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Twin Peaks: Episodios 2-18 y 2-19

el  Sábado, 18 December 2010 01:00 Por 

Where is the treasure, that when found, leaves one eternally happy?

2-18 - En alas del amor

Dirección: Duwayne Dunham / Guión: Harley Peyton y Robert Engels

Tras un par de capítulos de espera, por fin la serie vuelve a parecerse a sí misma en este episodio 18, que no sólo se encarga de ir encarando todos los temas que van a llevarla al final de su temporada (y de su vida televisiva también), sino que permite que regrese esa mezcla entre un aire casual y de humor surrealista de sus momentos más relajados y los extraños misterios e investigaciones de sus momentos más paranormales; elementos básicos que eran los que más caracterizaban la primera temporada y la primera parte de esta segunda de la serie. Y no es que no le suponga un gran esfuerzo a sus creativos sacar el capítulo adelante, puesto que no deja de tener ciertos tropezones por todo el metraje, pero aquí sí que claramente los buenos momentos superan con mucho los menos acertados y permiten que el fan de "Twin Peaks" pueda volver a sentirse como en su casa pasando casi una hora en su pueblo preferido.

Para encontrar una explicación a lo distendido de una buena parte de este episodio (no en vano es uno de los que contiene más romance y cortejo de la serie), tendríamos que fijarnos en el regreso de Duwayne Dunham a la dirección de la serie, y también en el de David Lynch interpretando a su entrañable Gordon Cole. Sobre el primero hay que recordar que se trataba del montador habitual de Lynch en esos años, que ya se había encargado de montar muchos de los capítulos más importantes de la serie y que había dirigido el episodio situado entre los dos primeros de Lynch y también el número 11 de esta segunda temporada. En esta ocasión vuelve a demostrar las mejores maneras que ya exhibiera en aquel primer capítulo, consiguiendo que el episodio fluya ligero de principio a fin y con buen ritmo, con su habitual estilo elegante y aquí además bastante elaborado.

Pero es muy probablemente la presencia de Lynch en el set, con su posible implicación en algunos momentos del rodaje, y sobre todo sus seguras conversaciones y cambios de última hora consensuados con su amigo Dunham, lo que hace que "Twin Peaks" vuelva a parecerse mucho a lo que había sido. Si bien no es posible saber a ciencia cierta cuántas fueron sus aportaciones, sí que es posible observar, comparando el guión de rodaje del episodio con el trabajo final, que estamos ante uno de los que más pequeños cambios contiene, especialmente de diálogos añadidos durante el rodaje (en muchos casos probablemente improvisados) y también redoblados en montaje cambiándoles el sentido; algo que hacía tiempo que no sucedía en la serie y que es una de las señales inequívocas del gusto por la improvisación y por los cambios de última hora (casi siempre para mejor) de Mr. Lynch.

Así, tenemos algunas secuencias ejemplares que nos sirven para ver la tendencia de Lynch por la comedia naturalista/surrealista, especialmente el doble romance en el Doble R entre el propio Gordon Cole y Shelly Johnson y el agente Cooper y la recién llegada Annie Blackburn, que sigue dando más pasos para engatusar al agente, consiguiendo aquí incluso que Cooper intente contar un chiste. La escena fluye de manera envidiable, tan pronto atendiendo a necesidades de la trama del capítulo, como la resaca de Truman o el símbolo que ha formado Cooper con la mezcla de los dos que llevaban tatuados Lady Leño y el Mayor Briggs, como dejando a sus personajes respirar, expresarse y enamorarse; es decir, insuflando vida a la serie (incluso incluyendo una de sus rarezas habituales cuando Cole consigue escuchar a Shelly sin que ésta le tenga que gritar).

Lo mismo sucede con la llegada de Cole a la comisaria para otorgar nuevas pistas sobre el pasado de Windom Earle, que sirve también para restituir a Cooper como agente del FBI y por lo tanto hacerle abandonar las camisas de franela tan odiadas por Lynch y devolverlo a su característico y elegante uniforme de traje y corbata. Aquí por un lado nos enteramos que Earle participó en el proyecto Libro Azul relacionado con los OVNIs, en el que también trabajo el Mayor Briggs, y que fingió su enfermedad durante su encierro inyectándose la misma droga que el hombre manco utilizaba para contener al malvado MIKE, y por otro lado las bromas y la camaradería entre Cooper y Cole (entre personajes y actores) son evidentes.

Otro de los mejores momentos del capítulo se da en la conversación entre Benjamin Horne y su hija Audrey, cuando éste decide nombrarla su hombre de confianza (a la manera del que tenía John Kennedy en su hermano Bobby), rompiendo de paso e inadvertidamente sus planes de velada romántica con John Wheeler al enviarla esa misma tarde a Seattle a convencer a una organización ecologista de que se una a su campaña para salvar a la comadreja de la región. El propio Wheeler aparece seguidamente por el despacho y a solas con Ben le confiesa su secreto para ser una buena persona: siempre decir la verdad, y especialmente comenzar por las verdades más duras, concluyendo además comunicándole que está enamorado de su hija. La secuencia funciona perfectamente gracias al gran trabajo y la química de sus actores, pero se añade además un detalle especialmente brillante que no estaba señalado en el guión, al adornar toda la secuencia con los gritos constantes de Johnny Horne, que se encuentra en el exterior del hotel jugando a cazar búfalos de papel con su arco de juguete. Una característica decisión de sonido creativo y extraño made in Lynch.

Y por supuesto tenemos uno de los momentos cumbres del episodio en su último acto, cuando Cooper, Truman, Andy y Hawk bajan a explorar la Cueva de la Lechuza en la que se encuentra grabado en una pared el símbolo que Cooper había dibujado en la cafetería y sobre el que había sido informado por Annie de su parecido con el que se encontraba allí. La imagen representa varios rombos unidos atravesando una silueta muy parecida a la característica de las montañas de Twin Peaks. Cuando Andy trata de espantar a una lechuza que sobrevuela la cueva con su pico, termina incrustándolo en uno de los rombos y haciendo que aparezca una extraña barra con otro símbolo en ella. En ese punto, inexplicablemente el equipo decide abandonar la cueva en un torpe recurso de guionista para permitir que horas más tarde Windom Earle también descubra los extraños símbolos y haga girar la barra, para hacer que coincidan su dibujo con otro que se encuentra en la pared opuesta de la cueva, momento en que termina el episodio con la impresión de que el lugar se viene abajo. Una vez más es fácil comprobar aquí lo mucho que han bebido series contemporáneas como "Perdidos" de la rompedora modernidad para el medio televisivo que trajo consigo esta serie.

Desgraciadamente el recurso fácil de guión (y sin mucho sentido lógico) al que acabo de referirme vuelve a hacer su aparición en otro momento importante del episodio: el arranque; en el que se resuelve de manera muy sugerente pero muy poco lógica el intento de asesinato de Truman por Jones, la cual en vez de tratar de ahogarlo mientras duerme, se acuesta con él en la cama, se coloca encima suyo para que éste crea ver a la fallecida Josie y ya entonces trata de ahogarlo. La situación permite darle algo de gracia al arranque del episodio y justificar el final misterioso del anterior, pero no deja de resultar excesivamente simplona e incoherente desde el punto de vista de la escritura.

El resto del capítulo, sin llegar a brillar a una gran altura, sí que funciona bien dentro de la relajación en los personajes y las tramas que distingue esta entrega, incluyendo una reunión informal en el bar del hotel entre Cooper y Annie, en la que ésta le cuenta que las cicatrices que Cooper ha descubierto en sus brazos son consecuencias de fallos que tuvo en el pasado y que teme que se puedan repetir, algo a lo que Cooper promete ayudar para que no suceda. También continúa la amenaza de Windom Earle, ahora concretándose en su deseo de asesinar ante los ojos de Cooper a la mujer que resulte ganadora del concurso de Miss Twin Peaks y teniendo un nuevo encuentro con Audrey, en este caso en la biblioteca, en dónde haciéndose pasar por un profesor de poesía le identifica el poema que ha recibido (del propio Earle) como "La filosofía del amor" de P. B. Shelley.

Por último, y dentro también de este aire romántico (aunque en este caso parezca tratarse de un amor ya finalizado... ¿o no?), continúa desarrollándose la nueva trama introducida en el episodio anterior de lo que parece haber sido una aventura que tuvieron en el pasado Eilleen Hayward (la madre de Donna) y Benjamin Horne, y en la que se intuye que podría haber habido una descendencia ocultada a los ojos de la sociedad.

Con este apunte turbio concluye este comentario de un episodio dulce y gustoso, como aquellos de los mejores momentos del show, que presenta una digna despedida de la serie para quien había sido uno de sus más importantes realizadores.

 

2-19 - Cambios en las relaciones

Dirección: Jonathan Sanger / Guión: Mark Frost y Harley Peyton

Pese a que este episodio 19 baje un poco el nivel respecto al anterior (por culpa básicamente de tratarse de un capítulo de transición), sigue ofreciendo buenos momentos y una continuación del tono romántico iniciado por aquel, aunque aquí afloren ya también los matices oscuros. Se trata una vez más de una entrega en la que contamos con un director invitado no demasiado brillante en su labor tras las cámaras, aunque sí muy correcto. En realidad la carrera de Jonathan Sanger destaca más en el campo de la producción, siendo en esta función como se encontró con Lynch por primera vez, como productor una década antes de "El Hombre elefante" para la productora de Mel Brooks.

En este caso la presencia del propio David Lynch en el set se deja notar menos en el resultado final del episodio (probablemente porque sólo protagoniza una corta secuencia que no debió suponer mucho tiempo de rodaje), aunque su despedida del pueblo (y de la serie), en la que aprovecha para regalarse una escena en la que puede besar en dos ocasiones a la guapísima Shelly Johnson delante de los ojos de un alucinado Bobby Briggs, sea de las más divertidas y recordadas del capítulo. Un final de tono ligero que muy poco tendrá que ver con su regreso tras las cámaras tres episodios más tarde para el capítulo final.

Ese tono ligero se mantiene en buena parte del capítulo, sobre todo porque aquí da arranque definitivamente el concurso para elegir a Miss Twin Peaks que centrará buena parte de los acontecimientos de la serie en esta recta final y en dónde ya en este capítulo podemos ver las claras evidencias de irregularidades entre los jueces del concurso que se dan; comenzando por el alcalde Dwayne Milford que se ve presionado por su bella y joven esposa Lana para que convenza a los otros jueces de que ella ha de ser la ganadora. Ambos personajes habían permanecido desaparecidos desde el capítulo 14 de esta temporada, pero ahora permanecerán con nosotros unidos a esta trama hasta casi el final de la serie.

Pero no son éstos los únicos personajes que regresan, pues siguiendo con el concurso de Miss Twin Peaks, Bobby Briggs también se vuelve a dejar ver por aquí tras unos cuantos episodios desaparecido. En este caso su objetivo es aprovecharse de la belleza de su novia Shelly para obligarla a presentarse al concurso y esperar así dar comienzo a una carrera que le lleve a hacerse rico. También se presentará al concurso Donna, como despecho por las mentiras que siguen manteniendo sus progenitores respecto a la relación de su madre con Benjamin Horne y buscando aprovecharse de la beca de estudios que concede el concurso para marchar al extranjero. Aunque sin duda la candidata más imposible al premio será Nadine Hurley, cuyas cualidades sexuales proporcionadas por su fuerza sobrehumana y confesadas en secreto por un encantado Mike Nelson, dejan alucinado a Bobby Briggs.

Benajmin Horne por su parte sigue intentando fortalecer su campaña ecologista por diferentes frentes. Por un lado tratando de conseguir la implicación de los jueces del concurso en su cruzada (algo en lo que Pete ve unos claros intereses encubiertos por hundir a Catherine) y por el otro organizando nuevos actos de recaudación de fondos de manos de Dick Tremayne, quién tras su bochornosa actuación en el anterior desfile de moda, se ocupa ahora de una sesión de cata de vinos, que sirve para introducir una nueva secuencia cómica entre Lucy, Andy, Lana y él, que si bien no resulta de una vergüenza ajena semejante al mencionado desfile (y hasta pueda resultar moderadamente divertida), sigue sin encontrar su encaje en una serie como "Twin Peaks", cuyo tipo de humor se aleja muchísimo del estándar de telecomedia del montón que proporciona este momento.

Mejor le va al desarrollo de la relación romántica entre Cooper y Annie, que avanza un paso más cuando éste le pide una cita para esa misma tarde. El paseo en bote por el lago de ambos es una de las secuencias mejor escritas del episodio, en la cual vuelve a tratarse el tema del miedo y la manera de afrontarlo. Annie le confiesa a Cooper que se ocultó en el convento huyendo de un desengaño amoroso y que tanto su estancia en reclusión como su intento de cortarse las venas fu ron intentos de huir de sus miedos, pero que esconderse no hace que los miedos desaparezcan. Cooper le vuelve a ofrecer su ayuda y finalmente se besan bajo la atenta mirada oculta de Windom Earle. Este tema del miedo y su manera de vencerlo es una constante de fondo de toda esta segunda temporada, que continuará en el punto de atención de sus creadores hasta el final de la serie.

En cuanto a Earle, avanza un paso más en su presión sobre Cooper. Primero porque éste descubre el poema que Windom ha enviado a sus tres reinas, Donna, Shelly y Audrey, y que el agente conoce a la perfección, pues se trata del mismo que el propio Cooper había enviado en una ocasión a Caroline, la mujer de Windom Earle con la que Coop tuvo una aventura por la cual Earle busca ahora venganza. Pero sobre todo porque su juego de ajedrez pasa a cobrarse una nueva víctima mortal en la forma de un joven heavy (así figura al menos en los créditos) que Earle invita a su cabaña y al que acaba encerrando en una escultura con forma de peón negro y asesinando de un flechazo al corazón. La escultura es enviada finalmente en una caja gigante al agente, quién descubre su contenido al final del episodio.

Toda esta subtrama del heavy no funciona demasiado bien, sobre todo por lo excesivamente caricaturesco del personaje y porque su muerte (resuelta con un plano muy simplón en el que lo vemos echando sangre por la boca) ya se nos adelanta mediado el capítulo, por lo que el descubrimiento al final de su cadáver resulta tremendamente anticlimático. No obstante, alrededor de esta trama sí que se sitúan algunos de los mejores aciertos de esta entrega.

Por un lado, la reflexión que el propio Earle comparte con el joven sobre la gran pregunta que atormenta a los hombres de qué ocurre con el alma humana al llegar la muerte, que nuevamente vuelve a mostrar la gran calidad de los diálogos de este episodio (algo a lo que no parece ajeno el hecho de contar con Mark Frost ocupándose una vez más de la escritura, junto a la presencia constante de Harley Peyton). Por el otro, la secuencia final de descubrimiento del peón, si bien como ya he dicho se encuentra falta de tensión, sí que nos permite volver a encontrarnos con la mejor cara del personaje de Cooper, quien vuelve a actuar con decisión e ingenio ante la posible trampa que Earle podría haberle plantado y se inventa un sistema para abrir la gran caja de madera desde la distancia, refugiando a  todo el grupo de policías de una posible bomba o trampa.

Sin embargo, no cabe duda que el interés principal del capítulo pasa por los nuevos pasos que se van dando respecto al misterio más importante de esta temporada, que poco a poco va articulándose al irse juntando y relacionando todos sus cabos. Se trata del inquietante tema de las logias con el que parece estar relacionado de alguna forma tanto el petroglifo que ha aparecido en una pared de la Cueva de la Lechuza tras la manipulación del engranaje que lo protegía por parte de Windom Earle al final del capítulo anterior, como las investigaciones del mayor Briggs para el proyecto Libro Azul y muchos de las imágenes simbólicas que han ido apareciendo constantemente a lo largo de la serie.

Al poco de comenzar el capítulo, Windom Earle explica en forma de cuento a Leo, al joven heavy y al espectador la información que posee sobre las logias (en otra muestra de estupendos diálogos), siendo su descripción de la logia blanca y su opuesta la logia negra perfectamente compatible con la leyenda india que Hawk le explicaba a Cooper en el capítulo 11. También nos informa de su predecible preferencia por la negra y de su intención de encontrarla y conseguir el enorme poder que sus malignos espíritus pueden proporcionarle. Para ello vemos que está utilizando un ordenador con el que intenta descifrar el dibujo de la cueva.

Paralelamente Cooper ordena a Andy que redibuje en una pizarra de la estación del sheriff el petroglifo, buscando también él resolver sus misterios. El mayor Briggs promete otorgarle la información secreta que necesita para su investigación tras tener una visión en la que ve a unos seres encapuchados y vestidos como monjes y tras confirmar también que ha visto antes ese dibujo, aunque no tenga claro si en la realidad o en un sueño. Además, un nuevo objeto parece sumarse a este misterio, pues reaparece también en este capítulo Catherine y la caja negra que Eckhardt le dejara por manos de Jones hace un par de episodios, y que resulta contener en su interior una nueva cajita sobre la que están inscritas las fases lunares y otros extraños símbolos.

Nuevas pistas por tanto que nos van acercando poco a poco al brutal desenlace que va a tener la serie.

Y además...

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