles en la nueva plataforma de Disney para el Estado Español. Una política de servicio un tanto cuestionable ya que la serie al completo ya la hemos podido disfrutar en el stream original estadounidense. 
 
The Mandalorian sigue ampliando el universo expandido de Star Wars y conecta (a pesar del salto temporal) de manera sobresaliente con lo visto en la serie Clone Wars capitaneada por un Dave Filoni que se hace fuerte en el nuevo organigrama de Lucasfilm por su talento y la capacidad de desarrollar historias que recuperan al seguidor más veterano sin renunciar a los nuevos simpatizantes. Ya nos tarda, sinceramente, la continuación de la serie que despertó la esperanza entre todos los seguidores decepcionados por las derivas penosas de la tercera trilogía.
 
La confirmación oficial de la incorporación del añorado Michael Biehn (un actor que la diosa Fortuna no acabó de favorecer al mismo nivel de reconocimiento mediático que a los Dennis Quaid o Harrison Ford, paladines domésticos del ocio familiar) y sobre todo de Rosario Dawson en el rol de Ashoka Tano (las expectativas son elevadísimas para la otrora padawan de Anakin Skywalker), hacen que el próximo mes de octubre -fecha del estreno de la segunda sesión- quede marcado en letras rojas como prioritario.  
 
Favreau y Filoni ofrecen inequívocas referencias al Western y de manera específica al subgénero desarrollado por Sergio Leone. Nos presentan a un mercenario de fortuna (la siempre pulcra pero a veces anquilosada RAE no admite el término "cazarrecompensas") en la piel del no especialmente alto en estatura Pedro Pascal (hay bastanes planos contrapicados para realzar su épica presencia). Mandaloriano con pasado traumático, o eso intuimos, se gana las habichuelas cazando cabezas por un precio justo y con una ética profesional a prueba de sobornos.
 
La reputación de su estirpe le precede y acepta ¿casi? todo tipo de trabajos. Como autónomo curtido en los sinsabores de su profesión tiene sus particulares manías como la de tener cierta repulsión a trabajar con androides (Asimov, ya contara que hubo un tiempo en que de tan útiles que eran, acabaron por relegar a sus creadores en los reconocimientos y gratificaciones, pero esa es otra historia...) o no tener una especial querencia por la presencia de tropas de lo que queda de Imperio -la serie se ambienta cinco años después de los acontecimientos vistos en The Return of the Jedi (1983)- .
 
Guiños a la primera trilogía hay para dar y tomar; humor (el tenderete de pinchos asados del mercado local), el diseño de la tecnología en naves y armas, un trabajo de nota alta en su dirección de arte y una lograda iluminación del nuevo referente en estas lides Greig Fraser, que recordamos con cierto arqueo de ceja vulcaniana por su responsabilidad no tan aplaudida en el Rogue One (2016) de Gareth Edwards. Esperamos con expectación su trabajo para el siempre sobresaliente Denis Villeneuve en la muy aguardada adaptación (y con retraso en sus fechas de postproducción) del Dune de Herbert.
 
Primera gran producción de los mundos creados por Lucas en los que no se advierte ni un sólo acorde reconocible proveniente (directa o indirectamente) de la magistral batuta de John Williams. En el film de Edwards co-escribe la partitura y en Solo: A Star Wars Story (2018), John Powell firma la música pero con una influencia indiscutible con respecto a la obra del propio Williams. En las series de animación, siguen omnipresentes las sintonías ya legendarias para el fandom, con sus variaciones, pero están ahí, bien vivas. En esta ocasión el sueco Ludwig Göransson, con un Oscar ganado por la música del Black Panther (2018) de Ryan Coogler, que no entusiasmó por sus clichés cercanos a los tópicos propios de películas tipo "Tarzán", sube la calidad en una propuesta arriesgada por su asincronía sónica pero que es nueva tendencia oída ya en otras producciones. Aquí la damos, no obstante, por acertada quizás con un protagonismo que no demanda las composiciones de plano, pero que la respetamos como muy de autor.
 
En el segundo capítulo, The Child, Favreau regala su particular homenaje al "hombre sin nombre" que interpretara Eastwood para el Per un Pugno di Dollari (1964) de Leone. Media hora de propuesta que se nos antoja escasa por duración y no tanto por contenido. Se agradece volver a encontrarnos con los jawas y sus desguaces, que sigan con los guiños a la trilogía original (por fin vemos en funcionamiento un desintegrador mandaloriano, aquel que Vader prohibió usar expresamente a Boba Fett para capturar a Solo en el Episode V) y sólo vemos un pelín forzado cómo resuelve el cazarrecompensas su disputa con los jawas.
 
El protagonista, aunque curtido en mil batallas no es ni un tipo especialmente listo ni un excepcional luchador. Se aleja un poco del arquetipo del héroe marveliano casi invencible. Ya lo viéramos antes con la derrota tan absurda y dolorosa (mil años de digestión en el interior del Sarlacc no es ninguna broma) que Boba Fett tuvo a manos del propio Solo en el Episode VI. Y ya no entro en la defectuosa genética que Jango vendió como base para la creación de los clones imperiales (esa puntería...).
 
Filoni cede el asiento de Director al cineasta indie Rick Famuyiwa que mantiene idéntica línea visual y en la Fotografía, Barry Baz Idoine, curtido durante años en los previos peldaños que todo buen cineasta debe pasar en su especialidad, ofrece una iluminación menos elaborada y "cinematográfica" que la de Greig Fraser, pero que encaja sin estridencias.
 
En su momento me advirtieron que los CGI "cantan" en según qué secuencias (sinceramente no lo aprecio) pero sí que la dinámica de movimientos de la nave del protagonista en el espacio no me parece muy lograda a lo que se destila por Lucasfilm desde The Menace Phanton (1999). Ignoro si es otro guiño a esos hilos por los que se deslizaban las cazas en los FX previos a la revolución digital que Lucas se marcó en el 99 para la segunda trilogía o si es más bien un "bueno, vale; déjalo así, que vamos mal de tiempo y tampoco se nota tanto", impropio de la meticulosidad con la que Lucasfilm aborda sus post-producciones. Sarcasmos al margen, lo cierto es que Favreau insistió en la recreación de las naves con maquetas tradicionales y creo que es un acierto total (se rumorea medio en broma, medio en serio, que para poder quedarse posteriormente con ellas como todo buen acólito haría).
 
Y en cuanto al protagonista principal, compro la manera en la que lo presentan y acepto que en ningún momento se quite el casco aunque veo muy forzado que no se le vea el rostro en ningún momento. Vale que quieran emular a otros personajes como el Judge Dredd de Wagner y Ezquerra o héroes que mantienen una doble identidad, aunque este tipo de limitación interpretativa cunde mucho más si te llamas John Hurt y despliegas tu elefantiásico talento para intimismos más adecuados como el dirigido por Lynch en 1980.
 
Cuestiones menores que no emborronan lo visto. ya que mantiene paso firme, la feliz creación de Jon Favreau, cineasta que el tiempo pondrá en un lugar de honor en el Fantástico y que amplifica, desde el respeto absoluto, el canon original de la Saga de las Sagas.
 
Cierto que es una producción marcadamente televisiva en sus tempos narrativos y que el arco argumental no se complica ni lo más mínimo en posibles soluciones más o menos sorprendentes, pero lo que plantean lo llevan con una coherencia que ya quisieran los responsables de la tercera trilogía cinematográfica de Star Wars.
 
Para el tercer envite, dirige la cineasta Deborah Chow curtida en series de género con una impronta estética más elaborada con respecto a las medias en las calidades que la pequeña pantalla suele ofrecer. Ayuda y mucho que el dop vuelva a ser Greig Fraser, profesional que para The Sin retoma la profundidad de campo y los claros oscuros del primer episodio, más acorde con el desarrollo del personaje principal.
 
Un Pascal que como el anti-héroe del Léon (1994) de Besson se gira sobre sus propios talones y "hace lo que tiene que hacer" para asentimiento cómplice del Ethan Edwards del The Searchers (1956) de Ford y otros llaneros solitarios con un código ético por encima del deber profesional.
 
Nos gustaría poder ver más al detalle las investigaciones del doctor Pershing (¿los clonadores del planeta Kamino andan detrás del científico?) y sobre todo quién está a la sombra de ese cliente interpretado por Werner Herzog, que nos lo ofrecen con cuentagotas y que nos sabe a poco.
 
Como John Wick, este mandaloriano sabe bien cómo meterse en problemas pero los resuelve de manera más o menos satisfactoria gracias a todos los gadgets que maneja desde su cuadro de mandos sito en su muñeca, al mejor estilo Predator (señales de calor incluidas).
 
Hay momento para insertar en el arco argumental principal un episodio de los llamados "de relleno" que tras ver la temporada al completo no lo consideramos tal. La sencillez argumental de la serie (no confundir con la simplicidad padecida en la tercera trilogía, ¿estoy un poco pesado con esto, verdad?) tiene una desembocadura triunfal en su episodio terminal (que consideramos empieza en el penúltimo) y que aplaudimos por su perfecto encaje. De hecho, no creíamos necesario una segunda temporada pero al término del visionado de la serie, queremos saber más sobre la suerte del mandaloriano y de su enano compañero.
 
Nos entusiasma el buen gusto a la hora de honrar las gestas de aquellos ronin caidos en desgracia que por un cuenco de arroz son capaces de convertir en guerreros a esos atemorizados campesinos chantajeados por los bandidos de turno, como bien nos regalara el gran Kurosawa en esa obra total de imposible transcripción en 1954. No es una honra original porque de ello ya hemos visto pasajes archiconocidos como la triunfal Bugs (1998) o la popular The Magnificent Seven (1960) por citar las más meritorias pero la pericia de Bryce Dallas Howard -hija de Ron- en la realización nos satisface con creces.
 
Nuestro admirado Dave Filoni se reserva para el quinto capítulo titulado de manera muy folletinesca The Gunslinger -como si de una serie televisiva estadounidense de los 50 se tratara- la dirección y escritura de guión, que nos regala la excusa perfecta para volver a Tatooine, revisitar la ciudad de Mos Eisley y por supuesto, ¡volver a la famosa cantina!.
 
Los tropiezos del mandaloriano y su preciada carga, siguen, hilvanados con una sencillez argumental y con una resolución de conflictos que sinceramente la damos por correcta ya que si a cambio nos regalan estos enclaves de tan grato recuerdo entre el fandom más veterano, ¿qué importa que reformulen secuencias ya vistas en el Episode IV, II o incluso en la película animada Star Wars: The Clone Wars (2008)?.
 
Capítulo que incluso "va por libre" en cuanto a su arco argumental principal y que se me antoja capricho particular y bien ganado por Filoni, que escribe a única pluma la micro-historia disfrutada en esa media hora que nos vuelve a dejar expectantes por ver a quién pertenecen las botas de la última secuencia.
 
Prosigue el mandaloriano en su búsqueda de encargos profesionales para poder mantener los gastos derivados de su oficio con el añadido de su preciada custodia que no le deja ni a sol ni sombra. En The Prisoner, Mando acepta una misión de rescate orquestada por un viejo colaborador de tropelías varias. Junto a un disfuncional grupo de soldados de fortuna, se meterán en un berenjenal en donde, por supuesto, nada sale como se había imaginado nuestro protagonista.
 
Escribe para la ocasión Christopher L. Yost, guionista de cierto mérito que disfrutamos en la serie animada Star wars: Rebels (2014-18), producción por otra parte más que recomendable para el fandom global de la Saga de las Sagas. Seguimos con la simplicidad en los arcos narrativos, aunque empezamos a vislumbrar un mundo previo a estos acontecimientos que a poco que lo sepan desarrollar en la ya confirmada segunda temporada, sospechamos mejorará notablemente el nivel de la principal línea argumental que no es otra que las aventuras del protagonista que interpreta un incalificable Pedro Pascal.
 
Para este sexto capítulo seguimos con la lograda recreación de la tecnología de la Trilogía Original -recordemos que la serie se sitúa cronológicamente cinco-seis años después de la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte- con una mirada triunfal que posamos en esa Razor Crest, chatarra aeroespacial con encantador y vetusto diseño pre-imperial que se suma a esas naves que todo buen coleccionista desea exhibir en su salón doméstico.
 
Yost, para este episodio sigue el paso abierto por Favreau con sus homenajes de respeto al canon oficial pero también se toma la licencia de realizar guiños a filmes como Alien (1979) o al subgénero de habitaciones de escape con psicópata incluido pero con vuelta de tuerca, adornado por la fotografía tópica y bien resuelta de Idoine y las sonoridades de Goransson, sólido en su propuesta aunque no especialmente original.
 
Y pasamos a descifrar el último episodio de la primera temporada que en realidad comienza en el penúltimo, titulado The Reckoning y que eleva la calidad en la trama, iguala la duración del anterior episodio -43 minutos- y nos deja expectantes ante la conclusión de la suerte del nene y sus protectores. Magnífica la aparición de los deathtrooper (estos sí que afinan la puntería) y los refuerzos de los patosos stormtroopers junto a la llegada de Moff Gideon en su particular TIE. Brillante; aunque para solventar el entuerto en el que se encuentran nuestros protagonistas se rechace un desenlace tipo The Wild Bunch (1969) y opten por algo más ocurrente.
 
Y aquí me freno y permitidme que no cuente casi nada del envite terminal. Solo podemos aplaudir de manera entusiasta lo disfrutado en su epílogo que entronca y de qué manera con el Universo Expandido visto en la memorable serie Clone Wars (2008-14 y 2019) y en las películas de la segunda trilogía (1999-2005).
 
La sencillez argumental que comentamos en pasados capítulos, desemboca en una respuesta contundente e incluso insospechada al término del octavo episodio, titulado ampulosamente Redemption.
 
Sin duda es la producción de Star Wars con más violencia explícita; tanto que sugerimos un pase previo a todos esos padres con hijos menores de diez años por si consideran oportuno o no, el disfrute en esta reclusión familiar, de las aventuras del mandaloriano pero no desmerece ni un ápice nuestra viva recomendación de un capricho audiovisual (hasta los títulos de crédito son una pequeña joya) que esperemos no tuerzan los máximos prebostes de la compañía del ratón.
 
This is the way.
El Guerrero Mandingo

Genuflexor Imperial en La Estrella de la Muerte y fagocitador audiovisual inmisericorde.

Y además...

07.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..