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Mr. Robot

el  Jueves, 01 October 2015 16:44 Escrito por 

Serie protagonizada por Rami Malek, que da vida a un personaje atípico en el panorama televisivo estadounidense.

Elliot Alderson se dirige al espectador, dispuesto a ser el narrador de su propia historia. Pero ¿se dirige realmente a la persona que se encuentra al otro lado de la pantalla? No, habla para alguien que no existe más que en su cabeza (¿o quizás es consciente de su cualidad de personaje de ficción y esa esquizofrenia paranoide no es más que la constatación de la irrealidad de todo su mundo?).

Elliot Alderson, consciente de su locura, trabaja en una empresa de ciberseguridad aunque su verdadera vocación es otra: es un hacker. Y uno muy bueno.

Elliot Alderson, brillantemente interpretado por el actor de ascendencia egipcia Rami Malek, es el protagonista de esta innovadora propuesta cuya primera temporada está compuesta por diez episodios y que recibe el título de Mr. Robot.

¿Y quién es ese Mr. Robot? Recomiendo encarecidamente disfrutar de estos diez episodios para averiguarlo, por lo que únicamente diré que se trata de alguien cansado de las normas que rigen una sociedad injusta en el que el ganador (el poderoso) se lo lleva todo.

Desde el inicio nos damos cuenta de que nos encontramos ante una propuesta audiovisual diferente, con un personaje protagonista bastante atípico en la ficción estadounidense (en la que incluso los antihéroes no dejan de ser héroes disfrazados) y, sobre todo, ante una forma de contar las cosas bastante innovadora.

E-Corp, la todopoderosa compañía que parece controlarlo todo (tecnología, activos financieros, seguros…), es llamada por el protagonista Evil-Corp y, desde ese mismo instante, cada vez que uno de los personajes pronuncia su nombre, el espectador lo escucha del mismo modo que Elliot.

Además, tras estallar en gritos frente a su psiquiatra (no realmente, ya que no grita más que en su cabeza) y exclamar ‘Fuck society!’ (‘¡Que le jodan a la sociedad!’) y descubrir un grupo de hackers llamado fsociety, cada vez que alguien pronuncia la palabra que empieza por ‘f’ el espectador la escucha silenciada del mismo modo que sucede cuando se censura y se impide que se escuche entera para evitar herir sensibilidades demasiado sensibles (del mismo modo, en el último episodio, será la palabra ‘mind’ (‘mente’) la que no escuchemos).

Y también hay que mencionar la feroz crítica a las empresas tecnológicas y ciertas redes sociales, enfatizando las ventajas del software libre (desde sistemas operativos hasta antivirus, que se cuelan en el diálogo o aparecen en las pantallas de los ordenadores de los personajes).

A lo largo de la temporada conoceremos a Angela, amiga de la infancia del protagonista, Shaila, su vecina, Gideon, su jefe, Krista, su psiquiatra, y los miembros de fsociety: Darlene, Trenton, Romero, Mobley y el misterioso Mr. Robot (interpretado por Christian Slater); sin olvidar, por supuesto, a Tyrel Wellick y a su embarazada esposa, ni al misterioso White Rose. Pero ¿los conoceremos realmente o simplemente veremos la versión que Elliot interpreta al verlos?

Porque lo interesante de la serie no es ya la premisa de la que parte o la lucha de unos inteligentes hackers por hacer más justa la sociedad eliminando a una corporación diabólica que controla el crédito y la deuda del ochenta por ciento de la población. Ni siquiera los riesgos que deben asumir para llevar a cabo su plan. O aquellos hombres vestidos de negro de los que huyen, sicarios de los hombres que controlan el mundo desde la sombras. Lo más interesante es que, desde el principio, no podemos estar seguros de qué es real y qué está en la mente del protagonista. A pesar de que el espectador puede hacerse una idea bastante acertada de que hay algo (o alguien) que no está bien, que no acaba de encajar en el marco, la forma en la que se produce la revelación (conversación de Elliot con el espectador incluida), así como la escena en la que coge la cámara y la tira al suelo, como queriendo escapar de la mirada indiscreta de aquellos que disfrutamos de la serie desde el otro lado de la pantalla, hacen que el relato sea infinitamente más interesante de lo que ya sería de haber sido narrado de una manera más convencional.

Inolvidable también el capítulo cuarto, desde el momento en el que Elliot debe superar el mono (pues sí, además de rozar la locura, es adicto a la morfina), con unas escenas que parecen salidas de una pesadilla de David Lynch. Destaca especialmente el momento en el que el protagonista llega a la casa de su infancia y, en un poste situado en medio de un solar, lee ‘Error 404 Not Found’.

Y mientras Elliot avanza hacia la consecución de fsociety y el mundo a su alrededor se desmorona, Tyrel, al que podríamos definir como el enemigo visible en esta historia (ya que los verdaderos poderes oscuros permanecen en la sombra) degenera también a través de su propia locura hasta que ambas tramas confluyen en un encuentro que no augura nada bueno.

Rami Malek interpreta magistralmente a un personaje que llora en el silencio de su habitación y que grita pidiendo auxilio en cada una de sus acciones, encaminadas todas ellas a encontrar una salida a la soledad.

Y tampoco hay que olvidar que, en el aspecto visual, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. Por lo que hay que estar atento a los carteles que hay pegados en las paredes, a la publicidad del metro, a los graffitis…

Tal vez lo único que podría eliminarse del magnífico metraje que compone esta serie (y simplemente por señalar un aspecto menos positivo de la misma, que no negativo) es el epílogo final que, sin duda, sirve para reconducir el hilo argumental hacia una posible segunda temporada.

¿Llegará esa continuación a nuestras pantallas? A pesar de lo que se haya dicho, siempre cabe la posibilidad de cambiar de opinión, pues las grandes productoras pueden decidir en el último momento descartar o resucitar un proyecto. En un principio, y debido al gran éxito de audiencia y crítica, una segunda temporada parece más que asegurada. Pero lo importante aquí es que la pregunta que debemos hacernos es: ¿realmente importa? Y sí, por supuesto que una segunda temporada permitiría al espectador volver a disfrutar de ese mundo tan fascinante que, acompañado por la estética de los créditos y por la genial elección de banda sonora (que combina temas clásicos con música electrónica que puede transportarnos al mundo de Tron o llevarnos a estados de desasosiego y/o inquietud), cautiva desde el primer hasta el último plano, pero estos diez episodios pueden verse con total autonomía. El final, en cierto sentido abierto, concluye con la trama principal y, por la propia estructura de la serie, dejar a Elliot en el punto en el que queda cuando la cámara se despide de él es un final redondo, narrativamente hablando. Otorga autonomía a la temporada, convirtiéndola en una historia con principio y fin (deja una incógnita, el paradero de un personaje, pero si no hay continuación el espectador puede comprender perfectamente qué ha pasado con él; y si continúa, también resulta sencillo comprender hacia dónde se dirigirá su trama).

Inteligente e innovadora, si todavía hay alguien que no esté convencido de que puede que Mr. Robot sea la serie del año (y no únicamente de la temporada veraniega), que le dé una oportunidad a los casi sesenta y cinco minutos del primer episodio para comprobarlo. La única pega es que, una vez empezada, no podrá dejarla.

Simplemente genial.

Daniel Ferrera

Licenciado en Comunicación Audiovisual, escritor, ilustrador, periodista, profesor, colabora con Scifiworld desde julio de 2011.

Web o Blog: https://twitter.com/srferrera

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