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Twin Peaks: Episodios 2-5 y 2-6

el  Miércoles, 16 December 2009 01:00 Por 

He is Bob, eager for fun. He wears a smile, everybody run!

 

2-5 - La maldición de Orchid

Dirección: Graeme Clifford / Guión: Barry Pullman

Con el quinto episodio de la segunda temporada debuta un nuevo guionista, Barry Pullman, que a diferencia de Jerry Stahl (también debutante y coautor del episodio anterior), escribiría aún tres capítulos más en esta temporada, lo que demuestra la confianza depositada en él por los responsables de la serie. Pullman enseña aquí todo su buen oficio con un texto bien estructurado (planta las semillas de situaciones futuras con elegancia y sin trampas y lleva muy bien el ritmo y la interconexión entre todas las tramas), muy fiel al espíritu de la serie y que regala además diálogos muy conseguidos para todos los personajes. Y eso que este debut no era precisamente fácil, ya que en este episodio se producía la resolución (o casi) de varias tramas importantes.

Aunque como ocurre casi siempre en la serie, el protagonismo del episodio es coral, aquí volvemos a disponer de dos tramas fuertes, siendo la  principal la que vuelve a tener de protagonistas al agente Cooper y al sheriff Truman y la otra la que corresponde a la puesta en marcha del plan de Donna para hacerse con el diario de Laura que tiene Harold.

Empezando por esta última, podemos presenciar el que sin duda es el gran momento del capítulo cuando tras llegar Donna a un acuerdo con Harold para que le lea el diario de Laura con la condición de que ella le cuente cosas de su vida para su novela, y tras un intento cruel por medir los límites de la enfermedad de Harold, que hace que éste termine en el suelo inconsciente tras dar un paso en el exterior de la casa (1), Donna pasa a relatarle la primera vivencia del trato: una historia cargada de erotismo y sentimiento en la que cuenta la experiencia que ella y Laura tuvieron cuando tenían unos 13 años con un grupo de chicos mayores con los que tontearon en el bosque, llegando a bañarse desnudas con ellos. Este episodio es relatado con muchos más detalles y ahondando en la parte más sexual en el propio diario secreto de Laura que se acababa de publicar, lo que da lugar a un pequeño momento mágico para todo aquel que lo haya leído, al comprobar cómo las distintas fuentes de información del universo Peaks se van entrelazando para dar lugar a la imagen final de lo que está ocurriendo realmente en el pueblo.

Además, esto resulta aún más emocionante por un pequeño detalle de la dirección de actores: cuando Donna empieza a contar los primeros datos de la historia, Harold, que ha leído el diario, la reconoce inmediatamente y reacciona sorprendido y expectante por escuchar un relato que sabe que va a ser muy íntimo, con el que Donna se abre de par en par a él. Pero es que también en ese momento Graeme Clifford demuestra tener una excelente mano, tanto en la dirección de los actores (Lara Flynn Boyle está vulnerable y arrebatada al mismo tiempo, mientras Lenny von Dohlen sabe sacar toda la dificultad para comunicarse con sus semejantes de su personaje, con leves gestos y sutiles miradas de gran actor), como en conseguir la sensibilidad adecuada para la escena. Prácticamente sólo los episodios dirigidos por Lynch habían mostrado otros momentos de sensibilidad a flor de piel en un instante mágico con el tono y la atmósfera tan conseguidos.

Como ya he dicho, la otra gran trama del capítulo es la que protagonizan el agente Cooper y el Sheriff Truman en su intento fructífero de rescatar a Audrey, que nos permite contemplar uno de los escasos momentos de acción que aparecerán por la serie y que incluye el asesinato de Blackie a manos de Jean Renault y la captura posterior de Hank Jennings por el propio Renault. Aunque como esto no deja de ser "Twin Peaks", también en los momentos previos al asalto hay lugar para un instante "paranormal", cuando Cooper es sobresaltado por el ulular de una lechuza que le observa, lo que le lleva a recordar la advertencia del gigante de las lechuzas no son lo que parecen (recordemos que en anteriores episodios, otros personajes se habían referido a estos animales y que también habían tenido otras breves apariciones similares a ésta).

Pero Cooper y Truman han tenido también otra secuencia importante en este episodio, sucedida como coda de una vista preliminar sobre el caso de Leo Johnson que el juez Sternwood está llevando a cabo y en la que se decide que no se le juzgará debido a su estado vegetativo y que la custodia pasará a manos de su mujer. Se trata de un aparte que el juez tiene con ambos personajes en mitad del juicio. Al sheriff le interroga sobre el estado de ánimo de la población para que le ayude a tomar su decisión sobre qué hacer con Leo, y a Cooper le advierte sobre los bosques que rodean Twin Peaks y las cosas extrañas que guardan. Esta pequeña escena nos vuelve a aportar una visión del juez como alguien muy ligado al lugar y muy consciente de las distintas energías que se manifiestan en esos parajes, lo que lo encuadra en la misma categoría que otros personajes especialmente sensibles como Hawk o Lady leño.

Además el capítulo vuelve a contener generosas dosis de humor, nuevamente centradas casi por completo en los personajes de Andy y Lucy. Incluyendo la buena noticia de los resultados del test de fertilidad de primero, con la impagable explicación de que ya no son tres los que van a pescar, sino un pueblo entero. Pero quizás el momento de humor más marciano y más propio de la serie corresponda a Bobby y Shelly y al calentón que tienen mientras el señor Pinkle, que ha venido a enseñarles un dispositivo para transportar el cuerpo de Leo de su silla de ruedas a la cama, se queda atrapado en el invento dándose golpes contra la pared.

 

(1) Ese momento contiene un detalle que parece presagiar algo que sucederá mucho más tarde en la serie. A Harold, cuando sale de la casa, le empieza a temblar el brazo momentos antes de caer al suelo. Si a esto le añadimos, que inicialmente la secuencia iba a incluir un diálogo del propio Harold en el que decía que se había acercado demasiado, podemos deducir que los guionistas tenían previsto darle más relevancia al papel de Harold, algo que nunca llegó a fructificar. Pese a todo, es destacable este momento para saber hasta qué punto muchos detalles atípicos de la serie estaban previstos, en su esencia, con más antelación de la que muchos espectadores se imaginan.

 

2-6 - Demonios

Dirección: Lesli Linka Glatter / Guión: Robert Engels y Harley Peyton

Llegados al episodio sexto nos encontramos a un solo paso de la gran sacudida, pero sólo el final del capítulo parece adelantar que algo grande se avecina. Curiosamente esa última secuencia, en la que por primera vez uno de los personajes sobrenaturales de la serie interactúa con el reparto humano (si exceptuamos el sueño de Cooper del 2º capítulo de la primera temporada), ha sido lo más recordado por los aficionados de este capítulo y lo que le ha otorgado el carácter que atesora de imprescindible. Y es cierto que el episodio tiene varios elementos argumentales que justifican esa catalogación, pero para ser un capítulo tan importante sobre el papel, la forma de trasladar esas ideas en imágenes flaquea en algunos momentos inesperados.

Vamos a destacar dos de ellos. Nada más arrancar el episodio nos encontramos con la conclusión momentánea del clímax que había quedado colgado en el capítulo anterior. Harold Smith, medio enloquecido tras haber descubierto el engaño de los sentimientos de Donna, se enfrenta a ella y a Maddy, pero éstas son sacadas de la casa en el último momento por la aparición de James, aunque no consiguen llevarse consigo el diario. Posteriormente, el grito agónico de Harold debería helar la sangre del espectador, pero a diferencia de otros momentos similares de la serie, en este caso se queda lejos de alcanzar emocionalmente a la audiencia. La rapidez algo precipitada con que concluye una secuencia tan importante no parece la más indicada para hacer que ésta cale, más si tenemos en cuenta que la pausa en la emoción provocada por el cambio de episodio no le beneficia en absoluto.

Mucho más grave es la secuencia de la despedida de Maddy a James con la que se abre el tercer acto. Momento decisivo, magníficamente escrito, pero dónde los actores están especialmente mal dirigidos: rígidos, fríos y recitativos, lo que añadido al sobreuso de la música (mezclada además en un primer término realmente molesto), hace que la secuencia naufrague emocionalmente, pese a tratarse del momento en que se está cerrando (quizás demasiado pronto) el gran triángulo amoroso que se ha desarrollado en los últimos capítulos.

Afortunadamente, el resto de situaciones están mucho mejor llevadas. Tenemos momentos magníficos entre el humor y el desasosiego, como todos los referentes a las burlas de Bobby y Shelly sobre el quizás no tan catatónico estado de Leo. Y de hecho, el que Leo, pese a su mutismo, no parezca tan ido como se le suponía, lo hace incluso más amenazante que lo que era en la primera temporada, lo que hay que calificar de gran acierto por parte de los guionistas en la evolución del personaje.

Otra trama que parece alcanzar un final, que incluso amenaza con la desaparición de la serie del personaje de Josie (uno de los más carismáticos), es el fin de la relación de ésta con Truman, obligada por las presiones del asiático Jonathan, que tras abusar sexualmente de ella le impone el abandono de Twin Peaks si no quiere ver asesinado a su amante.

En cuanto a Cooper, una vez más vuelve a ocupar el principal protagonismo del capítulo, acompañado del polifacético Benjamin Horne. Ambos comparten incluso una buena parte del episodio con la conclusión del rescate de Audrey. Esta línea argumental también da lugar a otros de los mejores momentos del capítulo, especialmente con el diálogo de sobreentendidos entre Audrey y su padre supervisado por un analítico Cooper, y con la secuencia que comparten Coop y Ben, cuando el primero le devuelve el dinero del rescate y le informa de lo sucedido en la operación. Las evidentes máscaras con que ambos personajes se desenvuelven en esta escena, en roles contrarios a sus deseos, la hace realmente incomoda y por tanto muy conseguida.

Otro elemento inolvidable es la primera aparición corpórea (pudimos escucharlo por el teléfono en el capítulo quinto de la primera temporada) del superior de Cooper, Gordon Cole, encarnado sorprendente del propio David Lynch, que si bien había filtreado en alguna otra ocasión con la interpretación, crea aquí el que sin duda ha pasado a ser su personaje más recordado y del que él mismo se encuentra más satisfecho. Aquejado de una sordera extrema que le hace hablar a gritos y confundir algunas de las cosas que le dicen (lo que hay que admitir que a veces da lugar a algunos chistes un tanto facilones), Gordon se reserva la exposición en el episodio de una gran cantidad de información nueva sobre el asesinato de Laura Palmer.

También revela dos detalles importantes para el desarrollo posterior de la serie: su preocupación por cómo está llevando Cooper el caso de Laura, pues le recuerda a los acontecimientos (aún sin revelar) que le sucedieron en Pittsburgh, dónde también fue herido (acontecimientos que no sólo se irán explicando en la serie, sino que se detallan con profusión en el libro "La autobiografía del agente del FBI Dale Cooper: Mi vida, mis cintas"), y también le entrega una nota, enviada por Windom Earle, en la que éste le propone su movimiento de apertura para una partida de ajedrez.

Pero es el último acto el que está más repleto de grandes momentos, siendo uno de los principales protagonistas de éste Leland Palmer. Desde su aparición en el despacho de Benjamin dispuesto a regresar a pleno rendimiento a su antiguo puesto de trabajo, con el detalle de que arranque y se guarde un puñado de pelo de un animal disecado, que nos sigue recordando que no todo está curado en su cabeza, hasta su regreso a la interpretación musical cantando Getting to know you (llegar a conocerte), del musical "El rey y yo", en el salón del hotel junto a un nuevamente desesperado Ben que trata de impedírselo sin éxito.

En ese mismo salón tiene lugar también un momento de fina comedia (y de magníficas interpretaciones) entre el señor Tojamura y Pete Martel, en el que ambos descubren que no tienen muchas cosas en común, empezando por la canción del propio Leland que no es del gusto del japonés, pues considera toda adherencia a la fantasía problemática y poco razonable.

Y como ya adelanté en el primer párrafo, el momento imprescindible del capítulo se da en la conversación de Cooper, Truman y Cole con MIKE (quien se aparece por fin al privar de sus drogas al hombre manco), en la que nos revela que él es un familiar de BOB, pero que está dispuesto a detenerlo, y explica que éste es una especie de parásito que necesita de un cuerpo humano para nutrirse de sus miedos y de sus placeres, al que muy pocos pueden llegar ver, tan sólo los dotados de una habilidad especial y los condenados. Finalmente, concluye con la revelación de que BOB lleva casi 40 años viviendo en Twin Peaks y que en esos momentos está en el Gran Hotel del Norte (lo que acaba por concretar la pista del gigante el hombre sin química te lo dirá).

Es justo reconocer que un capítulo de la importancia preparatoria que acaba teniendo éste, y que incluye además algunas secuencias tan inolvidables, hubiera merecido un mayor estado de gracia de su directora para alcanzar la grandeza que en realidad le correspondería, pero afortunadamente sigue conteniendo suficientes momentos en que Linka Glatter se encuentra realmente inspirada, lo que sumado al propio peso del gran trabajo llevado a cabo por los guionistas, logra que la serie siga rallando a gran altura.

Y además...

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